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sábado, 17 de octubre de 2015

Los niños de la guerra



 EiTB - 1 abr. 2014 Los niños de la guerra.
Unos 34.000 niños entre 5 y 15 años fueron evacuados en todo el Estado. Juanita salió en barco de Santurtzi a la antigua URSS en 1937

miércoles, 14 de octubre de 2015

Actos del exilio en Galicia "Os nenos e nenas da guerra civil española" en Ferrol y Oleiros


Traducción del galego Estación Soviética 

El Ateneo Ferrolán recupera la experiencia del exilio infantil a Rusia después de la guerra

Diario de Ferrol 14 Octubre 2015
En los años 1937 y 1938, en el contexto de la guerra civil española, unos 3.000 niños y niñas fueron evacuados desde la zona republicana hacia la Unión Soviética, para evitarles los rigores de la guerra en las zonas más afectadas por los combates, aunque el oriente europeo no fue el único punto del exilio infantil de las familias republicanas. Muchos de aquellos niños y niñas exiliados no pudieron volver a sus zonas de origen debido a las vicisitudes de la Segunda Guerra Mundial, la dictadura franquista y la dinámica general de la guerra fría.

El Ateneo Ferrolán organiza un encuentro con Araceli Ruiz (Palencia, 1924) y Libertad Fernández (Sama de Langreo, 1927) dos de aquellas niñas, y Alejandra "Sura" Marcova, una moscovita que vivió siempre en el ambiente de los niños de Rusia y se casó con uno de ellos, Manolo Fernández. Estas tres mujeres hablarán de su experiencia vital en un exilio que aún es muy desconocido para mucha gente. Y la narración de su vida en primera persona irá sucesiva de un coloquio con el público asistente.


Tres niñas exiliadas por la guerra civil española contarán su historia el jueves en la Fábrica de Oleiros

Alternativa dos Veciños Oleiros 13/10/15
El auditorio del centro cultural A Fábrica acoge este jueves, a partir de las 20:00 h. un acto público sobre los niños y niñas de la guerra civil española. Araceli Ruiz, Libertad Fernández y Shura Marcova relatarán como siendo menores de edad tuvieron que huir hacia Moscú ante la persecución fascista en España. También serán proyectados varios documentales y se realizará una charla coloquio moderada por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

La historia que acercarán Araceli, Libertad y Shura a las personas asistentes estará acompañada de los comentarios del profesor de geografía e historia Jorge Calle, que pondrá en situación y contexto la huida de estas tres niñas hacia Rusia. También serán proyectados los álbums de la guerra de Castelao en Moscú, que contarán con las explicaciones del profesor e investigador Xesús Alonso Montero. Carmen Rodeja, de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y los estudiantes Ángela Pérez y Daniel Sánchez moderarán un acto que durará una hora, aproximadamente.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Araceli Ruíz: “Yo también fui una refugiada”

“Se me ha quedado grabada en la cabeza la imagen ese niño al que las olas llevaron a una playa. Porque los niños nunca han empezado una guerra y son los que más la sufren. Lo que pasa… no lo entiendo. Me rompe el corazón”. Porque la historia de Araceli Ruíz Toribios (Palencia, 1924) pudo ser una historia como la de Aylan. Salvo que ella sólo encontró una valla en su huida de la guerra y el terror: el buque fascista que, en 1937, a cañazos, trató de evitar que 1.100 niños zarparan rumbo a la URSS.

“Cada vez que lo recuerdo me entran escalofríos”, se estremece Araceli cuando se dispone a compartir un relato que tiene cincelado en la mente: “No se me va; ha sido una vida a veces tan difícil”. Es casi el guión de una película que arranca y finaliza en Gijón, pero que transita entre la Unión Soviética de la II Guerra Mundial y la Cuba de la Revolución o la crisis de los misiles.

 “Mi padre quedó en la cárcel. Mi madre, madre de seis hijas, se moría de pena cuando las bombas comenzaron a caer sobre Gijón. Ella quería darnos una vida mejor y, cuando se enteró de que la URSS iba a acoger a 3.000 niños españoles, no lo dudó y nos apuntó”. La primera escena de la película de Araceli es una nave cercana al puerto de El Musel donde las diputaciones de León y Asturias refugiaron a centenares de niños a la espera de que su barco pudiera partir. Entre esos críos: Águeda, Conchita, Araceli y Angelines, cuatro de las seis hermanas Ruíz. “Te puedes imaginar lo que era aquello; todos los niños llorando. La mayoría eran hijos de mineros. Y así estuvimos varios días esperando porque el Cervera, el crucero de Franco anclado frente al puerto, amenazaba con hundirnos”.

Con las luces apagadas, a las 11 de la noche del 23 de septiembre del 37, hacinada en la bodega de un carguero de carbón, partió Araceli en una travesía de diez días, con escalas en Francia y el Reino Unido, y destino feliz en Leningrado. Se sonríe Araceli cuando invoca el recibimiento: “Aquí éramos hijos bastardos de republicanos. Allá, San Petersburgo se volcó en recibirnos con pancartas que decían ‘bienvenidos los hijos del heroico pueblo español”.

“Igualito que ahora en Hungría o Macedonia” ironiza cuando recuerda el cariño, la amabilidad y las condiciones con las que fueron acogidos los 3.000 españolitos que iban a pasar unos meses a la Unión Soviética y se quedaron, como en el caso de Araceli, más de 40 años.

“En Leningrado había nueve casas para niños. Yo dormía en la número 4. Todo estaba limpísimo. Comíamos a su debido tiempo. Estudiábamos con maestros españoles y un poco de ruso. Fíjate lo que hizo la Unión Soviética que, como nos faltaban manuales de estudio, mandó que tradujeran libros para nosotros. Igualito que ahora”, repite.

Otra huida del fascismo
Entre la escuela, juegos de trineos, visitas al teatro y muchas lágrimas contagiosas de morriña, discurrieron infancia y adolescencia de la palentina, interrumpidas de nuevo por otra guerra: “¡Parecía que los conflictos nos persiguieran y el que se avecinaba era mucho peor!”, exclama.

La invasión de la Unión Soviética por parte de la Alemania nazi en 1941 supuso un nuevo adiós y otro largo éxodo para Araceli. “Yo quería seguir estudiando y me llevaron a Odesa donde me separaron de mis hermanas. Pero el mismo día que empezó la II Guerra Mundial en la URSS, Odesa fue bombardeada y nos volvieron a evacuar”.

Navegó por los mares Negro y Caspio, atravesó el desierto de Asia Central hasta Samarcanda, casi en la frontera con Afganistán. La niña tuvo que aprender otro idioma, el uzbeko. Pasó hambre. Trabajó duro en los campos de algodón y como mano de obra bélica. “A los niños de la guerra nos metieron en una fábrica de construcción de aviones. Con 17 años me dedicaba a soldar los esqueletos hasta que una compañera se quemó y nos pusieron de torneras”.

Cuatro años de penurias que finalizaron cuando, el 9 de mayo de 1945 –no olvida una fecha- las autoridades decidieron volver a reunir a los españoles evacuados. Araceli se reencontró con sus hermanas en Moscú; retomó los estudios que la convirtieron en ingeniero economista de ferrocarril y en funcionaria del Ministerio de Finanzas ruso. Y en Moscú se enamoró.

“Yo me quería casar con un español, fuera feo o guapo, porque yo aún tenía la idea de regresar a España y pensaba ‘si me caso con un ruso, me quedó aquí’. Al final me casé con el hijo de un minero de Sama de Langreo: Laureano Fernández, que además era muy guapo”, se ríe.

Revolucionaria española en Cuba
Y debería decirse aquí que la pareja comió perdices en la capital de la URSS, pero el nomadismo persiguió a Araceli hasta su jubilación. Con el estallido de la revolución cubana y el desembarco del ejército ruso en la isla, la Unión Soviética necesitaba de traductores. Y allá fue la familia Fernández; a la localidad cubana de Pinar del Rio donde Araceli se encargó de traducir las comunicaciones de los tanquistas.

Araceli, traductora en Cuba, entre dos técnicos cubano y ruso
Araceli, traductora en Cuba, entre dos técnicos cubano y ruso

“Cuando en el 62 estalló la crisis de los misiles, conocí al Che. El Comandante había bajado de la sierra. Era un hombre fuera de serie: inteligente, humano, caritativo… ¡Y además era guapísimo!” Cuenta Araceli que cuando se encontraron, Ernesto Che Guevara se interesó por la historia de los Niños de la Guerra. “Me preguntó por mis padres. Yo le conté que llevaba casi treinta años sin verlos, que no sabía nada de ellos. Y él me contestó: ‘Pero si Cuba no ha roto relaciones con España’. Al cabo de una semana mis padres estaban en La Habana”.

Araceli estaba embarazada de su segundo hijo cuando volvió a ver a sus padres en el aeropuerto José Martí. “Mi padre tenía 76 años, mi madre 71. Y yo al verlos bajar por la escalerilla del avión, sólo lloraba. Había pasado tanto tiempo”. Con ellos estuvo cuatro meses y otros cuatro años en La Habana. Después regresó a la capital rusa donde se colocó en Radio Moscú, hasta su jubilación.

“Mi marido yo volvimos en el 69 a España, de vacaciones. Pero la policía franquista no nos dejaba en paz. Nos interrogaban sobre nuestro pasado en Rusia y en Cuba. Así que hicimos cruz y ralla y decidimos que hasta que no muriese Franco no volveríamos a España”. Con la mala suerte de que el marido de Araceli falleció sólo dos meses antes de que lo hiciese el dictador. No pudo ver Laureano su deseo cumplido. Y la palentina regresó sola a su Gijón de adopción.

Hoy es toda una institución en Asturias: presidenta de la Asociación Niños de la Guerra. De los 1.100 que aquel 23 de septiembre de 1937 partieron de Gijón, hoy apenas quedan treinta. Pero en unos días volverán a reunirse en el monumento que se levantó cerca de El Musel desde el que zarpó aquel buque carguero rumbo a Leningrado. “Porque como dijo Julio Cesar –exclama Araceli- la unión hace la fuerza. Y tenemos que estar unidos, también en la solidaridad con quienes hoy necesitan a un país de emigrantes y exiliados como lo fui yo”.

domingo, 16 de agosto de 2015

Una ceutí coronel del ejercito ruso


Francisco Sánchez Montoya en Historia de Ceuta y el protectorado español 16/8/15 
Cuando la ceutí África de las Heras cursaba sus estudios primarios en el Colegio de la Inmaculada, pocos podían pensar que acabaría sus días en Rusia con el grado de coronel. Nació el 27 de abril de 1909, al final de la actual calle Real -por aquel entonces Soberanía nacional- poco antes de llegar a la actual Plaza de Maestranza. Muy joven se marchó a la península, no sabemos exactamente cuándo fue, pero según algunos testimonios como el de Santiago Carrillo ella participó en la preparación de la huelga general de octubre de 1934 en Asturias. Tras militar en el PSOE y el PSUC fue captada por el servicio de información soviético (NKVD) durante la guerra civil española.

Estuvo implicada en el asesinato de Trotsky, participó como guerrillera en la URSS durante la Segunda Guerra Mundial, y fue una decisiva agente del KGB durante la guerra fría en Latinoamérica. Alcanzó el grado de coronel del KGB y está considerada una figura legendaria de los servicios de inteligencia de la extinta Unión Soviética.

Murió en 1988 y está enterrada en Moscú. África de las Heras fue condecorada por la Unión Soviética en varias ocasiones y terminó su carrera en los servicios secretos soviéticos como instructora de espías. África murió en Moscú el 8 de marzo, Día de la Mujer, de 1988 con el grado de coronel. Fue enterrada con honores militares en el cementerio de Kuntsevskoe.

África de las Heras fue la espía española más activa al servicio de la URSS durante cerca de medio siglo. María Pávlovna, María de la Sierra, Ivonne, Znoi, Patricia y Patria son algunos de los nombres que utilizó. Esta espía ceutí obtuvo numerosas condecoraciones de la URSS.

En 1956, Moscú envía a un nuevo jefe de espionaje para la zona, al qué África va a esperar a Buenos Aires. Ese mismo año, en aras del trabajo conjunto en favor de la URSS, se casará con él. Se trataba de Valentino Marchetti, en realidad Giovanni Antonio Bertoni, un italiano que huyó a la URSS en 1925 y volvió a Italia en 1944 para organizar una red de espionaje. Aunque en Moscú sostienen que, a pesar de ser un matrimonio de conveniencia, tuvieron una feliz vida familiar. Tras fallecer su marido, regresó aparentemente a Moscú en el otoño de 1967, pero salió al extranjero al menos en tres oportunidades más –en dos ocasiones, a Uruguay–, y el fin de su carrera como espía coincidió con el comienzo de su labor como instructora de agentes, en 1971, aunque permaneció en el KGB hasta 1985.

Durante la II Guerra Mundial, terminó unos cursos de radio y sirvió en un destacamento guerrillero donde le entregaron dos granadas, una pistola y un puñal: si corría peligro de ser tomada prisionera debía utilizar las granadas para destruir el radiotransmisor y el libro de claves antes de suicidarse. Lanzada en paracaídas, actuó en la retaguardia alemana a partir de mayo de 1942. Tras sus hazañas de guerra, en 1944 regresó a Moscú e ingreso en uno de los destacamentos del Comisariado de Seguridad de la URSS.

A finales de enero de 1946 pasa en automóvil de Berlín a París, donde se establece haciéndose pasar por refugiada. Un año después cruza la frontera franco-española, pero entonces Moscú decide enviarla a Uruguay, hacia donde parte en diciembre de 1948 y donde se establece como modista para no levantar recelos. Un año más tarde de su llegada se casa con el escritor uruguayo Felisberto Hernández. El matrimonio duró tres años hasta que se divorciaron. Luego se volvió a casar con un otro agente de la KGB, italiano, llamado Valentino Marchetti.

Ambos abrieron, como pantalla para sus actividades, una casa de compra y venta de antigüedades en el casco viejo de la ciudad de Montevideo. El Jefe del espionaje Vladimir Stanchenko confirmó la gran importancia de la ceutí en el entramado de la KGB al revelar, en julio de 1993, al diario El País que “después de la guerra, y hasta mediados de los años 70 fue responsable en Europa y América Latina de todo el entramado político.

SU TÍO, ALCALDE DE CEUTA
Julián Francisco de las Heras Jiménez, tío de África fue alcalde de Ceuta, entre 1907 y 1909, de profesión abogado. Fue asesinado el 11 de abril de 1936, sobre la una de la madrugada, de tres disparos, en una de las pronunciadas curvas de la calle Canalejas, cuando regresaba del Casino Africano. Según los diarios locales de esos días una expropiación de terrenos se barajó como móvil del asesinato. Tuvo una vida política muy activa, y cuando en 1931 se convocan elecciones municipales para el 12 de abril. Se presentó bajo las siglas del partido Concentración Monárquica Conservador. No obteniendo, los votos necesarios para poder ocupar un escaño en el nuevo ayuntamiento bajo la República. A Patria, seudónimo con el que África firmó sus informes cifrados a Moscú después de la II Guerra Mundial, parecían gustarle los mitos e inexactitudes. Por ejemplo, lo explica su autor, en Rusia se decía que era hija del general Manuel de las Heras. Quizá le parecía más interesante y romántico hacerse pasar por la hija de su tío, muerto en diciembre de 1930 a consecuencia de las heridas de bala que recibió cuando se enfrentó a los sublevados republicanos de Jaca. 

¿África de las Heras, implicada en el asesinato a Trotsky?
Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, fue amigo de África, y los documentos demuestran que estuvo implicada. Se conoce mucho la implicación de Caridad y Ramón Mercader en este asesinato en México, en 1940, y nada se conocía de la implicación de África en este operativo. Aunque ella no participó en la fase final que acabó con su vida, sí formó parte de todo el dispositivo de vigilancia y observación sobre Trotsky durante varios meses.

Stalin había dado la orden de asesinar a Trotski. Ella tomó una decisión en un momento determinado, en la Guerra Civil, pasando a trabajar con la Unión Soviética. Aunque estaba convencida de lo que iba a hacer, creo que se sacrificó tanto a la causa que en los últimos años de su vida se dio cuenta de eso. Su vida estuvo ligada a imposiciones de su vida clandestina.

Para que esta ceutí, fuera una espía tan destacada debería tener unas características especiales, que le hicieran ser diferente al resto. ¿Cuáles eran? Se trataba de una mujer inteligente, tenaz, muy comprometida políticamente, fría y calculadora, discreta, prudente… Eso le ayudó mucho en su labor. Era una comunista contumaz, convencida de su causa.

África mantenía una estrecha amistad con los compañeros comunistas españoles, Caridad Mercader y Ramón Mercader (madre e hijo), para llevar a cabo el plan. Ramón se había trasladado a Nueva York y de allí a México con el pasaporte de un brigadista canadiense fallecido, Frank Jackson, en septiembre de 1939.

Aunque la casa en la que vivía Trotsky estaba fuertemente custodiada, Ramón Mercader (conocido con el alias de «Jacques Mornard» lograría infiltrarse en su círculo ganándose la confianza de una de las secretarias de Trotsky, Silvia Ageloff, con la que incluso mantuvo un noviazgo formal premeditado y planeado para perpetrar el magnicidio. La tarde del asesinato, Trotsky se encontraba trabajando en su despacho cuando Mercader apareció con mal aspecto alrededor de las 17:20.

A pesar de quejarse de sed, llevaba sombrero y portaba un abrigo. Solicitó ver a Trotski para mostrarle un artículo. Con este pretexto subió al despacho y, mientras este se hallaba sentado, se acercó a él por la espalda y le clavó salvajemente un piolet en la cabeza, que extrajo de un bolsillo del abrigo. El grito de Trotski se oyó como un estruendo en toda la casa; sus custodios acudieron rápidamente pero no se pudo hacer nada. Logró derribar a su asaltante, salir de la habitación y comunicar a su esposa la identidad del asaltante antes de caer desvanecido. Cayó en coma y falleció al día siguiente, 21 de agosto de 1940, en un hospital de la Cruz Verde. Cabe señalar que a sus exequias, celebradas en la capital mexicana, asistieron cerca de trescientas mil personas, en una ciudad que por aquel entonces contaba con unos cuatro millones de habitantes. Su asesino fue condenado a diecinueve años de prisión; liberado en 1960, la Unión Soviética le otorgó la condecoración de Héroe de la Unión Soviética.

María Pávlovna, Ivonne, Znoi, Patricia, Patria…
María Pávlovna, Ivonne, Znoi, Patricia y Patria son algunos de los nombres que utilizó África de las Heras en su faceta como espía en el KGB. Ella ha sido protagonista de varios libros, – incluso me atrevo apuntar que el libro “Tiempo entre Costuras”, en ciertos aspectos, tiene algo de nuestra paisana África. El periodista Javier Juárez, es una de las personas que mejor conoce su vida, él escribió un exitoso libro titulado “Patria. Una española en el KGB”.

Manifestó que esta ceutí, fue una espía muy importante a nivel internacional. Juárez detalla cómo llevó a cabo la compleja investigación para escribir esta obra y dejar fiel testimonio de quien fue una de las agentes con mayor relevancia internacional. A medida que iba investigando, me di cuenta de que se trataba de una vida apasionante, eso fue lo que me llevó a seguir con la investigación, a narrarla en un libro y a publicarla.

Cuando empecé a investigar no había casi nada publicado sobre ella. Había una fuente de información que desgraciadamente sigue vetada, son los archivos de Moscú del KGB. Esa fuente, que es oficial, es discutible hasta cierto punto porque no todo lo que consta en este tipo de archivos, lo digo por experiencia, es verídico. No obstante ahí teníamos una veta, un filón, que desgraciadamente no se puede consultar. A medida que fui investigando, pude entrevistar a personas que bien directa o indirectamente la habían conocido.

Trabajé en archivos españoles, el Histórico Nacional y en el de la Guerra Civil de Salamanca y después contacté en Uruguay, que fue el país donde estuvo más tiempo además de en España, con personas que la conocieron directamente. Esa mezcla de archivos, entrevistas y algunos artículos sueltos, me sirvió para reconstruir el puzzle.

La familia de las Heras era muy conocida e importante en Ceuta, pero sólo hay familiares en un grado bastante lejano. Tuvo una hermana, que se llamaba Virtudes, que murió en Tánger. El espionaje por sí mismo no es un elemento suficientemente atractivo como para escribir un libro sobre alguien. Pero en el caso de África se da una serie de circunstancias muy singulares y particulares.

En primer lugar, que fuera mujer, algo que no es frecuente en los servicios de inteligencia, menos aún en los soviéticos, que estaban bastante dominados por los hombres. Lo segundo que me llamó la atención fue que África llegó a ser nada menos que coronel en el KGB.

África de las Heras llegó a ser coronel en la KG. Fue reconocida por sus jefes en Moscú. Eso dice mucho de ella, por el hecho de cómo fue reconocida por sus jefes en Moscú porque no era en absoluto fácil ser coronel del KGB en los años de la Guerra Fría. Sólo gente de la máxima confianza o personas que prestaron grandes servicios a Inteligencia llegaba a ese grado. De hecho sólo hay dos españoles que lo fueron, uno es ella y el otro Ramón Mercader

martes, 23 de junio de 2015

Una deuda con Josefina Iturrarán

Josefina Iturrarán
 
Pilar Bonet - Las Atalayas blog de El País | 09 de junio de 2015
Josefina Iturrarán se hubiera alegrado de saber que por fin ha sido erigido un monumento en memoria de los españoles que perecieron en el lager estalinista de Karagandá (Karlag), en la estepa de Kazajistán. A Iturrarán le corresponde el mérito de haber realizado la primera sistematización de los campos (dependientes del ministerio del Interior de la URSS o NKVD y del GULAG), donde estuvieron internados presos españoles a partir de 1941 y hasta los años cincuenta. Fue a mediados de la década de los noventa, hace más de veinte años, cuando, por encargo de EL PAIS, la investigadora trabajó durante varios meses en el archivo del Centro de Conservación de Colecciones Histórico-Documentales (antiguo archivo especial secreto fundado en 1946 para usos policiales políticos y judiciales, abierto al público en 1991).
 
Iturrarán emprendió la titánica tarea de examinar centenares de miles de fichas de presos de numerosas nacionalidades y estableció que los españoles habían estado internados en un mínimo de 20 campos a lo largo y ancho de la geografía soviética, desde Odessa y Donetsk, en Ucrania, hasta Ajmólinsk y Karagandá, en Kazajistán. Josefina descubrió además la orden secreta por la que el comisario del Interior Lavrenti Beria, el 26 de junio de 1941, había mandado internar en el campo de Norilsk, en el Círculo Polar Ártico, a varios contingentes de españoles residentes en la URSS. Al día siguiente fueron detenidas las tripulaciones de los mercantes de la República Española fondeados en Odessa.
 
El resultado de su trabajo fue “Una deuda con la historia”, un artículo publicado en EL PAIS el 12 de marzo de 1995, en el que Iturrarán pasaba revista al destino de los detenidos, marineros, pilotos, “niños” y emigrantes políticos, a los que se añadieron combatientes de la División Azul, algunos de los cuales se habían alistado precisamente para pasarse a la URSS.
 
Creía Josefina que, para cerrar ese doloroso periodo histórico, era necesario construir un monolito en memoria de los españoles en alguno de los campos por donde pasaron. En Karagandá su deseo se ha cumplido, pero ella ya no está entre nosotros para verlo.
 
La “niña de la guerra” que salió de Guernika en 1937 pocos días antes del bombardeo alemán, falleció en Moscú el 27 de enero de 2014 a los 90 años de edad.
 
Nos enteramos de su muerte con imperdonable retraso. Ucrania, en plena efervescencia,nos mantenía alejados de Moscú; en los últimos años, Josefina se empeñaba en no descolgar el teléfono y, además, había dejado de visitar el Centro Español. Apasionada e imaginativa, Iturrarán fue mujer de muchos talentos. Tras su llegada en barco a Leningrado en 1937 pasó por varias casas de niños de diferentes localidades hasta llegar a Odessa, ciudad donde estudió y donde tomó lecciones de canto. En 1940 se trasladó a Moscú, donde fue admitida en el conservatorio poco antes de que los alemanes invadieron la URSS en junio de 1941. Junto con otros niños españoles, huyó a Siberia y de allí, a Uzbekistán, en Asia Central, donde participó en la cosecha del algodón y comenzó estudios de Pedagogía.
 
De vuelta a Moscú se licenció en el Instituto de Lenguas con diploma de honor en 1952-53. Trabajó en el Instituto de Ciencias Sociales adjunto al Comité Central del PCUS y, ayudó a alfabetizar a militantes comunistas internacionales que, en un ambiente de clandestinidad e inscritos con nombres falsos, se preparaban para la revolución. Después pasó a la Academia Diplomática, de donde se jubiló en 1987. Conoció a Fidel Castro y al Che Guevara, grabó discos con canciones de Federico García Lorca, cantó para la Pasionaria, que apreciaba mucho su voz, para Pablo Neruda y para Rafael Alberti.
 
A lo largo de su vida, Iturrarán realizó múltiples investigaciones. Rescató las obras inéditas del músico Vicente Martín y Soler, que vino a Rusia invitado por Catalina la Grande en el siglo XVIII, y también correspondencia y grabaciones de Pablo de Sarasate y Pau Casals, asiduos de Rusia antes de la revolución de 1917, y fotografías y manuscritos de Rafael Alberti entre muchas otras cosas.
 
Josefina estaba especialmente satisfecha de haber conseguido que una calle de la ciudad de Nizhni Nóvgorod (en el Volga) fuera bautizada con el nombre de Agustín de Betancour, el ingeniero canario que desarrolló las obras públicas en Rusia a principios del XIX. Para conseguirlo, Iturrarán mantuvo cuatro años de correspondencia con Boris Nemtsov, cuando este político, asesinado el pasado febrero, era el gobernador de la provincia de Nizhnni Nóvgorod. Nemtsov, según explicaba Josefina, entendió que era importante honrar la memoria del artífice de los planos de recinto de la feria local.

Josefín investigó también la figura de José de Ribas, el fundador de la ciudad de Odessa en el siglo XVIII, quien luchó contra los turcos al frente de una flotilla de cosacos y estuvo aparentemente implicado en el compló que acabó con la vida de Pavel I.

Por sus méritos en la recuperación de la cultura española en Rusia, fue condecorada con al orden de Isabel la Católica.

La enterraron en el cementerio de Novodévichi, sin que pudiera llegar a cumplir su anhelo de ir a España, como dijo en una ocasión, para tener “un rinconcito con una cama y una mesa donde yo pueda escribir mis memorias y recuerdos y venga una persona una vez al día a traerme unos garbanzos”.

viernes, 15 de mayo de 2015

Natalia Kharitonova, autora de "Edificar la cultura, construir la identidad. El exilio republicano español de 1939 en la Unión Soviética"


 
Cazarabet conversa con... Natalia Kharitonova, autora de "Edificar la cultura, construir la identidad. El exilio republicano español de 1939 en la Unión Soviética" (Renacimiento)
 
Natalia Kharitonova desde la colección la Biblioteca del Exilio de Editorial Renacimiento se acerca al exilio republicano español en la Unión Soviética en 1939.
 
Lo que nos dice la editorial, Renacimiento, de este libro de la colección Biblioteca del Exilio:
Edificar la cultura, construir la identidad es un estudio panorámico de las prácticas culturales del exilio español en la Unión Soviética, desde 1939 y hasta los años setenta. Basado en los materiales procedentes de los archivos rusos y españoles y en los testimonios personales, reconstruye las actividades culturales de los niños españoles en la URSS, del Club y del Centro Español de la Unión Soviética, y además arroja luz sobre la historia de las redacciones españolas de la editorial Progreso y la revista La Literatura Internacional.
 
La autora, Natalia Kharitonova:
Natalia Kharitonova (Moscú, 1972) es doctora en Filología Hispánica por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Profesora del Departamento de Filología de la Escuela Superior de Económicas (HSE) de Moscú e investigadora del Departamento de Literatura Contemporánea de Europa y América del Instituto de Literatura Mundial Máximo Gorki de la Academia de Ciencias rusa. Miembro del Grupo de Estudios del Exilio Literario (GEXEL) de la UAB, ha dedicado sus investigaciones a las relaciones literarias y culturales entre Rusia y España, y Cataluña en el siglo XX, especialmente a la revista Octubre, María Teresa León, Andreu Nin y Ramón J. Sender. Ha publicado diversos estudios sobre el exilio republicano español de 1939 en la Unión Soviética, así como la primera edición de Cuentos de Madrid, de César Arconada (Renacimiento, 2007).
 
 
 
Cazarabet conversa con Natalia Kharitonova:
 
- ¿Cómo, en general, se fue asentando el exilio republicano en la Unión Soviética, entre aquellos exiliados que obedecían más a ser exiliados con una "alta carga" de "lo cultural" y que venían con el miedo a una represión fascista y el escarmiento de ver y ser los testigos de una guerra?
 
- Delante de "los españoles del éxodo y del llanto" que se marcharon a Rusia, se abrió un país muy lejano, desconocido, muy distinto culturalmente. Llegaron con la dolorosa experiencia de la derrota y con mucha incertidumbre, pero también con mucha ilusión. Hay numerosos testimonios del entusiasmo que experimentaron tras su viaje a la Unión Soviética. No olvidemos que iban a la "gran patria del socialismo", y es que era algo que formaba parte de sus ideales, algo en que sinceramente creían. Una visión más realista del entorno se consolidaría más tarde, tras años de vicisitudes inevitables de adaptación. Con todo, en 1939 la URSS no constituyó un destino que siguió un gran número de intelectuales o artistas exiliados, inicialmente fueron muy pocos, como, por ejemplo, César Arconada, Eusebio Cimorra, Alberto Sánchez o José Sancha. No obstante, varios republicanos que antes no se dedicaban a las artes ni las letras, en el exilio soviético tuvieron la oportunidad de desarrollar su potencial, también en el campo cultural e intelectual. Por eso deberíamos tener en cuenta esa permanente reconfiguración cultural y social de la comunidad exiliada en la URSS que primero enriqueció la cultura del país de acogida y, años más tarde, la de España obsequiándola con unos excelentes traductores del ruso, conocedores de la cultura y literatura de su "segunda patria", profesores universitarios, profesionales del teatro y del cine, artistas.
 
-El exilio, después de la pérdida de una guerra es de lo más doloroso, pero vamos a ver ¿una vez se huye del país con una fuerte carga cultural y se van poniendo cimientos culturales en el país de acogida se va haciendo, también, para hacer hasta como más "llevadero" el exilio?
 
- Sin duda, fue así. Los exiliados llenaron sus momentos de ocio con montajes teatrales, canciones españolas, bailes acompañados de guitarra por los que no pocos de ellos sentían afición o veladas en las que recitaban poemas improvisados. Menciones de ese tipo de actividades se encuentran en memorias de Luis Galán o Ramón Barros, en cartas de Augusto Vidal, César Arconada, o en otros documentos. Era una manera de divertirse y conectar el pasado con el presente, echar un puente entre el espacio que dejaron atrás y el que les acogió.
 
-Si en el país que acoge al exilio y, también, al exilio cultural se deja hacer…El exiliado puede reconstruir y reencontrarse, otra vez, más pronto, mejor y con más garantías con todas las fases de la identidad, ¿verdad?
 
- La construcción indentitaria es un proceso complejo y dinámico que nace a raíz de la interacción de numerosos elementos, y en este sentido tiene importancia tanto el nuevo medio cultural como la comunidad exiliada y un individuo en concreto. Por ejemplo, la sociedad soviética de los años treinta tenía su particular idea de España, cuyos orígenes remontaban a la literatura del romanticismo francés y que poco o nada tenía que ver con la España real. Naturalmente, cuando los españoles republicanos vinieron a Rusia, tuvieron que enfrentarse a los tópicos y explicar una y otra vez que la España operística de George Bizet no es nada más que una creación artística francesa y les resulta ajena. No es casual que César Arconada emprendiera la tarea de componer una "ópera española" bajo el título de La Nueva Carmen, con una marcada diferencia de la antigua Carmen bizetiana. La identidad colectiva, que la comunidad exiliada iba perfilando a lo largo de varios años de su vida en Rusia, recogía tanto elementos étnicos como políticos, pues se identificaban como españoles y republicanos. También hicieron su importante contribución al canon cultural y literario republicano del exilio de 1939.
 
-Pero ¿cómo vamos reconstruyendo esa identidad?
 
- Lo más interesante fue descubrir el mundo del exilio republicano en la URSS en toda su complejidad. Tuve la enorme suerte de manejar todo tipo de fuentes: cartas, documentos, noticias de prensa de la época, fotografías, memorias. Y, naturalmente, sin entrevistas a los propios españoles que vivieron en la Unión Soviética mi estudio sería incompleto. Así, a base de muchas informaciones poco a poco se iba revelando la autorepresentación del exilio. El punto de partida fue la idea de la "hazaña" de los españoles en la URSS. Luego, había que comprender en qué consistió, cuál fue la aportación cultural de los españoles a la sociedad soviética, sin dejar de lado las actividades culturales que desarrollaron en sus instituciones como puede ser el Club Español o el Centro Español en la Unión Soviética. Todos estos datos nos permiten comprender qué elementos forman parte de la identidad del exilio republicano de 1939 en la URSS.
 
-Es necesario poder realizar estos ensayos, estudios, investigaciones y demás para poder entender mejor cómo fue el exilio en general y, en particular, poder sumergirse a entender mejor el exilio cultural….
 
- Naturalmente, el primer paso para la comprensión es la reconstrucción histórica, a partir de ahí es posible profundizar cada vez más en el fenómeno del exilio republicano de 1939. Y es más, es posible decir que el siglo XX fue todo un siglo de exilios y emigraciones, lo que permite ahora a los investigadores plantear los estudios del exilio que apliquen una perspectiva comparativa o transnacional con tal de acercarse a lo que el exilio representa en general y también lo que es en su faceta cultural. El exilio español de 1939 tampoco fue el único exilio en la Unión Soviética, pero, por ejemplo, el exilio alemán en el mismo país y de la misma década está mucho mejor estudiado. Es de esperar que con el tiempo la situación se iguale.
 
-¿Qué tuvo éste, de particular, cuándo llegó y se desarrolló en la URSS?
 
- Fue una comunidad bastante compacta, de militancia comunista en su mayoría, pues, se sabe que para salir a la Unión Soviética un refugiado español tenía que estar respaldado por una recomendación de un compañero del Partido.
 
-Explícanos el exilio cultural que estuvo en la URSS; ¿tuvo muy a ver con el comunismo?; ¿estuvo muy vinculado desde siempre a esta corriente política o hasta se pudo ver como "amordazada" por él…?
 
- El exilio español que estuvo en la URSS tuvo mucho que ver con el comunismo, pues la sociedad en la que venían a residir estaba dirigida por un solo partido y era un partido comunista, así que otra opción simplemente no estaba contemplada. Otra cosa es la trayectoria personal de cada uno. El caso de Jesús Hernández podría representar uno de los caminos que un militante comunista pudo hacer tras su estancia en la URSS, no obstante, cabe resaltar que tampoco puede considerarse como ejemplar. Al mismo tiempo hubo muchos otros exiliados que mantuvieron su ideal comunista intacto y afirmaron incluso años después que seguían siendo comunistas, lo que impide verlos como la gente amordazada o manipulada. Confío modestamente en que mi estudio permita ampliar y matizar la visión del exilio español republicano de 1939 y la de la sociedad soviética, ofrecer un repaso de aquellas oportunidades que la URSS les brindó a los españoles exiliados, y asimismo valorar la aportación que los españoles en su exilio soviético hicieron a la cultura en Rusia.

martes, 9 de diciembre de 2014

Los últimos 'niños de la guerra'

Una clase de gimnasia en la casa de acogida de la calle Pirogvskaya, en Moscú, en 1938
 
En Rusia y Ucrania quedan 171 supervivientes de los niños españoles que llegaron en 1937 para salvarse de la Guerra Civil. De los adultos que combatieron a Hitler ya no queda nadie con vida
 
El País / Pilar Bonet 9 MAY 2010
Rusia celebra hoy el 65º aniversario de la victoria en la "Gran Guerra Patria", como se denomina aquí la II Guerra Mundial. En la Plaza Roja estarán veteranos extranjeros que lucharon contra Hitler, pero habrá un vacío, el de los españoles que combatieron bajo la bandera de la URSS como aviadores, soldados, partisanos y guerrilleros. El último residente en Rusia de ese grupo curtido y condecorado, Ángel Grandal-Corral, de 83 años, falleció el 25 de marzo en Podolsk, cerca de Moscú. Aquel recio marino de Baracaldo, que patrullaba Gibraltar en el destructor Churruca, estuvo en los servicios de seguridad soviéticos y operó en un destacamento especial en la retaguardia alemana. "Ángel siempre fue un razvedchik (agente) y no relataba sus gestas", afirman conocidos del lacónico vasco al que atribuyen legendarios sabotajes y voladuras.
 
En diciembre murió en Madrid José María Bravo, que se formó como piloto en la URSS y fue uno de los aviadores que acompañó a Stalin a la conferencia de Teherán. Nacido en 1917, poseía la medalla del Valor, la orden de la Guerra Patria y de la Estrella Roja. Lideró la asociación "Veterani", que fomentó los vínculos económicos entre España y los países postsoviéticos.
 
Varios "niños de la guerra" (en Rusia y en Ucrania) compartieron sus recuerdos con EL PAÍS en vísperas del aniversario. Llegaron en barco a Leningrado en 1937, los alojaron en "casas de niños" y en su memoria se amalgaman dos guerras: un paisaje de bombas incendiarias, hambre insaciable, huidas eternas en barco y en tren y hermanos o compañeros que fueron víctimas del tifus, la tuberculosis y el hambre o que simplemente desaparecieron al soltarse de la mano.
 
Mercedes Coto, de 85 años, es una blokadniza (veterana del bloqueo) de Leningrado (septiembre, 1941-enero, 1944). Ella y Joaquina, de 81, recuerdan a Manolo, el hermano recién fallecido. Procedían de un pueblo de Asturias. En la URSS las separaron. Mercedes vivió en una casa de niños de Leningrado y ayudaba a operar a los heridos del frente en un hospital. Recuerda los cadáveres amontonados sobre el río Neva helado y el hambre que mató al compañero Salvador Puente. En 1943, aprovechando la ruptura del cerco, la mandaron al Cáucaso, donde el ejército alemán capturó a un grupo de niños (repatriados con posterioridad a España desde Alemania). Por las montañas llegó hasta Sujumi, en el mar Negro, y allí los soviéticos la encarcelaron por indocumentada. La liberaron después de que los niños capturados por las tropas hitlerianas en el Cáucaso contaran su odisea en una emisora alemana. Desde Tbilisi, en barco por el Caspio y como polizón de trenes por la estepa asiática, llegó a Samarcanda. En Miass, en los Urales, bailó jotas para el Fondo de Defensa de la URSS.
 
"Tras de ti marcharemos, Stalin, por la línea que Lenin trazó...". Las hermanas Coto entonan la estrofa inicial de la canción compuesta por los niños Julio García y Ángel Madera. Stalin premió su creatividad con un reloj. "La cantaban en todas las casas de niños españoles de la URSS", afirma Joaquina. Madera pereció en el frente de Leningrado.
 
En su huida, Mercedes encontró generosidad: la tía Masha, que la salvó de morir de diarrea en Samarcanda. Y frío cálculo: la aldeana del Cáucaso que le pidió la bata por un plato de sopa. Tras la guerra, Mercedes trabajó en una fábrica de Moscú. Por su condición de blokadniza, reconocida recientemente, recibe una pensión rusa de 25.000 rublos (equivalente a 650 euros), complementada con otra española. Joaquina enseñó francés en un pueblo montañoso de Daguestán, donde se desplazaba en burro, y después trabajó en Radio Moscú.
 
El destino dispersó a los niños. Les enviaron a lugares de donde Stalin había expulsado a otras comunidades por temor a que apoyaran al enemigo. Así, llegaron a la antigua República de los Alemanes del Volga, de donde fueron deportadas 367.000 personas, y a Crimea, de donde en 1944 fueron expulsados los tártaros. Francisco Mansilla, el director del Centro Español de Moscú, recuerda su estancia en Bassel, donde se alimentaban de los comestibles dejados por los alemanes, incluido el "sabroso aceite de hígado de bacalao" que el director de la casa de niños le requisó.
 
En Izium-2, en las cercanías de Járkov (Ucrania), vive Tomasa Rodríguez, 81 años, que de niña pasó "frío, hambre y miseria" en la aldea alemana de Kukkus. Tomasa es la última española de Izium-2, donde vivieron unos 40 niños de la guerra empleados en la fábrica de óptica local. Tiene tres hijos, uno de ellos trabajando en Barcelona. "Si no fuera por España, estaría en la ruina", afirma esta mujer que cobra una pensión española de 1.700 euros cada tres meses y otra pensión de Kiev de 950 grivnias (unos 120 euros).
 
La vasca Josefina Iturrarán, de 87 años, cuenta que, al estallar la guerra, desaparecieron los educadores de su casa de niños de Odessa. Josefina reprocha a los dirigentes del Partido Comunista de España el "habernos dejado solos y haberse olvidado de nosotros". Fue evacuada por Siberia y Asia Central en un vagón sin cristales. El trayecto, de 38 días, concluyó en Samarcanda, donde "se acababa la vía".
 
A Antonio Herranz, de 83 años, de Baracaldo, lo enviaron a Eupatoria, en Crimea, y de allí hacia Stalingrado bajo las bombas alemanas, y por el Volga, hasta Engels y Orlovskoye, donde aprendió a ordeñar vacas y sembrar la tierra. Recuerda Herranz el tocadiscos de Afanasi Kisiliov que, de profesor en la embajada soviética en París, se convirtió en director de una casa de niños y organizador del trabajo agrícola en las haciendas abandonadas por los alemanes en Orlovskoye. Los adolescentes fueron enviados a las fábricas y Herranz fue tornero en Marx-Stadt, cerca de Sarátov. A los 14 años fabricaba armas y comía una vez al día. En el Centro Español de Moscú se guarda la memoria de vidas -breves y largas- golpeadas por dos guerras. También la de los miembros de la División Azul que se pasaron al Ejército Rojo y tras internamientos a veces muy largos se integraron en la URSS, en gran parte en Tbilisi.
 
De la contienda española a la URSS
Unos ochocientos españoles lucharon por la URSS en la Segunda Guerra Mundial. Según datos del Centro Español en Moscú, 151 cayeron en combate y 15 desaparecieron en el frente. Si se suman las víctimas de las secuelas bélicas, hubo 420 muertos.
 
A raíz de la Guerra Civil (1936-1939) llegaron a la URSS 4.299 españoles: 891 emigrantes políticos, 157 alumnos pilotos, 67 marineros, 122 acompañantes, 2.895 niños en expediciones y otros 87 con sus padres, además de 27 capturados por el Ejército Rojo en Europa, y 51 procedentes de la División Azul. El historiador Andréi Elpátevski estima que 6.402 españoles (más de 3.000 niños) emigraron a la URSS desde los años veinte a los cuarenta. De ellos, 278 civiles fueron considerados sospechosos, incluidos los apresados en Europa. Además hubo entre 452 y 484 prisioneros de guerra, en su mayoría de la División Azul. Por delitos varios fueron condenados 250 españoles, entre ellos, 69 prisioneros de guerra e internados y 155 educadores castigados sobre todo por hurtos, subraya Elpátevski. Detrás de los robos, el hambre.
 
Un centenar de ex combatientes españoles vivían en 1985 en la URSS; un cuarto de siglo después, todos han muerto. A principios de mayo, en Rusia y en Ucrania quedan 152 y 19 "niños de la guerra", respectivamente. Felipe Álvarez, el último ex combatiente español residente en Ucrania, falleció en 2008.
 

jueves, 30 de octubre de 2014

"Nos salvaron de la guerra, pero nos perdieron para siempre"

Mesa redonda sobre el exilio infantil en la Guerra Civil española
  • El Museo de la Autonomía de Andalucía acoge mesas redondas sobre el éxodo infantil durante la Guerra Civil española en el marco de la exposición Entre España y Rusia. Recuperando la historia de los niños de la guerra.
  • En La conciencia del exilio infantil: los niños de Morelia y del Winnipeg, tres expertas analizaron estas dos rutas hacia América y cómo estos protagonistas involuntarios crearon un "profundo impacto en la opinión pública internacional".

El encuentro contó con la participación de una de las principales expertas en la materia, la catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, Alicia Alted. También su homóloga en la Universidad de Huelva, Encarnación Lemus, y la profesora titular de Historia Contemporánea de la Universidad de Sevilla, Inmaculada Cordero. Profundizaron, en La conciencia del exilio infantil: los niños de Morelia y del Winnipeg, sobre estas dos rutas hacia América.
 
'Ayudemos a los niños españoles'
"El concepto 'niños de la guerra' hace referencia a quien vivió su infancia en el marco de un conflicto bélico y además sufrió directamente sus consecuencias, que les marcaron de por vida", define Alicia Alted. En la contienda española serán "unos de los grandes protagonistas" y crean un "profundo impacto en la opinión pública internacional". Numerosos países se organizan en una campaña, 'Ayudemos a los niños españoles', hasta el punto de fraguar el concepto de "ayuda humanitaria".
 
Al llamamiento del Gobierno de la República responden Francia, Inglaterra, Suiza, Unión Soviética y México. Otros como Holanda, Países Bajos, Noruega y Suecia apoyan colonias de niños en suelo francés o se acogen a sistemas de apadrinamiento "muy usuales en Bélgica". También había colonias en zonas republicanas que el avance de la guerra hace cada vez más complicadas.
 

En marzo de 1937 salen los primeros 400 niños evacuados. Durante ese año, a Francia llegaron "unos 20.000, de los que en junio del 38 quedaban 11.000". Cuando se produce el éxodo masivo de febrero del 39 "de casi medio millón de personas por la frontera francesa, unas 170.000 eran población civil y de estos unos 68.000 eran niños", refiere Alted. Los dibujos reflejaban "esos pájaros mortíferos que a los niños fascinaban y que eran también un elemento de destrucción y tristeza".
 
Dibujo de un niño que recoge bombardeos durante la Guerra Civil española.
Dibujo de un niño que recoge bombardeos durante la Guerra Civil española

 
"Morelia no estaba muy bien elegida"
Las vivencias serán muy diferentes entre uno y otros casos. Los conocidos como "niños de Morelia" fueron un grupo conformado por 456 menores de edad, hijos de republicanos, que partieron en 1937 en barco con bandera francesa con destino a México. Mientras, el Winnipeg fue fletado por Pablo Neruda desde Francia con destino a Chile y en él embarcaron, pese a las numerosas dificultades más de 2.000 exiliados españoles. Todo en el clima prebélico que precede a la II Guerra Mundial.
 
México es el gran país de acogida en América Latina. "La historia de los niños de Morelia es, como el chocolate –proyecta Inmaculada Cordero–, muy amarga y con momentos dulces". Un exilio asociado además "a un mito intocable en México": el presidente Lázaro Cárdenas. A propuesta del Comité Latinoamericano de Ayuda al Pueblo Español "acepta recoger a 500 niños con dos condiciones, que tuvieran entre tres y 15 años y un certificado de salud".
 
"Todas las escenas las recuerdo sin brillo, como si en todo ese tiempo no hubiese estado el sol. Algunos compañeros no recuerdan nada de esos días", escribía un niño sobre un viaje "triste y difícil". Llegaron a una población "pequeña, conservadora, católica… Morelia no estaba muy bien elegida". Sinsabores para quienes, en muchos casos, no regresaron jamás a sus hogares de nacimiento.
 
Winnipeg, el carguero mitificado
La evacuación a Chile está "mitificada por la participación de Pablo Neruda", cuenta Encarnación Lemus. Aun así, recuerda, "es de los grupos que menos atención recibe". El barco era "un carguero de una compañía que crea el Partido Comunista francés para burlar el acuerdo de no intervención y auxiliar a la España republicana". Para esa intervención, "se readapta para que la carga sean personas".

El 3 de septiembre de 1939 el Winnipeg arriba a Valparaíso, Chile. Los relatos inciden en una travesía dificultada por "el boicot internacional, las dificultades para abastecer… sufrieron todo tipo de retenciones", apunta Lemus. Como los "cinco días varados ante el Canal de Panamá". Ni Francia ni Chile habían pagado el paso.
 
La exposición  Entre España y Rusia reconstruye ese éxodo infantil a través de las vivencias de sus protagonistas involuntarios, de sus testimonios orales y escritos. En la programación complementaria, el 23 de octubre tendrá lugar una nueva mesa redonda que pondrá el foco en este episodio histórico desde un enfoque de género, profundizando en El exilio en femenino.
 
Araceli Ruiz Toribios, una "niña de la guerra", explicará "qué sintieron en su diáspora y cómo reconstruyeron sus vidas fuera de España y sin sus familias". Estuvo 43 años en Rusia, con un paréntesis de siete en el que trabajó como traductora en Cuba. Ahora es presidenta de la Asociación Asturiana Niños de la Guerra. Participará también la catedrática de Historia Contemporánea de la Universidad de Salamanca, Josefina Cuesta, experta en historia de la mujer en los movimientos migratorios contemporáneos. Como decían: "Los vencedores no tienen historia (trágica), solo los vencidos pueden describir amargamente la suerte injusta que han sufrido".

domingo, 7 de septiembre de 2014

Exposición en Sevilla "Entre España y Rusia. Recuperando la memoria de los niños de la guerra"

 
Estimados compañeros y compañeras:
 
Recién estrenado el curso, es un placer para nosotros comunicaros el nuevo viaje de nuestra exposición itinerante “Entre España y Rusia. Recuperando la historia de los Niños de la Guerra”. En esta ocasión la muestra se trasladará hasta Sevilla donde permanecerá tres meses en el Museo de la Autonomía de Andalucía.
 
Con la presente comunicación os invitamos a visitar la exposición en su nuevo destino en la siguiente dirección: Sala de exposiciones temporales del Museo de la Autonomía de Andalucía (Avda. Blas Infante, s/n, Coria del Río-La Puebla del Río, Sevilla), donde estará desde el 18 de septiembre hasta el 28 de diciembre de 2014, en horario de martes a viernes de 10 a 14 h. y de 17 a 20 h. y los sábados y domingos, de 10 a 14 h.
 
Asimismo, durante estos meses se celebrarán en el marco de la muestra tres mesas redondas en las que diversas especialistas reflexionaran sobre distintos episodios del éxodo infantil y, concretamente, sobre el exilio de los Niños de Rusia. Dichas ponencias estarán acompañadas, en algunas ocasiones, del testimonio de sus verdaderos protagonistas, los conocidos como “Niños de la Guerra”. El programa será el siguiente:
 
18 de septiembre de 2014, 19:30 h.: Crónica de un destierro: los Niños de Rusia. Intervendrán: Verónica Sierra Blas (Universidad de Alcalá) y Magdalena Garrido Caballero (Universidad de Murcia)
 
8 de octubre de 2014, 19:30 h.: La conciencia del exilio infantil: los Niños de Morelia y del Winnipeg.
Intervendrán: Encarnación Lemus López (Universidad de Huelva), Alicia Alted Vigil (Universidad Nacional de Educación a Distancia, UNED) e Inmaculada Cordero Olivero (Universidad de Sevilla).
 
23 de octubre de 2014, 19:30 h.: El exilio en femenino.
Intervendrán: Josefina Cuesta Bustillo (Universidad de Salamanca) y Araceli Ruiz Toribios (“Niña de la Guerra”, Asociación asturiana “Niños de la Guerra”).
 
En el documento adjunto podéis consultar toda la información relativa tanto a la exposición como a los actos que tendrán lugar con motivo de la misma.
 
Tras su paso por Alcalá de Henares, Salamanca, Murcia, Segovia, Madrid y Santander, esperamos que la exposición continúe su recorrido por la geografía española y poder contar con vosotros en esta o en la siguiente ocasión. Os rogamos que le deis la máxima difusión a este evento.
 
Un cordial saludo,
 
Verónica Sierra Blas
Directora Científica
 
 

jueves, 19 de junio de 2014

"Corredor de la vergüenza" de los diputados de Ucrania - "Коридор позора" для депутатов Украины

 
 
La diputada Inna Bogoslovska humillada por los nazi-fascistas y obligada a arrodillarse para llegar a la Rada Suprema, sede del Parlamento de Ucrania. Esa es la "democracia" que vende y apoya nuestro gobierno, la Unión Europea y los Estados Unidos.
 
"Коридор позора" для депутатов Украины - РЕАЛЬНОСТЬ.Новости

Депутат украинского парламента Инна Богословская с трудом попала в здание Верховной Рады, которое с утра пикетируют люди с требованием перевыборов в законодательный орган. Путь к Раде собравшиеся выложили портретами депутатов, по которым Богословская пройти отказалась. Наблюдал герой РЕАЛЬНОСТИ Андрей Ковалевский.

lunes, 16 de junio de 2014

El regreso de las exiliadas a España (sexta mesa redonda)


El regreso de las exiliadas a España (sexta mesa redonda)

Dirección: Abdón Mateos López
Coordinación: Giulia Quaggio
UNED. Facultad Geografía e Historia
Senda del Rey, 7, Madrid, Planta -1, SALA B

18 de junio de 2014 a las 12 horas

La mesa redonda plantea una reflexión plural sobre el retorno de las exiliadas de la diáspora de 1939 a la España franquista. Se debatirá sobre exiliadas de dos paises de acogida, México y la URSS, cuyas características marcaron el tipo de retorno a la patria de estas mujeres: en primer lugar las exiliadas que formaron parte de la minoria de la República, que realizaron una actividad intelectual en la guerra y la continuaron con altibajos en el exilio y a su regreso a España. Veremos el caso de la escritora Cecilia Guilarte (1915-1989), que fue reportera de la CNT durante la guerra civil. Estuvo exiliada en México hasta 1964 y trabajó luego como escritora y periodista al regresar a su Tolosa natal. En segundo lugar, el exilio de as niñas de la URSS, que en el retorno se encontraron prácticamente sin apoyos familiares ni sociales y con el rechazo de la España franquista.

 Los retornos del exilio a la España democrática
 En 1977, el año en que se celebraron las primeras elecciones democráticas, el retorno de los exiliados republicanos de 1939 se convirtió en uno de los temas políticos más en boga del momento, considerado en la perspectiva de un objetivo compartido por una amplia mayoría y que no era sino el de ensalzar el proceso de transición política y legitimar la reconstrucción de un espacio público democrático. A pesar de este paradójico interés público que la propia época demostraba, el retorno y la reintegración social y cultural de las personas que se vieron obligadas a huir del país durante la dictadura siguen siendo cuestiones poco analizadas.

Este proyecto de la Cátedra del Exilio, promovido por el CIHDE de la UNED, se propone de estudiar el impacto que tuvo el exilio, en la hora del retorno de sus más destacados miembros, en la vida política y cultural de España durante el proceso de transición a la democracia o, en otras palabras, lo que aquí se persigue es evaluar las formas de participación de la llamada cultura política del exilio en la construcción de la democracia postfranquista. A diferencia de lo defendido por algunos autores el espíritu de cambio político y democratización que el exilio trajo consigo en los años setenta no puede valorarse sin más como un fenómeno secundario. Aunque ciertamente de manera indirecta, algunos desterrados, con su pensamiento político, sus reflexiones o sus obras de arte influyeron de forma decisiva en un contexto social, como era el de la Transición, dominado esencialmente por la joven generación crecida y educada dentro de España, es decir, en el marco del régimen franquista.
 
El propio camino de regreso, la propia vuelta a la patria natal de cada exiliado originó experiencias e interpretaciones que difieren entre ellas considerablemente: teniendo en cuenta todos los matices de cada caso particular, nuestro proyecto desea a través de unas mesas redondas bimestrales y unos documentales del CEMAV (realizador Guillermo Luna), y la colaboración del CEME-UNED, reflexionar de manera novedosa y original sobre los diferentes aspectos y consecuencias políticas, sociales y culturales del regreso de los exiliados en la España postfranquista. En cada mesa redonda para que el tema sea más atractivo para el público está prevista la presencia de unos testigos directos del regreso de los exiliados.
 

sábado, 14 de junio de 2014

El pueblo de Lidice fue blanco de la venganza feroz de los nazis

14-06-2014 | Ivana Vonderková
El 10 de junio se cumplieron 72 años desde la tragedia del pueblo checo de Lidice, en las proximidades de Praga. Ese día, en 1942, los nazis arrasaron la localidad para borrarla para siempre del mapa, a modo de venganza por el atentado contra el protector nazi, Reinhard Heydrich. Sobre este triste capítulo de la historia nacional versa la presente edición del espacio Legados del Pasado, Testimonios del Presente.

El pueblo de Lidice representa hasta el presente un símbolo de la barbarie nazi y a la vez de la creciente resistencia internacional contra la Alemania hitleriana. La masacre cometida en ese lugar tuvo como resultado el fusilamiento de 192 hombres, el envío de 196 mujeres y 88 niños a campos de concentración, y de otros menores a Alemania para ser reeducados. La aldea fue quemada y arrasada por completo. 

De todos los habitantes de Lidice fueron hallados sólo 17 niños al finalizar la guerra. Y de las cenizas fue levantado un nuevo pueblo de Lidice, con un monumento recordatorio a las víctimas locales de los nazis y un extenso rosario, que ayudaron a crear personas del mundo entero. 

Trasladémonos ahora en el tiempo y veamos lo que precedió a la venganza de los nazis en Lidice.
Tras estallar la Segunda Guerra Mundial y después de ser ocupada Bohemia y Moravia por los nazis, muchos checos se marcharon durante los años 1939 y 1940 al extranjero, para unirse allí a la resistencia. Un gran grupo de voluntarios se trasladó a Gran Bretaña y formaron allí unidades terrestres, otros entraron en la Real Fuerza Aérea Británica. 

En Londres se encontraba entonces también el Gobierno checoslovaco en el exilio, que ayudaba desde el exterior a la resistencia nacional contra los nazis. Durante la guerra unos 35 grupos de paracaidistas fueron enviados al territorio checo para ayudar con los sabotajes en fábricas de armamentos por ejemplo. 

Y fue asimismo en Londres donde se decidió enviar a Chequia a paracaidistas que perpetrarían un atentado contra el protector nazi de Bohemia y Moravia, Reinhard Heydrich, según sostiene el historiador del Monumento de Lidice, Vojtěch Kincl. 

”Esa decisión fue adoptada por círculos cercanos al Gobierno checoslovaco en el exilio en Londres, pero al parecer, los ministros no sabían nada de la acción, con excepción del presidente, Edvard Beneš. Además de los paracaidistas que tenían la tarea de asesinar a Heydrich, artífice del proyecto del exterminio masivo de los judíos europeos, estaba previsto enviar al país varios otros grupos de paracaidistas que ayudarían a estabilizar la situación de la resistencia nacional en el territorio de Bohemia y también de Moravia”. 
 
El 27 de mayo de 1942, dos miembros del grupo de paracaidistas, Jozef Gabčík y Jan Kubiš, realizaron el atentado contra Heydrich en el barrio de Kobylisy, en Praga. Debido a que el arma de Gabčík falló, tuvieron que improvisar y lanzaron un explosivo contra el automóvil en el que viajaba el protector nazi. 

Heydrich no murió en el lugar del atentado, pero fue gravemente herido y el 4 de junio falleció en un hospital de Praga a causa de las heridas sufridas. Su muerte fue recibida con alegría por los checos, ya que el protector mandó ejecutar a miles de ciudadanos checos. Sin embargo, la alegría no duró mucho tiempo. 

Tras la muerte de Heydrich, la Gestapo, las SS y otros cuerpos de seguridad nazis desencadenaron una fuerte ola represiva contra los checos, impulsando su liquidación masiva, sostiene Vojtěch Kincl. 

”En el curso de los primeros seis o siete días después del atentado, en el territorio de Bohemia surgieron unos 10 lugares donde se procedía a las ejecuciones. Unas 1.200 personas encontraron allí su muerte. Y lo paradójico es que la mayoría de ellos fue ejecutada después de que los nazis descubrieran el 18 de junio de 1942 a los autores del atentado y sus colaboradores, quienes se escondían en la cripta de la iglesia de San Cirilo y San Metodio, en Praga. Lo peligroso y terrible, a la vez que excepcional del nazismo fue que lograba manipular perfectamente a las personas. De tal manera, que eran capaces de transformarse en asesinos masivos en tan sólo unos instantes”. 
 
El 10 de junio los nazis irrumpieron en el pueblo de Lidice, justificando posteriormente los asesinatos en el lugar, envíos a campos de concentración y de niños a Alemania para ser reeducados, así como el arrasamiento de la aldea por la supuesta vinculación de sus habitantes con la resistencia y los paracaidistas que llevaron a cabo el atentado. Pero Lidice realmente nada tenía que ver con la resistencia y los grupos que venían en su ayuda desde el extranjero, según indican los historiadores. 

Años más tarde, en la década del 60, ciertos antiguos cabecillas de la Gestapo declararon que en el caso de Lidice de lo que se había tratado era de amedrentar a la población checa y demostrar la fuerza del régimen nazi. Eso fue también algo nuevo. Con anterioridad los nazis habían quemado varias aldeas en Bielorrusia y Ucrania y asesinado a sus habitantes, pero en el caso de Lidice fue la primera vez que dieron a saber sobre ese crimen al mundo entero. En total 340 habitantes de Lidice perdieron su vida por ser escogido su pueblo como un blanco de la venganza por Reinhard Heydrich. 

Pasados unos 30 años de la masacre, asimismo algunos de los miembros del Wehrmacht, el ejército alemán, recordaban lo sucedido, pero más que de los asesinatos de niños menores de 15 años y mujeres se acordaban del comportamiento de sus colegas de armas o de una sola víctima concreta, el cura local, señala el historiador Vojtěch Kincl. 

”Resulta que por lo menos ocho soldados lo que más recordaban era el asesinato del cura local Štemberka. Se trataba supuestamente de un enemigo, pero a la vez era un sacerdote católico y no eran capaces de entender por ello por qué había que matar a un sacerdote”. 
 
Lo sucedido en Lidice conmovió y horrorizó al mundo entero. Según datos históricos, el primer ministro británico, Winston Churchill, quería que tres aldeas en la Alemania nazi fueran eliminadas como respuesta a Lidice, recuerda el historiador Eduard Stehlík, del Museo Militar de Praga. 

”La decisión de Churchill, su promesa dada en esos difíciles momentos de que por cada pueblo checo destruido serán eliminadas tres aldeas en Alemania, la concibo como una cierta advertencia a los nazis para detenerlos. Y es que nadie podía predecir entonces si algo semejante a lo de Lidice no iba a pasar de nuevo y las amenazas de los nazis eran claras. Tenían una lista de aldeas de Bohemia y Moravia a las que esperaba el mismo destino que el de Lidice y en el caso de Ležáky esta amenaza se volvió realidad”. 
  
Dos semanas después de la tragedia de Lidice, el 24 de junio de 1942, los nazis entraron en el pueblo de Ležáky, en la Meseta Checo-Morava y también la arrasaron. A 34 habitantes adultos del lugar los nazis los llevaron a la ciudad de Pardubice y ese mismo día los fusilaron. Otras siete personas del pueblo fueron fusiladas al día siguiente o el 2 de julio de 1942. Once niños de Ležáky fallecieron el 25 de julio en una cámara de gas en el campo de concentración en la ciudad polaca de Chelmno. De todos los habitantes de Ležáky sobrevivieron la guerra sólo dos niñas, las hermanas Marie y Jarmila Šťulíková, que fueron enviadas por los nazis a Alemania para ser reeducadas. 

El caso de Ležáky, no obstante, fue diferente al de Lidice. La Gestapo descubrió que desde la cantera de Hluboká, situada en las cercanías de Ležáky, un grupo de paracaidistas vinculado con los autores del atentado contra Heydrich mantenían la comunicación entre la resistencia en el país y en el extranjero por medio de una emisora clandestina. Se descubrió además que algunos de los paracaidistas que llegaron al territorio checo desde Gran Bretaña encontraron refugio precisamente en Ležáky. 

A diferencia también de Lidice, después de la Segunda Guerra Mundial el pueblo de Ležáky nunca fue reedificado. En el lugar fue levantado un museo que recuerda la masacre y, en el lugar de las antiguas casas del pueblo fueron erigidas láminas de piedra con un orificio en forma de cruz en su centro. 

Lidice y Ležáky, así como otros pueblos de Europa que corrieron el mismo destino, son un testimonio elocuente de la crueldad del nazismo. En el caso de las dos aldeas checas surge la pregunta si el atentado contra el protector nazi de Bohemia y Moravia Reinhard Heydrich, fue un acto bien premeditado en vista de las masacres que le siguieron. 

Los historiadores insisten en que el acto realizado por los paracaidistas llegados desde Gran Bretaña que posteriormente también ofrendaron sus vidas, fue sumamente importante dentro de la lucha antifascista. Demostró que los checos no eran pasivos y que no vacilaban incluso en oponerse a un enemigo mucho más fuerte como los nazis alemanes. De esta valentía de los checos se enteró el mundo entero. 

Además, a consecuencia del atentado contra Heydrich y de la repercusión mundial frente al destino que corrieron los pueblos checos de Lidice y Ležáky, los antiguos aliados de Checoslovaquia, el Reino Unido y Francia, anularon el Acuerdo de Múnich en base al que los nazis habían anexado en 1938 los territorios de Bohemia y Moravia al Tercer Reich. Con Lidice y Ležáky comenzaba una nueva etapa de la lucha antihitleriana que en 1945 culminaría con la derrota total de la Alemania nazi.

¡Nuevas funciones en la Cineteca de Madrid


martes, 27 de mayo de 2014

Estreno en España de "Mika. mi guerra de España"


Mika Etchebehere y su marido Hipólito fueron testigos de acontecimientos que cambiaron el curso de la historia del siglo XX.

Militantes marxistas nacidos en Argentina, a fines de la década del 20 emprenden un largo viaje en busca de la revolución que los lleva a recorrer la Patagonia argentina, Berlín y París.

Finalmente la encuentran en Madrid, cuando el 18 de julio de 1936 estalla la Guerra Civil Española. Mika pasa de ser la mujer de un líder a convertirse en la única mujer con grado de capitana de las fuerzas republicanas. La lucha desigual pone a prueba sus valores y compromiso con aquello que soñaron en sus años de juventud.

lunes, 21 de abril de 2014

Cuando ABC entrevistó a Trotsky, la mano derecha de Lenin

En diciembre de 1917, un mes después de la revolución de octubre, la corresponsal en el Este de Europa Sofía Casanova tuvo un encuentro con el conocido líder revolucionario

Un hombre con escaso atractivo, de espesa melena revolucionaria, y que evita hablar de los temas que verdaderamente importan. Estas son las características que la corresponsal de ABC en el Este de Europa, Sofía Casanova, atribuyó a León Trotsky en diciembre de 1917 tras mantener una entrevista con él, apenas un mes después de que este político hubiera subido al poder del país de manos de Vladimir Lenin a golpe de revolución.

Corrían tiempos tensos para el pueblo ruso cuando Sofía Casanova (con más de 40 veranos a sus espaldas como periodista) se decidió a entrevistar a Trotsky en nombre de un diario con no más de catorce años de recorrido. Por entonces, esta corresponsal se declaraba contraria al comunismo, pero sabía que los sucesos que se acababan de dar en el país bien merecían unas cuantas preguntas al, en aquel tiempo, ministro de Negocios Extranjeros y «el más interesante de los compañeros de Lenin» según sus propias palabras. 

Y es que, en octubre de ese mismo año el país se había convulsionado después de que varios soviets –consejos organizados de trabajadores- hubieran tomado por la fuerza el Palacio de Invierno, sede del gobierno del territorio, y -a base de hoz y algún que otro martillo- hubieran dado el poder a un Consejo de Comisarios del Pueblo liderado por el «tovarich» (camarada, que se diría por aquí) Lenin y sus seguidores. Entre ellos, precisamente, se encontraba Trotsky, un ídolo de la revolución y gran instigador de las movilizaciones de aquel movimiento contra el gobierno establecido. 

Trotski, quien afirmaba que el suyo sería un mandato de igualdad, no dejó, por el contrario, muy buenas sensaciones a Casanova. «No se revela en él ni la voluntad, ni la inteligencia; nada, en fin, potencialmente fuerte. Podría pasar por un artista decadente, y, sin embargo, yo creo que tiene un valor irremplazable en la Rusia actual, y que no son las circunstancias precarias las que dan relieve a una medianía», señala la corresponsal en su entrevista.

Con todo, no hay nadie que pueda explicar mejor este encuentro que la propia corresponsal. Para ello, es necesario retroceder nada menos que 97 años hasta una fría tarde de diciembre en la que dos mujeres, una de ellas la periodista, se dirigían con paso calmado hacia el Instituto Smolny, sede del nuevo gobierno de Lenin y Trotsky. El antro, en definitiva, de las bestias –como así tituló su artículo-…
«
Cuando hace cuatro días me decidí en secreto de mi familia a ir al Instituto Smolny, una nevada densa y callada caía sobre San Petersburgo. Deseaba y temía ir -¿por qué no confesarlo?- al apartado lugar donde funcionan todas las dependencias del Gobierno popular. Como no me atrevía a ir sola, ni otra persona alguna hubiera querido acompañarme, dije a la fiel gallega, inseparable nuestra en estas penalidades, que viniera conmigo, pero sin descubrirle el objeto de nuestra salida... 

Obscuras las calles, resbaladizas como vidrios enjabonados y completamente solitarias a aquella hora –cinco de la tarde-, tras muchos tumbos hallamos un iswostchik, somnoliento en el pescante del trineo. Extrañado de la dirección que le daba y puesto buen precio a la carrera, atravesamos lobregueces y más lobregueces de barrios extremos, hasta dar en un edificio enorme que sobresale de casucas y callejuelas adyacentes. Entre el portón que da a la calle y el de entrada principal del edificio hay un gran espacio, jardín en otro tiempo donde esperan los automóviles del personal gubernativo. Los guardias de la entrada, paisanos armados, caliéntanse en una hoguera. Me preguntan adónde voy; respondo que voy a ver al comisario Trotsky y me señalan con franco ademán la escalinata. 

Penetro en el edificio, y en la sala contigua a un vestíbulo, donde se desparraman grandes paquetes de papel, veo sentados en torno de una mesa dos marineros, tres soldados y dos jóvenes judías, que escriben. Repito mi demanda de ver a Trotsky -ministro de Negocios Extranjeros, que es el más interesante de los compañeros de Lenin-, y sin más requisitos nos entregan dos pedacillos de papel timbrado con el número del cuarto donde el compañero Trotsky trabaja. Ruego que me indiquen el camino de aquel piso tercero y aquel número 67, y merezco la deferencia a la muchachita judía Sarah Ivanova de que nos conduzca ella misma a los pisos altos. Son muchos los escalones, y a cada uno que subimos auméntase el pánico de Pepa que, aterrados los ojos, el mantillín caído sobre la frente, me dice en gallego cerrado: 
 
-¿A dónde me leva, señora? Mire que aquí nos matan, a canalla está muy armada; a min me tembla o pulso. 

Nos dejó Sarah junto a una puerta, donde la Guardia roja hacía centinela, y mientras pasaban mi tarjeta a Trotsky dialogué con «la canalla muy armada» que allí había. Les había anunciado la judía que éramos españolas, y cuando uno de aquellos proletarios me dijo que había leído cosas de España, y fijándose en Pepa habló con calor de las mujeres de mi país, oíselo apagándose la luz eléctrica y lanzó un grito Pepa, agarrándose a mí espantada. Fue un momento de pintoresca emoción, volvió la luz, se abrió la puerta, y el soldado correcto, que había llevado mi tarjeta, dijo: 

-Les ruego que pasen. 

Atravesamos una sala grande, sin más muebles que algunas sillas y máquinas de escribir, y a la izquierda; en un gabinete chico, nos esperaba Trotsky. Me rogó que tomara asiento en el único sillón de la estancia, frente a él, junto a una mesa de despacho. Indicó a Pepa el sofá, que completaba el sobrio mobiliario, y con voz agradable se expresó así en francés: 

-Conozco España; es un hermoso país del que tengo buenos recuerdos, aunque la Policía comme de raison me trató mal. He visitado Madrid, Barcelona, Valencia. Mi amigo Pablo Iglesias estaba a la sazón en un Sanatorio; sentí dejar España. 

Nuestra política es la única que puede hacerse al presente. El mundo está hambriento de paz y nosotros tenemos la esperanza de que se haga no la paz aislada de Rusia, sino la general, la de todos los pueblos combatientes. Ahora mismo acabo de recibir un radiotelegrama de Czernin de conformidad con nuestra iniciativa de armisticio y de gestiones pacifistas. No hemos de detenernos, ni mis compañeros ni yo, en el camino emprendido. 
 
-¿Pero la actitud de las potencias de la Entente es inquietante?- indiqué. 

Veló con los cansados párpados su aguda mirada Trotsky, y en vano esperé una respuesta o un comentario a mi frase. Conversamos aún, rozando los asuntos, sin ahondar en ellos y con sencillez me dijo al despedirnos: 

-Me alegro haber conocido a usted y por su conducto envío un saludo a España. 

Volvióse a su asiento, y su cabeza se inclinó sobre los documentos allí reunidos.

¿Es simpático Trotsky? No es atractivo. Acentúa su tipo israelita la espesa melena revolucionaria, que enmarca con negrura su rostro irregular y agudo. Las cejas y la recortada perilla, muy negras, son a modo de pinceladas mefistofélicas en el rostro cetrino. No se revela en él ni la voluntad, ni la inteligencia; nada, en fin, potencialmente fuerte. Podría pasar por un artista decadente, y, sin embargo, yo creo que tiene un valor irremplazable en la Rusia actual, y que no son las circunstancias precarias las que dan relieve a una medianía, sino que es la personalidad de este hombre la que se impone a aquéllas con actos de un plan político desconcertante y trascendental. 

En el antro de las fieras existe menos disparidad entre ellas y aquel que existía en el Palacio de la Duma. En el Instituto Smolny es todo plebeyamente democrático, y los feroces marineros de Kronstadt, confundidos con la guardia roja, no desdicen de los fríos muros, de las salas desamuebladas, donde funcionan como árbitros de San Petersburgo. Impresionan y desasosiegan el Instituto Smolny, y sus moradores, porque es un foco de anarquía y porque la ignorancia y el odio de los antiguos esclavos a todas las clases sociales arma sus manos con el ensañamiento demoledor. 

Al fanatismo jerárquico del Imperio sustituye el otro, el de la ergástula en rebeldía. ¿Qué pueblo podrá ser feliz gobernado por el terrorismo de abajo? 
 
Sólo la bandera blanca de la paz, que estos hombres levantan, da el alivio de una esperanza a nuestra angustia de desterrados. ¡La paz!, la paz, y luego... ¿qué ocurrirá en las regiones de Rusia dispersas y sin tradición de independencia? Aquella hoguera llameando sobre la nieve a la entrada del Instituto Smolny me parece un símbolo del porvenir: ¡Incendio en las estepas invernales! 

Sofía CASANOVA San Petersburgo, diciembre 1917
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