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jueves, 2 de mayo de 2013

Des de l'avinguda de la Unió Soviètica, als magatzems "La isla de Cuba"

Cristina Escrivà Moscardó 
Editorial: L'Eixam Edicions
Col·lecció: Producció pròpia
Pàgines: 80
Preu: 8.00€
ISBN: 9788415180173 

Las calles que hoy podemos recorrer por el centro de nuestra ciudad, son los mismos que transitaron la buena gente republicana. 

Proponemos un paseo desde la avenida de la Unión Soviética a la plaza de la Región valenciana, donde se encontraban los antiguos almacenes de "La Isla de Cuba". 

Testimonios orales nos recuerdan que la calle de la Paz era la más larga del mundo... porque acababa a la Isla de Cuba.

sábado, 16 de junio de 2012

Los españoles del Ejército Rojo

Enrique Líster rodeado de cuatro combatientes gallegos del Ejército Soviético;
 de izquierda a derecha, M. Fernández Soto, S. Aparicio, V. Fernández y D. Sánchez


El Día 23 de Febrero de 1918, la Guardia Roja, compuesta de campesinos, obreros y soldados, derrotó a fuerzas muy superiores compuestas por tropas contrarrevolucionarias de oficiales y burgueses. Ese día nació el Ejército Rojo: la herramienta de defensa de la Revolución de Octubre. Si bien al principio se nutrió de las milicias de obreros de las fábricas de Leningrado y Moscú, poco a poco se fueron agregando los soldados que volvían del frente desmovilizados, los campesinos que querían la tierra nacionalizada para que no volviera a los terratenientes, en suma, mujeres y hombres cuyo ejemplo los hizo inmortales para todas las generaciones que desean una sociedad en libertad, el Comunismo.

En este artículo, vamos a exponer el ejemplo de los españoles para quienes la Unión Soviética fue su casa de acogida cuando huían de la barbarie fascista.

El sentimiento de la mayoría de la población soviética por los españoles fue de manifiesta solidaridad y entrega por la lucha de la República. Durante los tres años de guerra contra los militares golpistas, se siguieron los avances y retrocesos de las fuerzas del Frente Popular en las diferentes ciudades soviéticas. Gracias a ese interés, se avivaron las asociaciones de amistad hispano-soviéticas y se divulgó extraordinariamente la historia progresista de España y su relación con los pueblos soviéticos. En las escuelas, se impartían clases sobre acontecimientos como la Constitución liberal de 1812, la lucha como la suya contra Napoleón, el triunfo de la sublevación liberal de Riego en 1820 (comentada por Marx) y su influencia en los círculos revolucionarios como serían más tarde los “Decembristas”, las aproximaciones que desde entonces realizaron a la cultura española escritores y artistas como Pushkin, las sublevaciones campesinas de 1848, las huelgas de 1909 y 1917, y así hasta la sublevación militar. Todo este bagaje cultural (historia, canciones, poesías, relatos populares) favoreció un interés especial por la suerte del pueblo español, un cariño sincero hacia los españoles que fueron evacuados a la URSS tras la derrota.

Alrededor de 3.000 niños y niñas fueron alojados en colonias situadas en Moscú, Leningrado, Odessa, Jarkov, Saratov, Eupatoria, Kaluga, Unískaia, y Kiev. Las colonias de los alrededores de Moscú se llamaban Pravda, Tarasovskaia, Pedagoskaia y Omniskoie. La enseñanza se hacía en castellano y gradualmente en ruso, para que no perdieran el contacto con su idioma a fin de volver a la península cuando hubiera un régimen libre. Los educadores eran sobre todo profesores españoles exiliados de los Cuerpos Milicianos de Cultura que se alternaban con educadores soviéticos.

El resto de exiliados (alrededor de 3.000) se integraron sin muchas complicaciones en la sociedad soviética, como su segundo hogar. Los comunistas que llegaron entraron a trabajar en las principales fábricas de Moscú, Leningrado, Jarkov, Kiev, etc. Fueron nombrados obreros de choque por la calidad y cantidad de su producción. Muchos de ellos obtuvieron el título de “stajanovistas” por sus logros en la emulación del trabajo. Para ellos era una vida muy plena y creadora. Las fábricas soviéticas eran verdaderas universidades de relaciones humanas y de conocimientos. Forjándose en el espíritu soviético del trabajo creativo, aprendieron oficios y participaron como camaradas en la construcción del socialismo.

Un caso particular fue el de los marinos y aviadores. Después de terminar la guerra en España, nueve buques republicanos se encontraban en puertos soviéticos. Eran buques principalmente mercantes, con 100 marinos aproximadamente, que fueron autorizados a volver a España si lo deseaban. Así ocurrió con unos cuantos, en el Otoño de 1939, vía Turquía. Pero la mayoría no volvió, se quedó en la marina soviética mercante y de guerra, y un pequeño número ingresó en la Infantería de Marina.

En cuanto a los pilotos, 200 jóvenes estaban en la escuela de Kirovabad, en la república socialista soviética de Azerbaiyán, cuando terminó la guerra de España. Muchos piden que sus conocimientos se apliquen en la lucha de los comunistas chinos de Mao Tse-Tung contra las fuerzas japonesas, y, de no ser posible, piden integrarse en la Fuerza Aérea Soviética. Pero todos son reintegrados a la vida civil. Por aquella fecha los conocimientos de todos los españoles eran más importantes en las instituciones y fábricas, para la construcción del socialismo.

Todo cambió aquel 21 de Junio de 1941. El imperialismo alemán quería aplastar a los soviets, con la connivencia de los “aliados capitalistas”, quienes quedaron impasibles ante la invasión nazi. Contaban con una fácil victoria hitleriana. Pero ese idealismo burgués –que no cuenta con los seres humanos porque solamente los concibe como un instrumento de los poderosos- infravaloró la capacidad del pueblo trabajador soviético. Desde el primer día, la unidad del ejército, de las milicias, de las mujeres, de los habitantes de los territorios ocupados se convirtió en un plan único de batalla. El Partido Comunista Bolchevique, desde el principio de la guerra, movilizó a toda la población a fin de que sufriera lo menos posible, trasladándola, junto con los enseres y fábricas, hacia la retaguardia. Con aquellos millones de desplazados iban los españoles, y, si bien al principio sus peticiones de ingresar en el Ejército Rojo fueron desoídas, poco a poco la mayoría sí logró su integración.

Especialmente importante fue el papel de los que ingresaron en los destacamentos guerrilleros. De acuerdo con un muy meditado plan de abrir a las fuerzas nazis nuevos frentes de combate en su retaguardia, en cada república soviética se constituyeron pequeñas, medianas y grandes agrupaciones que, junto a la población civil sometida, tenían la misión de contribuir a la mayor destrucción posible de material de guerra, de efectuar la exploración y envío al Consejo de Defensa Central de todas las informaciones sobre el enemigo, de llevar a cabo el exterminio de la mayor cantidad de fascistas posible y de procurar la elevación moral y toda la ayuda material posible a la población de los territorios ocupados por los nazis.

Tras esas líneas, se enviaron los míticos “paracaidistas rojos” que han quedado en la historia como un ejemplo increíble de abnegación, compromiso social y testimonio de que la guerra de una sociedad socialista contra el enemigo que quiere destruirla la realiza todo el pueblo. Para ello, la clase obrera envió su vanguardia, su herramienta de combate, su Partido Comunista, y, en particular, envío a sus mejores y más esforzados combatientes tras las líneas enemigas.

La mayoría de estos conscientes militantes y comunistas sabía que posiblemente no regresaría, pues tendrían que luchar contra fuerzas muy superiores en número y armamento, pero por su conciencia y compromiso con el proletariado se lanzaban a estas difíciles misiones. Entre ellos, se encontraban un número muy importante de exiliados españoles, con un conocimiento militar importante adquirido del 36 al 39, junto con una metódica preparación de dos a tres meses en escuelas especiales de adiestramiento guerrillero. La mayoría de ellos eran miembros del Partido Comunista de España. Más que las palabras, son los hechos los que avalan la importancia de su participación en el Ejército Rojo.

Modesta contribución hacia la victoria sobre el nazifascismo
Aún hoy no se sabe cuantos participaron, pero sí aproximadamente cuantos cayeron: 204, según Enrique Líster. Su participación fue contundente. Estuvieron en los frentes de Leningrado, Moscú, Frentes Internos de Bielorrusia y Ucrania, Frentes del Cáucaso y el Kubán, Frente Polaco, Frente Checo y Toma de Berlín. Encuadrados en las Divisiones de los Ejércitos de Operaciones del Ejército Rojo, Ejércitos de la Guardia y Ejércitos de Choque, además de las fuerzas de Designación Especial enviadas a territorios ocupados.

Setecientos veinte españoles fueron condecorados con diferentes órdenes militares a su valor: desde la Bandera Roja hasta órdenes por la liberación de ciudades. Tres con la Orden de Lenin: Fco. Gullón, Jose Mª. Pascual y Caritat Mercader. Uno con la de Héroe de la Unión Soviética a título póstumo: Rubén Ruiz Ibarruri.

Consignar su aportación requeriría varios libros. Pero sí daremos varios ejemplos:

* Había 15 españoles en uno de los destacamentos de paracaidistas más combativos, que operaba alrededor del Cuartel General de Hitler en el Frente (Zona de Vinistsia), y cerca de la Capital de los Territorios ocupados (Reichkomisariat): el destacamento de Guerrilleros Rojos del comandante Dimitri Mvediev. Sus acciones fueron de relevancia especial. En él, actuó el célebre guerrillero Nicolai Ivánovitch Kuznetsov, Héroe de la Unión Soviética, ejecutor de los criminales nazís de la “capital nazi de Ucrania” Rovno, liquidando a los principales jerarcas bajo las órdenes del gobernador. Diversos exploradores, asimismo, ejecutaron a los principales jerarcas nacionalistas ucranianos, además de extender entre los ocupantes una intranquilidad y un pánico que llevaron a los habitantes de los territorios soviéticos sometidos a un grado de lucha increíble. Además, aniquilaron a una de las unidades de la Gestapo más siniestra, los “destacamentos de la Muerte” del General Pipper, cuyos métodos eran incendiar las aldeas con sus habitantes dentro de las casas.

Los datos registrados de destrucción causada a las fuerzas nazis solamente por las Brigadas Paracaidistas de Designación Especial (OMSBON) parecen de ciencia-ficción, si no fuera porque están muy consignados por las propias Fuerzas Armadas Soviéticas: desde 1941 hasta la finalización de la guerra, causaron al enemigo 137.000 bajas entre soldados y oficiales; descarrilaron 1.145 convoyes militares y 5 trenes blindados; destruyeron 1.232 locomotoras, 13.180 vagones y plataformas rodadas, 2.177 camiones militares, tractores, motocicletas; volaron 148 kilómetros de vías férreas, 335 puentes, 145 tanques y blindados; derribaron 51 aviones de combate y bombarderos; estropearon o inutilizaron 426 kilómetros de cable telegráfico y telefónico. Además, contribuyeron de forma importantísima a la Batalla de Moscú.

* Por las aldeas del Kubán ocupado por los alemanes, las autoridades de la Wehrmacht hicieron distribuir, durante el invierno de 1943, unas hojitas escritas en lengua rusa: “Los habitantes que ayuden a los grupos españoles que andan por el Kubán serán castigados severamente”.

* Una de las jóvenes leningradenses que lucharon contra el asedio alemán se llamaba María Pardina Ramos, llamada por los soviéticos “Marusia”. En el frente actuó de enfermera en la Sección de Sanidad de la 3ª División de Voluntarios. En plena línea de fuego rescató a 15 heridos, antes de ser ella misma alcanzada. Recibió a título póstumo la Orden de la Bandera Roja. Y no fue la única. Otras muchachas y chicos destacaron en dicho asedio.

* Hoy, en la Avenida de los Caídos, en la ciudad de Stalingrado, un monumento se eleva a la memoria de las nuevas generaciones. Sobre el frío mármol se puede leer: “Rubén Ruiz Ibárruri. Héroe de la Unión Soviética”. Cubrió con el fuego de ametralladoras a su unidad cerca del caserío de Vlásovska, rechazando ataque tras ataque nazi, cubriendo todo el campo de cadáveres fascistas hasta que una bala segó para siempre la vida del Teniente de la Guardia, el cual falleció el 3.09.1942.

* “Era un español valiente y digno. Murió como había vivido, como había luchado: como un héroe. Nosotros no lo olvidaremos nunca”. Así se expresaba, con la voz velada por la emoción del momento, el jefe soviético de los morteros “Katiusha” después de enterrar los restos –los pocos restos hallados- del teniente de la guardia Santiago de Paúl Nelken. Murió en los accesos a Berlín.

* José Sandoval recuerda que, en una ocasión, un soviético le comentó que, en la Guerra de España, habían fallecido doscientos soviéticos y que en la Guerra contra los nazis fallecieron otros doscientos españoles por defender la URSS. Le dijo: “parece un intercambio de sangre por sangre”.

* La confianza del Consejo Estatal de Defensa Soviético en los combatientes españoles era de tal calibre que, en los terribles días del ataque alemán a Moscú, le fueron encargados a la 1ª Compañía del 1º Regimiento Motorizado de Tiradores (125 españoles, entre ellos 6 mujeres) puntos clave de la defensa del Kremlin. Allí, a la luz de las estrellas, en la Plaza Roja, se oyeron las estrofas de esta canción: “Si me quieres escribir y saber mi paradero, si me quieres escribir y saber mi paradero, en el frente de Moscú, primera línea de fuego”; los soviéticos que circulaban aquellos helados días decían: “estamos seguros, nos guardan nuestros ‘spantsi’ (españoles)”.

* En 1945, Emilio Vilaró Ustrell enarboló en el balcón de la embajada española franquista de Berlín las banderas de la hoz y martillo y la republicana, con la ayuda de los camaradas soviéticos que tomaron el búnker de Hitler.

Este artículo va dedicado a aquellos camaradas y luchadores imbuidos del sentimiento universal soviético de la Solidaridad y Amistad entre los Pueblos. Por el Internacionalismo Proletario y en la confianza de continuar su ejemplo en la lucha por el Socialismo.

De izquierda a derecha: J. Modesto, F. Cordón y E. Líster, ascendidos simultáneamente
 a generales del Ejército Soviético durante la II Guerra Mundial.
Líster llegaría a ser también general de los Ejércitos Populares de Polonia y Yugoslavia.

Fuentes consultadas:
-La guerrilla soviética. Dimitri Mvediev. Editorial Destino Barcelona 1971.
-Memorias de un luchador. Enrique Líster. Editorial González del Toro. Madrid 1977.
-Los españoles de Stalin. Daniel Arasa. Editorial Vorágine. Barcelona 1993.
-Relatos de un guerrillero comunista español. Josep Gros. Editorial ATE. Madrid 1977.
-Sobre el pasado en aras del futuro. Editorial Agencia de Prensa Nóvosti. Moscú 1985.
-Españoles en la resistencia. Alberto Fernández. Edita Zero S.A. Bilbao 1973.
-No hay niños extraños. Nadezhda Azhguíjina. Editorial Novostí. Moscú 1988.
-Rusia y España. Mijail Alekseiev. Seminario y Ediciones, SA. Madrid 1975

domingo, 29 de enero de 2012

Cuando Sollana se erigió en república soviética. 80 aniversario

Un vecino barre las cenizas del archivo quemado a las puertas del ayuntamiento.  
Archivo abc
Levante-EMV / SALVA VIVES SOLLANA ­Probablemente Stalin dormía plácidamente en sus aposentos de Moscú ajeno a la revolución que un grupo de anarquistas perpetraba a unos 4.095 kilómetros de distancia en un pequeño rincón de la entonces España republicana. Eran las tres y media de la madrugada del 26 de enero de 1932 cuando unos forasteros, según la prensa de la época, instauraron en la localidad de Sollana la república soviética.

Tan cómico como real. El municipio se sumaba así a Rusia, Bielorrusia, Transcaucasia y Ucrania que el 28 de diciembre de 1922, una década antes, habían acordado la formación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Sollana era, pues, el quinto «Estado» de la unión. Adquirió esta condición adhiriéndose al bloque comunista mucho antes que otros países socialistas. Pero al margen de consideraciones más o menos irónicas, no fue un suceso de calado menor. Los acontecimientos se saldaron con tres heridos de bala. Un escándalo que trascendió a la actualidad nacional y que recogen muchos libros de historia.

Todo empezó al anochecer del lunes 25. Según la prensa del miércoles siguiente, se advirtió la presencia de grupúsculos anarquistas que repartían propaganda por los sindicatos obreros y otros centros de reunión. Alrededor de las tres y media numerosos disparos en distintas direcciones despertaron al vecindario.

Varios sollaneros salieron a la calle para ver qué pasaba y al advertir la presencia de los revoltosos volvieron a encerrarse en sus domicilios, temerosos de lo que ocurría. Sobre esa misma hora, testigos presenciales aseguraron que los exaltados se dirigieron a la casa parroquial. Allí llamaron a la puerta con el fin de solicitar al cura, don Pascual Ortiz, que acudiera a dar la extremaunción a un moribundo, aunque todo indica que su verdadera intención era sacarlo a la calle y hacerlo preso.

Éste no cayó en la trampa y logró librarse de las ansias de venganza que encendían a los revolucionarios, aunque solo por el momento. Seguidamente, tras el intento fallido de prender al religioso, se dirigieron al ayuntamiento. No les costó demasiado tomarlo. De inmediato sacaron los archivos municipales a la plaza y los quemaron.

Capitulación al alba
Al amanecer, Sollana había capitulado. La enseña tricolor republicana fue arrancada del balcón central de la casa consistorial y en su lugar se izó la bandera roja. No se respetaron ni los símbolos del nuevo régimen democrático. A las siete de la mañana, los rebeldes se presentaron en el mercado lo disolvieron y obligaron al sereno, Tomás Méndez, a que proclamara la noticia: Sollana era soviética.

La aventura, aunque corta, fue prolífica en perversidad. Se cortaron las comunicaciones telegráficas y telefónicas e, incluso, se levantó la vía del ferrocarril con lo que se impidió la circulación de trenes. Otro grupo se colocó en un punto estratégico de la carretera y detuvo a todo vehículo que transitaba por allí. Para más inri, encarcelaron en una venta a los atónitos viajeros de un autobús que se dirigía a Valencia.

De nuevo, la Iglesia fue objeto de su ira y prendieron fuego a la puerta del templo. Desde su balcón, el cura trató de disuadirles «rogando a los revolucionarios que desistieran de su actitud y respetaran la parroquia, que era del pueblo», narra una crónica del día siguiente. Pero las súplicas del sacerdote de poco sirvieron. En vez de cejar en su intento, le dispararon con una escopeta de perdigones «de grueso calibre» que le provocaron «numerosas heridas en los brazos y manos y en el costado derecho».

Tras esta hazaña, la comitiva soviética volvió a personarse en el mercado donde se registró otro enfrentamiento cuyo resultado fueron dos heridos de bala más. Tras descargar en el brazo izquierdo al vecino de treinta y dos años, Daniel Claver, éste reaccionó y desvió el arma con el que un rebelde le apuntaba. La mala suerte quiso que el propio agresor, Alejo Zanón, fuese víctima de su escopeta, la cual se disparó y le provocó una herida «grave en el antebrazo izquierdo».

Pero poco más iba a durar la ensoñación anarquista en Sollana. Un guardia civil avisó al jefe del puesto quien movilizó a los efectivos de las localidades cercanas. Éstos «lograron dominar prestamente la situación, incautándose de la bandera roja y enarbolando en su lugar la de la República». Punto y final a una quimera que apenas duró unas horas, pero como suele decirse por estos lares causó más daños que una «pedregà» y anticipó a los habitantes de la joven república el dramatismo bélico con el que deberían convivir tan solo unos años después.

Comentario de la noticia en la publicación original:
Vicente Hernández 15-1-12
Lamento el tono humorístico del artículo , como si lo de Sollana fuese algo local y Berlasnesco.Creo que merece la pena contar las cosas con más respeto hacia las personas y hacía la historia.Primero no fue un levantamiento local, fue una proclama revolucionaria de la FAI que también tubo sus efectos en otros sitios especialmente en Cataluña. En segundo lugar el cura fue herido después de herir él a otro ciudadano de Sollana que vivió muchos años después y se le recuerda porque le faltaba un dedo de la mano del tiro que recibió del cura. Tercero, muchos de los que participaron en este hecho pagaron posteriormente con su vida tanto de uno como de otro bando. Por lo tanto, el suceso no fue una broma y al menos , las personas que padecieron la represión posterior ,merecen que se les trate con más dignidad.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Exposición "Donación del pueblo español"

Hasta el 29/1/2012 (19:00 h)

Biblioteca Regional Universal y Cientifica de Saratov
C/ Gorky 40
410600 Saratov
(RUSIA)

Exposición

Dar Ispánskogo Naroda (DPE; DIN, en sus siglas rusas), la donación bibliográfica, llevada a cabo en 1938 por el Gobierno de la República al Gobierno de la URSS, con ocasión del 20 aniversario de la Revolución de Octubre. A raíz de dicha donación, el Hispanismo ruso experimentó un especial auge; se llevaron a cabo traducciones literarias y se impulsaron los estudios acerca de la historia de las relaciones. La exposición sobre la DPE se plantea, no como una exposición bibliográfica, sino como una exposición acerca de la acción de diplomacia cultural que supuso la DPE, su explotación, en su momento, a nivel propagandístico, así como su rentabilidad en relación con la difusión de la lengua y la cultura españolas en la URSS. La DPE se encuentra actualmente integrada en los fondos de la Biblioteca Estatal Federal de Literatura Extranjera.

Ficha técnica:
Obra: 50 libros
Autor/a/es/as: VV. AA.
Cronología: 1900-1936
Tamaño: diferentes formatos
Procedencia:
Fondos de la Biblioteca Estatal Federal de Lenguas Extranjeras

Entidades Organizadoras
Biblioteca Estatal Federal de Literatura Extranjera (Moscú)
Vserossiyskaya Gosudarstvennaya Biblioteca Inostrannoi Literatury (Moscú)

Instituto Cervantes (Moscú)
Novinski bulevar 20ª bl. 1-2
121069 Moscú
Federación de Rusia
Tlf: 7495 609 90 22
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