Seguir

Mostrando entradas con la etiqueta Kazajistán. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Kazajistán. Mostrar todas las entradas

viernes, 26 de junio de 2015

Karagandá: la estepa de los 34 gallegos «enterrados en vida»

Foto de la web de la Embajada de España en Astaná (Kazajistán)
 
Un monumento recientemente inaugurado en esta región de Kazajistán recuerda a los españoles presos en el Gulag, que agrupó a republicanos y miembros de la División Azul
 
 Javier Armesto
 
 

«Rusia envió a 185 republicanos españoles al gulag sin juzgarlos»

Existen varias portadas del mismo título
 
El historiador leonés Secundino Serrano publica ‘Españoles en el gulag’, que cierra la trilogía de «los que protagonizaron la historia pero no tuvieron quién la contara»
 
Verónica Viñas | León 20/10/2011  
Encontró un sobre con la palabra Karagandá. Tuvo que mirar el lugar en el mapa para ubicarlo en Kazajistán. Todo comenzó en el Archivo de Salamanca. El historiador leonés Secundino Serrano buscaba pistas de los republicanos que combatieron contra Hitler y se encontró una lista de represaliados españoles en Rusia. Desde el 2006 tenía ‘aparcada’ la historia de los republicanos condenados a los campos de trabajo en Siberia. Españoles en el gulag. Republicanos bajo el estalinismo cierra la trilogía que comenzó con Maquis y continuó con La última gesta. Editado por Península, en el tercer libro rescata la memoria de «ciudadanos anónimos que protagonizaron la historia, pero que no tuvieron a nadie que la contara». Serrano lo ha hecho. Ha puesto sobre el papel a los personajes de unos sucesos que han permanecido silenciados durante décadas.
 
El sobre de Karagandá tenía expedientes de personas desterradas al gulag y datos de una campaña de movilización llevada a cabo en Francia para su liberación. A Serrano la historia le fascinó desde el principio. Este profesor de historia ha podido localizar a 185 republicanos en Rusia, aunque hubo hasta 300 españoles en campos de trabajo, «no todos por motivos políticos», dice. Uno de ellos era el maestro leonés Nicolás Díaz Valbuena. Un militante de la CNT oriundo de Vega de Gordón. Sorprendentemente, Díaz Valbuena era miembro de la Sociedad de Amigos de la Unión Soviética. Serrano sólo ha podido averiguar que falleció en un campo de trabajo. La documentación «se pierde ahí. No existe información sobre a qué campo fue destinado ni de las circunstancias de su muerte».
 
Ha sido una labor ardua. A Serrano le tocado el alma. Hechos cruentos a los que ha puesto nombre y apellidos. Biografías que ha rescatado de tediosos expedientes. «La mayoría fueron detenidos y llevados a los campos, sin ser juzgados ni condenados. Fue un auténtico secuestro político».
 
Los de la División Azul. Entre 1948 y 1953 los republicanos convivieron en el gulag con miembros de la célebre División Azul. «El régimen soviético los situó en el mismo bando». Tras la muerte de Stalin, son liberados, y 38 de aquellos republicanos regresan a España junto a los divisionarios a bordo del barco griego Semíramis. En el puerto de Barcelona los 286 repatriados españoles, incluidos los republicanos, son recibidos con los sones del himno nacional.
 
El nuevo libro de Serrano, que llega hoy a las librerías, es un relato «panorámico» de los españoles republicanos en la Unión Soviética. Pero el autor se encontró decenas de historias paralelas que también merecían ser contadas. Mientras escribía el libro pensaba en las matrioskas –las conocidas muñecas rusas que se introducen una dentro de otra—, porque cada episodio le llevaba a otro. «Son como capas de cebolla. Historias dentro de historias, con el nexo común de los campos de trabajo». Serrano también localizó a ocho leoneses de la División Azul que acabaron en el gulag: Alberto Alonso Pascual (Cistierna), Benito Bautrulle del Río (León), Eladio Bello Voces (San Juan de Palueza), Germán Díaz Conde (Velilla de Valderaduey), Modesto Fernández Riesco (León), Cayetano López Bueno (León), Joaquín Montaña González (Villafranca del Bierzo) y Gumersindo Pestaña Fernández (Astorga).
 
Vivo, pero con funeral. El Diario de León de abril de 1954 recoge la llegada de estos hombres a bordo del Semíramis. El corresponsal de Villafranca relata en un artículo la sorpresa de los emocionados padres de Joaquín Montaña González al saber que su hijo estaba vivo, puesto que años atrás, dándole por muerto, le habían hecho hasta un funeral. Durante cinco años republicanos y divisionarios compartieron penalidades en campos del Círculo Polar Ártico (hasta 75 grados bajo cero), las estepas de Kazajastán (como el de Kok-Usek, donde diez españoles, casados con judías austríacas, fueron padres) y en gulags de la Rusia europea.
 
Serrano confiesa que con la trilogía pretendía recuperar a los republicanos españoles que lucharon contra Franco (Maquis), contra Hitler (La última gesta) y contra Stalin (Republicanos en el gulag). En el último libro de Serrano también sorprende la peripecia vivida por una treintena de niños de la guerra —la mayoría vascos, asturianos y cántabros—, que fueron enviados por sus padres a Rusia huyendo de la contienda española. Cuando los nazis avanzan sobre territorio ruso, estos niños son detenidos y repatriados a España. Serrano ha averiguado que dos de ellos acabaron en la guerrilla antifranquista. Eran los asturianos Eloy Álvarez El Ruso y Roberto Montes Cantinflas. Ambos fueron eliminados el 7 de febrero de 1950 en una emboscada en Asturias. Otro de aquellos niños era el santanderino Néstor Rapp Lantarón que acabaría siendo uno de los fundadores de Comisiones Obreras de Vizcaya.
 
Ni reyes, ni generales, ciudadanos. El libro de Serrano está plagado de historias humanas. Hay docenas de acontecimientos dignos de novela. El autor no sabe si los abordará en un próximo libro. Su objetivo inmediato era concluir la trilogía, concebida como «un homenaje histórico a españoles anónimos», asegura. Y es que a este historiador leonés no le interesan los reyes ni los generales, sino los ciudadanos anónimos que en determinadas circunstancias tuvieron una participación crucial en la historia, con el agravante de haber sido despreciados por la historia oficial.
 
«Sabemos mucho de políticos e intelectuales republicanos, pero poco de los protagonistas auténticos. Esa es mi aportación, situarlos en la historia, darles visibilidad». Un puñado de hombres que pagaron cara la defensa de sus ideales. También las crónicas oficiales, las que escriben los vencedores, les desterraron para siempre. A Serrano le delata el entusiasmo cuando habla de estos personajes que ha rastreado por bibliotecas y archivos, incluida la hemeroteca del Diario de León.

martes, 23 de junio de 2015

Una deuda con Josefina Iturrarán

Josefina Iturrarán
 
Pilar Bonet - Las Atalayas blog de El País | 09 de junio de 2015
Josefina Iturrarán se hubiera alegrado de saber que por fin ha sido erigido un monumento en memoria de los españoles que perecieron en el lager estalinista de Karagandá (Karlag), en la estepa de Kazajistán. A Iturrarán le corresponde el mérito de haber realizado la primera sistematización de los campos (dependientes del ministerio del Interior de la URSS o NKVD y del GULAG), donde estuvieron internados presos españoles a partir de 1941 y hasta los años cincuenta. Fue a mediados de la década de los noventa, hace más de veinte años, cuando, por encargo de EL PAIS, la investigadora trabajó durante varios meses en el archivo del Centro de Conservación de Colecciones Histórico-Documentales (antiguo archivo especial secreto fundado en 1946 para usos policiales políticos y judiciales, abierto al público en 1991).
 
Iturrarán emprendió la titánica tarea de examinar centenares de miles de fichas de presos de numerosas nacionalidades y estableció que los españoles habían estado internados en un mínimo de 20 campos a lo largo y ancho de la geografía soviética, desde Odessa y Donetsk, en Ucrania, hasta Ajmólinsk y Karagandá, en Kazajistán. Josefina descubrió además la orden secreta por la que el comisario del Interior Lavrenti Beria, el 26 de junio de 1941, había mandado internar en el campo de Norilsk, en el Círculo Polar Ártico, a varios contingentes de españoles residentes en la URSS. Al día siguiente fueron detenidas las tripulaciones de los mercantes de la República Española fondeados en Odessa.
 
El resultado de su trabajo fue “Una deuda con la historia”, un artículo publicado en EL PAIS el 12 de marzo de 1995, en el que Iturrarán pasaba revista al destino de los detenidos, marineros, pilotos, “niños” y emigrantes políticos, a los que se añadieron combatientes de la División Azul, algunos de los cuales se habían alistado precisamente para pasarse a la URSS.
 
Creía Josefina que, para cerrar ese doloroso periodo histórico, era necesario construir un monolito en memoria de los españoles en alguno de los campos por donde pasaron. En Karagandá su deseo se ha cumplido, pero ella ya no está entre nosotros para verlo.
 
La “niña de la guerra” que salió de Guernika en 1937 pocos días antes del bombardeo alemán, falleció en Moscú el 27 de enero de 2014 a los 90 años de edad.
 
Nos enteramos de su muerte con imperdonable retraso. Ucrania, en plena efervescencia,nos mantenía alejados de Moscú; en los últimos años, Josefina se empeñaba en no descolgar el teléfono y, además, había dejado de visitar el Centro Español. Apasionada e imaginativa, Iturrarán fue mujer de muchos talentos. Tras su llegada en barco a Leningrado en 1937 pasó por varias casas de niños de diferentes localidades hasta llegar a Odessa, ciudad donde estudió y donde tomó lecciones de canto. En 1940 se trasladó a Moscú, donde fue admitida en el conservatorio poco antes de que los alemanes invadieron la URSS en junio de 1941. Junto con otros niños españoles, huyó a Siberia y de allí, a Uzbekistán, en Asia Central, donde participó en la cosecha del algodón y comenzó estudios de Pedagogía.
 
De vuelta a Moscú se licenció en el Instituto de Lenguas con diploma de honor en 1952-53. Trabajó en el Instituto de Ciencias Sociales adjunto al Comité Central del PCUS y, ayudó a alfabetizar a militantes comunistas internacionales que, en un ambiente de clandestinidad e inscritos con nombres falsos, se preparaban para la revolución. Después pasó a la Academia Diplomática, de donde se jubiló en 1987. Conoció a Fidel Castro y al Che Guevara, grabó discos con canciones de Federico García Lorca, cantó para la Pasionaria, que apreciaba mucho su voz, para Pablo Neruda y para Rafael Alberti.
 
A lo largo de su vida, Iturrarán realizó múltiples investigaciones. Rescató las obras inéditas del músico Vicente Martín y Soler, que vino a Rusia invitado por Catalina la Grande en el siglo XVIII, y también correspondencia y grabaciones de Pablo de Sarasate y Pau Casals, asiduos de Rusia antes de la revolución de 1917, y fotografías y manuscritos de Rafael Alberti entre muchas otras cosas.
 
Josefina estaba especialmente satisfecha de haber conseguido que una calle de la ciudad de Nizhni Nóvgorod (en el Volga) fuera bautizada con el nombre de Agustín de Betancour, el ingeniero canario que desarrolló las obras públicas en Rusia a principios del XIX. Para conseguirlo, Iturrarán mantuvo cuatro años de correspondencia con Boris Nemtsov, cuando este político, asesinado el pasado febrero, era el gobernador de la provincia de Nizhnni Nóvgorod. Nemtsov, según explicaba Josefina, entendió que era importante honrar la memoria del artífice de los planos de recinto de la feria local.

Josefín investigó también la figura de José de Ribas, el fundador de la ciudad de Odessa en el siglo XVIII, quien luchó contra los turcos al frente de una flotilla de cosacos y estuvo aparentemente implicado en el compló que acabó con la vida de Pavel I.

Por sus méritos en la recuperación de la cultura española en Rusia, fue condecorada con al orden de Isabel la Católica.

La enterraron en el cementerio de Novodévichi, sin que pudiera llegar a cumplir su anhelo de ir a España, como dijo en una ocasión, para tener “un rinconcito con una cama y una mesa donde yo pueda escribir mis memorias y recuerdos y venga una persona una vez al día a traerme unos garbanzos”.

miércoles, 17 de junio de 2015

Homenaje a los republicanos españoles en campos de trabajo de Kazajstán

 
Recuerdo y homenaje a los españoles republicanos internados en los campos de trabajo de Kazajstán
 
AGE 14/6/15
Durante el periodo estalinista en la URSS hubo un grupo de republicanos españoles, entre ellos niños, maestros, marinos y aviadores, que acabaron siendo internados en el Gulag, a veces por pequeñas causas como robos en periodos de hambre y guerra, otras veces por temas de mayor gravedad, y en numerosos casos por simples sospechas o pura persecución política.
 
Invitada por el gobierno de Kazajstán y la Embajada Española en Astaná, junto a un grupo de familiares de presos republicanos, niños de la guerra, maestros, marinos y pilotos, Dolores Cabra, Secretaria General de AGE, viajó a Astaná, al antiguo campo de prisioneros de Karaganda y al museo y los archivos de la represión en Dolinka, los días 29 de mayo a 1 de junio del actual.
 
En el memorial donde estuvo ubicado el campo de trabajos forzados de Karaganda se ha levantado un sencillo monumento en recuerdo de los españoles internados y fallecidos allí. En este campo existen ya monumentos en memoria de los presos de numerosos países.
 
Tal y como recibimos el mensaje de nuestra anterior Presidenta, Adelina Kondratieva, teniente de aviación de la República Española y Teniente Mayor en la Guerra Patria, debíamos velar por los pilotos, marinos, maestros, niños de la guerra cuyo destino fue ser concentracionarios de esos campos. Y así lo hemos hecho, cumpliendo con este deber de memoria.Y también recordando a nuestra consocia y compañera de Caravanas de Memoria, la niña de la guerra cántabra Josefina Iturrarán, fallecida en enero de 2014, quien tanto nos ilustró sobre estos hechos a través de sus investigaciones.
 
En homenaje a Adelina y a todos ellos hicimos acto de presencia republicana en el Museo-Archivo de Dolinka, dedicado a las víctimas de la represión política, junto al Presidente de la Asociación de Aviadores de la República (ADAR) y la Directora de la Institución.
 
 
Dolores Cabra en el centro, con el Presidente de ADAR y la Directora del Museo de Víctimas de la Represión Política de Dolinka
 






 
Los Archivos Nacionales de la República de Kazajstán, el Archivo Estatal de la Región de Karaganda y el Museo de Dolinka son depositarios de la memoria de la represión política que afectó a víctimas de muchas nacionalidades, entre ellas españoles republicanos, internados en distintos campos de la antigua República Socialista Soviética de Kazajstán.
 
AGE ha tenido encuentros con los directores de los tres archivos y ha promovido un convenio de colaboración y de intercambio de documentación entre estos y el Archivo Nacional de Cataluña (ANC).

El País:




sábado, 19 de octubre de 2013

Los ‘presos fantasma’ de Kazajistán

  • Centenares de españoles fueron internados en campos de concentración en el país soviético
  • Franquistas y republicanos coincidieron en su deportación
  • Españoles deportados en Kazajistán 
 
El País - Alba Tobella -  Madrid 5 OCT 2013
Se conocieron en el gulag, en Kazajistán. Allí quedaron atrapados por el final de la Guerra Civil y la invasión alemana de la Unión Soviética. Antonio Leira Carpente y José García García nunca pensaron que su pequeña aventura soviética se convertiría en un infierno de dos décadas. Eran combatientes republicanos pero acabaron como apestados en la patria del proletariado.

Rusia admitió en 1992 que “muchos” españoles republicanos habían pasado por los campos de concentración estalinistas. Pero ninguna exrepública soviética había entregado a España la documentación oficial de esos presos hasta que, la semana pasada, Nursultan Nazarbayev, el presidente kazajo, regaló a Mariano Rajoy dos libros con las copias de los expedientes de 152 españoles —franquistas y republicanos—, que malvivieron congelados en sus campos en los años 40.

Leira y García tampoco sabían al partir —en 1937 el primero y 1938, el segundo— que acabarían rompiendo hielo para beber, ni que los llevarían de Siberia a Kazajistán en unos trenes en los que sobrevivieron semanas, hacinados en gélidos vagones de madera, hasta adentrarse en la inmensa estepa. Llegaron por separado a Karaganda, al noreste del país. Leira, cabo de la marina de un buque de la armada republicana y militante anarcosindicalista gallego, fue capturado junto a 46 compañeros en Odessa (actualmente en Ucrania) y trasladado al campo de Krasnoiarsk, en Siberia. García, cursillista aviador, estaba en Moscú en la cuarta promoción de prácticas a Kirovabad.

Tras la derrota de la República, no pudieron volver a España, ni salir de la URSS. Unos 80 pidieron exiliarse a Italia, Francia, Alemania o México. “El cambio determinante fue la invasión de los nazis, en 1941. En ese momento, todos los extranjeros pasaron a ser sospechosos si no firmaban, de manera voluntaria, permanecer en la URSS”, explica el catedrático de historia Secundino Serrano, autor del libro Españoles en el Gulag. Empezaba la deportación para esos “grupos irreductibles” de aviadores y marineros que se negaron a entrar en el sistema.

Leira y García se conocieron en Karaganda, aterrados por los ladrones que desvalijaban a los recién llegados. Allí esperaban ser remitidos a otro campo de trabajos forzados. Ya desde su llegada “habían quedado reducidos a esqueletos vivientes”, según recordaba, años después, un recluta francés. Acabaron en Kok-Usek, “el Valle Verde”, que traducían como el Valle del Infierno, el más frío de cuantos vieron. Un campo de concentración “ejemplar”.

Pasaron casi un lustro en un cerco de 300 metros de largo por 200 de ancho, aislado del exterior por tres líneas de alambrada de espino, vigilados por cuatro garitas con soldados aburridos ya que, si escapaban, el desolado paisaje les delataba. Los guardianes tenían también perros adiestrados para frenar una posible fuga. Eran unos 900. Mujeres, hombres y niños de distintas nacionalidades, puntos negros sobre la nieve, trabajando por sobrevivir.

Los internos en mejores condiciones físicas trabajaban en la mina. Una hora de camino de ida de madrugada contra la brisa helada. Otra, a la caída del sol, demasiado lejano en invierno, con hasta 50 grados bajo cero, y sofocante en verano, a casi 50. La comida, un bol de sopa de col antes de salir y otro a la vuelta. Y 450 gramos de pan, a menudo, mojado. “Había una cosa que llamaban ratas de agua, un manjar”, cuenta Beatriz Leira, hija de Antonio Leira, fallecido en 2000. Los que conseguían un puesto en la huerta, engullían a escondidas una patata cruda “que les sabía a manzana”, apunta Leira. “Según lo que trabajaban, comían”.

En Kok-Usek, los españoles eran los “presos fantasma”. Tenían prohibido comunicarse con su país, una dictadura enemiga. Solo podían hacer llegar noticias a sus familias cuando los europeos —principalmente judíos alemanes y austríacos— eran liberados. “Mi abuela se enteró de que mi padre estaba vivo por una carta que le llegó en alemán”, explica Leira: “Se aprendían de memoria las direcciones de los españoles”.

Tras sufrir un accidente en el que perdió varios dedos, Vicente Montejano, uno de los pocos aviadores que siguen con vida, se convirtió en uno de los españoles que se quedaban en los barracones, con la humedad calada en los huesos. Cosían unos zapatos muy cotizados entre las mujeres de la dirección del campo. “Confeccionábamos una especie de malla con hilo como el que se usaba para las mallas de pescadores... Al final resultaba, como es lógico, un zapato fino, para salir, pero no para trabajar o ir por el campo”, le contaba Montejano en 2007 a Carmen Calvo, hija de otro cursillista internado y autora de Los últimos aviadores de la República.

En cada traslado les separaban en grupos. Los dos amigos se perdieron. “José salió en una primera expedición. Antonio Leira tenia que salir en la siguiente, pero el río que los separaba se congeló y ya no les pudieron alcanzar”, cuenta Pilar García, viuda del aviador, por teléfono, haciendo esfuerzos para rescatar en la memoria al compañero de su marido. No se reencontraron hasta que, al fin, embarcaron en el Semíramis, en Odessa, el 2 de abril de 1954. Ya ancianos, se visitaron mutuamente. Se reunieron con otros compañeros de vez en cuando, hasta que fallecieron hace una década. En el Semíramis, con unos 300 pasajeros de los que 270 eran de la División Azul, viajaba también Vicente Montejano.

En total, unos 300 republicanos y 450 divisionarios pisaron los campos de toda la Unión Soviética, según calculan los expertos. Luiza Iordache, historiadora de la Universitat Autònoma de Barcelona y autora de Republicanos españoles en el Gulag, calcula que 76 republicanos pasaron por los centros kazajos a partir del estudio de sus expedientes, a los que accede con dificultad por el hermetismo de los archivos de las antiguas repúblicas soviéticas.

Pese a que los soldados franquistas de la División Azul también deambularon por Karaganda, el encuentro entre los dos grupos no llegó hasta 1948. La mitad de los republicanos acabó aceptando integrarse en la URSS y salieron del gulag. “Al resto, les juntaron con los divisionarios y en los campos europeos [hoy, en Ucrania]”, apunta Serrano.

El divisionario capitán Palacios recuerda uno de esos encuentros en Embajador en el infierno, narrado por Torcuato Luca de Tena: “Vimos entrar en el campo, extenuados y con síntomas de haber sufrido mucho, a un grupo de presos, con la novedad de que entre ellos venían muchas mujeres, con niños pequeños (...) ¡Cuál no sería nuestra emoción al oírles hablar en español! Castillo, abriendo los brazos, dio un tremendo ¡Viva España!, saludándoles, y el silencio fue su respuesta. Nos miraron con curiosidad, bajaron los ojos y siguieron su camino”.

La unión emocional para volver a España superaba ya la ideología. Ahora, tras el gesto de Nazarbayev, la Asociación Archivo, Guerra y Exilio y la Hermandad de la División Azul han escrito una carta al Ministerio de la Presidencia para solicitar una copia de los archivos.

Además de marineros y aviadores, algunos niños de la guerra [2.895 jóvenes enviados a Moscú en la guerra civil] fueron ingresados en el gulag por delitos comunes. Varios exiliados, por delitos políticos. Tras unos primeros años como una élite y como víctimas de una doble guerra, la desesperación por salir de la gigantesca prisión que era la URSS en 1941, llevó a algunos niños, forzados a nacionalizarse, a esconderse en los baúles de un avión que viajaba a Buenos Aires. Otros, famélicos por la posguerra, fueron internados por robar medio kilo de patatas. “Me marché de la fábrica de aviación en la que nos habían puesto a trabajar sin permiso de la milicia y me mandaron al gulag de Ucrania”, afirma Ángel Belza, un niño de la guerra que presenta sus memorias esta semana. “Fuimos rehenes durante 20 años. Estábamos encerrados”, exclama Francisco Mansilla, otro niño, presidente del Centro Español de Moscú vocal de la Asociación Archivo, Guerra y Exilio.

A los 94 años, Vicente Montejano mantiene el recuerdo del gulag suspendido entre la nebulosa del olvido: “A veces, hay cosas de las que uno no tiene ganas de hablar”.Y calla.

Nota de MJBarreiroLG:
Recibida petición de información sobre deportados a Kazajistán por parte de la autora del reportaje Alba Torella el pasado dos de octubre he tenido el placer de proporcionarle ciertas fuentes para este artículo como son: Los títulos "Españoles en el Gulag" de Secundino Serrano y "Republicanos españoles en el Gulag" de Luiza Iordache así como su contacto (ambos en la bibliografía de esta página), el contacto también con AGE através de su Secretaria General Dolores Cabra y de ahí con el Centro Español de Moscú del que es presidente Francisco Mansilla.

Por lo cual me honra que esta página cumpla su cometido que no es otro más que servir de recopilación e información sobre la relación de la Memoria Histórica española con la antigua URSS.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Españoles deportados en Kazajistán

"Memorial" con la asistencia de la Fundación Feltrinelli y el Departamento de Cartografía del Departamento de Geografía de la Universidad Estatal de Moscú (Traducción MJBarreiroLG)
El presidente kazajo entrega 152 expedientes a Rajoy de nacionales enviados por Stalin

El País, Carlos E. Cué  , Astana 30/9/13 El presidente kazajo, Nursultan Nazarbayev, ha sorprendido a Mariano Rajoy, de visita oficial en el país, con un regalo muy particular: dos cuadernos azules con los expedientes de 152 españoles que fueron deportados a estas tierras en los años cuarenta por el régimen de Stalin.

En Kazajistán había varios campos de internamiento, y en ellos acabaron españoles de los dos bandos de la Guerra Civil. Por un lado, voluntarios fascistas de la División Azul, que viajaron para luchar en Rusia con el ejército de Hitler en su intento de derrotar a Stalin y hacerse con el control de toda Europa. Muchos de estos soldados fueron capturados por los rusos y los mandaron como prisioneros a lugares como Kazajistán, con unas temperaturas que superan en invierno los 40 bajo cero.

Otros españoles que acabaron en estos mismos centros hicieron el camino contrario. Eran republicanos, llegaron a Rusia huyendo de Franco y algunos de ellos, implicados políticamente en el régimen soviético, acabaron siendo purgados y enviados a Kazajistán.

Nazarbayev ha entregado a Rajoy los expedientes que ha conseguido encontrar de 152 de estos españoles, aunque hubo más. El presidente kazajo ha explicado a Rajoy que los españoles de la División Azul y los republicanos, condenados a vivir en los mismos campos, acabaron relacionándose entre ellos a pesar de su enfrentamiento político. De esos 152, sólo 14 murieron en Kazajistán. El resto, con un lento goteo durante los años cincuenta y sesenta, volvieron a España.