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martes, 9 de diciembre de 2014

Los últimos 'niños de la guerra'

Una clase de gimnasia en la casa de acogida de la calle Pirogvskaya, en Moscú, en 1938
 
En Rusia y Ucrania quedan 171 supervivientes de los niños españoles que llegaron en 1937 para salvarse de la Guerra Civil. De los adultos que combatieron a Hitler ya no queda nadie con vida
 
El País / Pilar Bonet 9 MAY 2010
Rusia celebra hoy el 65º aniversario de la victoria en la "Gran Guerra Patria", como se denomina aquí la II Guerra Mundial. En la Plaza Roja estarán veteranos extranjeros que lucharon contra Hitler, pero habrá un vacío, el de los españoles que combatieron bajo la bandera de la URSS como aviadores, soldados, partisanos y guerrilleros. El último residente en Rusia de ese grupo curtido y condecorado, Ángel Grandal-Corral, de 83 años, falleció el 25 de marzo en Podolsk, cerca de Moscú. Aquel recio marino de Baracaldo, que patrullaba Gibraltar en el destructor Churruca, estuvo en los servicios de seguridad soviéticos y operó en un destacamento especial en la retaguardia alemana. "Ángel siempre fue un razvedchik (agente) y no relataba sus gestas", afirman conocidos del lacónico vasco al que atribuyen legendarios sabotajes y voladuras.
 
En diciembre murió en Madrid José María Bravo, que se formó como piloto en la URSS y fue uno de los aviadores que acompañó a Stalin a la conferencia de Teherán. Nacido en 1917, poseía la medalla del Valor, la orden de la Guerra Patria y de la Estrella Roja. Lideró la asociación "Veterani", que fomentó los vínculos económicos entre España y los países postsoviéticos.
 
Varios "niños de la guerra" (en Rusia y en Ucrania) compartieron sus recuerdos con EL PAÍS en vísperas del aniversario. Llegaron en barco a Leningrado en 1937, los alojaron en "casas de niños" y en su memoria se amalgaman dos guerras: un paisaje de bombas incendiarias, hambre insaciable, huidas eternas en barco y en tren y hermanos o compañeros que fueron víctimas del tifus, la tuberculosis y el hambre o que simplemente desaparecieron al soltarse de la mano.
 
Mercedes Coto, de 85 años, es una blokadniza (veterana del bloqueo) de Leningrado (septiembre, 1941-enero, 1944). Ella y Joaquina, de 81, recuerdan a Manolo, el hermano recién fallecido. Procedían de un pueblo de Asturias. En la URSS las separaron. Mercedes vivió en una casa de niños de Leningrado y ayudaba a operar a los heridos del frente en un hospital. Recuerda los cadáveres amontonados sobre el río Neva helado y el hambre que mató al compañero Salvador Puente. En 1943, aprovechando la ruptura del cerco, la mandaron al Cáucaso, donde el ejército alemán capturó a un grupo de niños (repatriados con posterioridad a España desde Alemania). Por las montañas llegó hasta Sujumi, en el mar Negro, y allí los soviéticos la encarcelaron por indocumentada. La liberaron después de que los niños capturados por las tropas hitlerianas en el Cáucaso contaran su odisea en una emisora alemana. Desde Tbilisi, en barco por el Caspio y como polizón de trenes por la estepa asiática, llegó a Samarcanda. En Miass, en los Urales, bailó jotas para el Fondo de Defensa de la URSS.
 
"Tras de ti marcharemos, Stalin, por la línea que Lenin trazó...". Las hermanas Coto entonan la estrofa inicial de la canción compuesta por los niños Julio García y Ángel Madera. Stalin premió su creatividad con un reloj. "La cantaban en todas las casas de niños españoles de la URSS", afirma Joaquina. Madera pereció en el frente de Leningrado.
 
En su huida, Mercedes encontró generosidad: la tía Masha, que la salvó de morir de diarrea en Samarcanda. Y frío cálculo: la aldeana del Cáucaso que le pidió la bata por un plato de sopa. Tras la guerra, Mercedes trabajó en una fábrica de Moscú. Por su condición de blokadniza, reconocida recientemente, recibe una pensión rusa de 25.000 rublos (equivalente a 650 euros), complementada con otra española. Joaquina enseñó francés en un pueblo montañoso de Daguestán, donde se desplazaba en burro, y después trabajó en Radio Moscú.
 
El destino dispersó a los niños. Les enviaron a lugares de donde Stalin había expulsado a otras comunidades por temor a que apoyaran al enemigo. Así, llegaron a la antigua República de los Alemanes del Volga, de donde fueron deportadas 367.000 personas, y a Crimea, de donde en 1944 fueron expulsados los tártaros. Francisco Mansilla, el director del Centro Español de Moscú, recuerda su estancia en Bassel, donde se alimentaban de los comestibles dejados por los alemanes, incluido el "sabroso aceite de hígado de bacalao" que el director de la casa de niños le requisó.
 
En Izium-2, en las cercanías de Járkov (Ucrania), vive Tomasa Rodríguez, 81 años, que de niña pasó "frío, hambre y miseria" en la aldea alemana de Kukkus. Tomasa es la última española de Izium-2, donde vivieron unos 40 niños de la guerra empleados en la fábrica de óptica local. Tiene tres hijos, uno de ellos trabajando en Barcelona. "Si no fuera por España, estaría en la ruina", afirma esta mujer que cobra una pensión española de 1.700 euros cada tres meses y otra pensión de Kiev de 950 grivnias (unos 120 euros).
 
La vasca Josefina Iturrarán, de 87 años, cuenta que, al estallar la guerra, desaparecieron los educadores de su casa de niños de Odessa. Josefina reprocha a los dirigentes del Partido Comunista de España el "habernos dejado solos y haberse olvidado de nosotros". Fue evacuada por Siberia y Asia Central en un vagón sin cristales. El trayecto, de 38 días, concluyó en Samarcanda, donde "se acababa la vía".
 
A Antonio Herranz, de 83 años, de Baracaldo, lo enviaron a Eupatoria, en Crimea, y de allí hacia Stalingrado bajo las bombas alemanas, y por el Volga, hasta Engels y Orlovskoye, donde aprendió a ordeñar vacas y sembrar la tierra. Recuerda Herranz el tocadiscos de Afanasi Kisiliov que, de profesor en la embajada soviética en París, se convirtió en director de una casa de niños y organizador del trabajo agrícola en las haciendas abandonadas por los alemanes en Orlovskoye. Los adolescentes fueron enviados a las fábricas y Herranz fue tornero en Marx-Stadt, cerca de Sarátov. A los 14 años fabricaba armas y comía una vez al día. En el Centro Español de Moscú se guarda la memoria de vidas -breves y largas- golpeadas por dos guerras. También la de los miembros de la División Azul que se pasaron al Ejército Rojo y tras internamientos a veces muy largos se integraron en la URSS, en gran parte en Tbilisi.
 
De la contienda española a la URSS
Unos ochocientos españoles lucharon por la URSS en la Segunda Guerra Mundial. Según datos del Centro Español en Moscú, 151 cayeron en combate y 15 desaparecieron en el frente. Si se suman las víctimas de las secuelas bélicas, hubo 420 muertos.
 
A raíz de la Guerra Civil (1936-1939) llegaron a la URSS 4.299 españoles: 891 emigrantes políticos, 157 alumnos pilotos, 67 marineros, 122 acompañantes, 2.895 niños en expediciones y otros 87 con sus padres, además de 27 capturados por el Ejército Rojo en Europa, y 51 procedentes de la División Azul. El historiador Andréi Elpátevski estima que 6.402 españoles (más de 3.000 niños) emigraron a la URSS desde los años veinte a los cuarenta. De ellos, 278 civiles fueron considerados sospechosos, incluidos los apresados en Europa. Además hubo entre 452 y 484 prisioneros de guerra, en su mayoría de la División Azul. Por delitos varios fueron condenados 250 españoles, entre ellos, 69 prisioneros de guerra e internados y 155 educadores castigados sobre todo por hurtos, subraya Elpátevski. Detrás de los robos, el hambre.
 
Un centenar de ex combatientes españoles vivían en 1985 en la URSS; un cuarto de siglo después, todos han muerto. A principios de mayo, en Rusia y en Ucrania quedan 152 y 19 "niños de la guerra", respectivamente. Felipe Álvarez, el último ex combatiente español residente en Ucrania, falleció en 2008.
 

domingo, 16 de marzo de 2014

Eco revolucionario español en Crimea

 
Alejandro Medushevsky, sobrino nieto de una legendaria dirigente de la revuelta obrera de 1934
 
04.03.2014
El mito revolucionario asturiano revive en Crimea ochenta años después. Alejandro Medushevsky, un sobrino nieto de Aida la Fuente, el gran emblema de la revuelta obrera de octubre de 1934, dirige una milicia civil prorrusa de 160 hombres en el conflicto de la península ucraniana. Este nieto de la legendaria revolucionaria española nació en la Unión Soviética, donde parte de la familia materna encontró acogida tras salir al exilio en 1939, al final de la guerra civil española. Alejandro Medushevsky reconoce a España como "la madre patria", pero se siente "plenamente ruso". Por ello, está implicado al máximo en la rebelión ciudadana para evitar que Crimea, donde reside y trabaja como funcionario municipal, siga dependiendo de Ucrania, a cuyo nuevo gobierno no duda en calificar de "golpista".
 
"Nuestro futuro pasa por ser un Estado independiente o por convertirnos en una autonomía ligada a Rusia", asegura Medushevsky, en conversación telefónica con La nueva España (diario asturiano perteneciente a Editorial Prensa Ibérica, al igual que LA OPINIÓN) desde su domicilio de las cercanías de la ciudad de Simferópol. Tras un fin de semana de gran tensión y actividad, en el que sus hombres participaron en el bloqueo de una base militar ucraniana que ayer estaba "a punto de rendirse", este descendiente de Aida la Fuente asegura que la situación en el país es "bastante complicada". No obstante, confía en que, finalmente, no estalle un conflicto bélico ni haya enfrentamientos callejeros entre ciudadanos prorrrusos y oponentes proucranianos. "De momento no ha habido violencia, por fortuna, y la milicia que dirijo colabora con la policía para que así siga siendo", subraya.
 
Medushevsky, de 45 años, sostiene que la columna ciudadana que manda es "apolítica" y que se dedica "a ayudar a la gente", pero no esconde de qué lado está en un conflicto que mantiene en vilo a medio mundo. Defiende a Rusia, porque, a su juicio, Vladimir Putin permitirá que se celebre un referéndum en el que el pueblo de Crimea pueda decidir su futuro, algo que "jamás toleraría" el actual gobierno de Kiev. "Aquí la mayoría de la población es rusa y todo el mundo está a favor de Rusia porque las diferencias con Ucrania, tanto históricas como culturales o de cualquier otro tipo, son tremendas", asegura.
 
"El gobierno de Ucrania no es capaz de controlar ni a las fuerzas armadas ni a la policía; vemos que se toleran actos de terrorismo y que se prohíben hasta las lenguas nacionales", abunda Medushevsky, para quien, en estos momentos, "solo una pequeña minoría de la población de Crimea, la de origen tártaro, quiere estar en Ucrania". El sobrino nieto de Aida la Fuente defiende una "solución democrática" para el conflicto. Y pasa por que los ciudadanos voten qué quieren ser. Por ese referéndum que Kiev no quiere ni ver y que el Kremlin aceptaría. "Habría que decidir entre tres opciones: seguir dependiendo de Ucrania, convertirnos en un estado autónomo dentro de Rusia, o independizarnos bajo un cierto protectorado ruso", explica antes de rechazar únicamente, aunque de forma tajante, la primera de las alternativas.
 
Alejandro Medushevsky no se olvida de la región española de la que salieron sus ancestros hace ya 75 años. Su madre, Jesusa Pérez de la Fuente, vive en Gijón. Sin embargo, él no se plantea cambiar Crimea por España.
 
A orillas del mar Negro tiene vida y familia: "Quiero mucho a Asturias, pero yo soy ruso".

domingo, 26 de enero de 2014

Valencia abrió las evacuaciones a la Unión Soviética

 
Levante-EMV.com - R. Montaner - Valencia 10/1/10 
La Comunitat Valenciana fue un punto clave de la evacuación de niños para la República. Primero como lugar de acogida de los menores que llegaban desde Madrid y otros frentes sobre los que avanzaban las tropas franquistas. La mayoría de los 45.248 evacuados a colonias por las autoridades republicanas a la zona de Levante y Cataluña que se contabilizaban a finales de 1937 estaban refugiados en pueblos y ciudades valencianas.

Los bombardeos de la aviación de Mussolini y de Hitler sobre la población civil de la retaguardia, así como el desmoronamiento del frente Norte, aceleraron los planes de evacuación al extranjero. Francia, Bélgica y la Unión Soviética fueron los principales destinos.

El primero de los cuatro barcos con "niños de la guerra" que envió la República a Rusia zarpó del puerto de Valencia con 72 niños a bordo el 21 de marzo de 1937. Eran refugiados de Madrid, Málaga, Almería, pero también de Xàtiva, Oliva y Gandia.

Viajaron en el "Cabo de Palos", un mercante de 11.000 toneladas que conectaba la entonces capital de la República con los puertos rusos del Mar Negro. Tardaron 10 días en llegar a Yalta (Crimea). Al "Cabo de Palos" le quedaban pocos viajes más. Cuatro meses después, el 26 de julio, el submarino italiano "Arquimede", que combatía bajo bandera sublevada con el nombre de "General Mola", lo hundió a 28 millas de Alicante

jueves, 18 de julio de 2013

Los campamentos de verano en la URSS

Ceremonia de afiliación de nuevos pioneros. Campamentos de verano.  Kiev 1953. Foto colección personal Agustín García Clavé, el primero a la izq. del abanderado, para MJBarreiroLG

Cultura Bolchevique 16/7/13
Los campamentos de verano en la URSS estaban orientados a la diversión y al aprendizaje de los niños y niñas soviéticas. A principios de los años 20 se empiezan a organizar actividades infantiles para las vacaciones de verano en cooperativas agrícolas y aldeas con la finalidad de rellenar el tiempo de vacaciones con un aprendizaje que fuera útil para la comunidad. De esa forma se enseñaban valores como el compañerismo o la responsabilidad mientras que se adquirían también ciertos conocimientos técnicos complementarios a la escuela. 

Al poco tiempo surgió una nueva forma de campamento, más orientada a la diversión, el descanso y la convivencia, en los que asistían los niños a tiempo completo durante varios días o semanas. El primer campamento de este tipo se convirtió en el campamento de verano más significativo de toda la Unión Soviética: El campamento de Artek.

El campamento de Artek se pone en funcionamiento por primera vez en 1925, y pronto sería un campamento internacional al que acudían delegaciones de fuera de la Unión Soviética. Este campamento estaba situado en la apacible península de Crimea. En 1926 recibe la primera delegación de niños alemanes. Desde entonces, niños de todo el mundo visitaron el campamento en donde forjaron amistad con sus compañeros soviéticos. Artek fue el sitio que dio la bienvenida a los 3000 niños españoles evacuados en 1937 a la Unión Soviética debido a la guerra civil. Tal fue el caso del hijo de la Pasionaria y héroe de Stalingrado, Rubén Ruiz, que pasó por allí al igual que el resto.

Además de Artek, también destacaron otros campamentos como el "Aguilucho" en Krasnodar, el "Ocean" en la región de Primorie, el "Joven Guardia" en Odessa, el "Zubrionak" en Minsk etc.  

Incluso en pleno cerco de Leningrado en 1942 se realizaron campamentos de verano infantiles. Los campamentos los organizaban los sindicatos, el Komsomol, las cooperativas agrícolas, instituciones educativas, deportivas, sanitarias etc. Se estima que en la década de los 80, existían 40.000 campamentos por donde pasaban 10 millones de niños cada año.  

No todos los campamentos eran iguales. Existían campamentos rurales, sanatorios, urbanos, en cooperativas agrícolas, deportivos, orientados hacia el senderismo y el conocimiento de la naturaleza, etc. 

La Perestroika de Gorbachov hizo que los campamentos dejaran de ser gratuitos, lo que obligó al abandono de muchos de ellos, cuyas instalaciones hoy pueden verse abandonadas desde entonces. El célebre escritor soviético, Arkady Gaidar plasmó en sus novelas con todo detalle la vida en estos campamentos.

Artículo relacionado: 90 aniversario de los Pioneros

miércoles, 2 de marzo de 2011

3- La acogida de los niños españoles en la URSS



José María Laso Prieto
Revista Crítica del Presente, nº 14, abril 2003

Prácticamente todos los estudiosos del exilio de los niños españoles en la URSS, coinciden en resaltar que su acogida por las autoridades y pueblos soviéticos fue extraordinariamente solidaria. Tal acogida era natural debido a la gran simpatía que entre el pueblo soviético se había desarrollado hacia la causa del pueblo español, que luchaba con gran heroísmo no sólo contra la reacción interior sino también contra el nazi-fascismo internacional. A ello había contribuido la famosa frase de Stalin: «La causa del pueblo español es la causa de toda la Humanidad avanzada y progresiva». Por otra parte, en la prensa y radio soviética eran muy frecuentes las alusiones a «la lucha heroica del pueblo español». Por ello, no puede sorprender que en Leningrado, Moscú y diversas ciudades de Ucrania, se desarrollasen amplias manifestaciones de acogida, en las que se homenajeaba a los niños españoles con pancartas, flores, abrazos y canciones. Seguidamente, los niños españoles evacuados fueron instalados en las denominadas Casas de niños, dotadas de una gran confortabilidad, en que se atendieron plenamente sus necesidades de alimentación, reposo y estudio.

De todo ello se proporcionó amplia información en la prensa republicana española. De la abundante información publicada, seleccionamos dos pequeñas muestras. Así la que se publicó en el diario Ahora, del 13-8-1937, tenía por titular "Los niños españoles evacuados a la URSS", premiados por su aplicación y decía: "Moscú 14: Los niños españoles han aumentado de peso, algunos hasta ocho kilos, durante su estancia en Crimea. Algunos han sido premiados por su aplicación con aparatos de fotografía, instrumentos de música, &c."

En otra información, titulada "Los niños evacuados a Rusia han sido acogidos con extraordinario entusiasmo" se decía: "Valencia, 4: Regresó a esta capital el responsable de la expedición de niños a Rusia organizada por el Ministerio de Trabajo y Beneficencia. Ha dado cuenta de la cariñosa y fraternal acogida que el pueblo hermano dispensó a los pequeños expedicionarios. Han quedado instalados en Crimea, donde estarán dos o tres meses en plan de reposo para alejar totalmente de su espíritu la sensación de inquietud ante la barbarie fascista. Pasado este tiempo, serán llevados a Moscú, al internado del Soviet local, el cual prepara a los pequeños un magnífico edificio dotado de toda clase de comodidades. En todas partes, los niños encontrarán el cariño fraternal que es norma en el ambiente democrático de la URSS («El Socialista», 4-7-1937).

Por otra parte, durante mi exilio en Francia, recuerdo haber contemplado, con cierta envidia, diversas fotografías en las que aparecían distintas instalaciones de tales Casas de niños y de sus bellos jardines. Esas fotografías fueron remitidas, por su hermana, a una mujer residente en nuestro refugio. Una particularidad de la educación que recibieron los niños españoles evacuados a la URSS fue su carácter bilingüe. De una parte, se trataba de que los niños españoles aprendiesen la lengua y la literatura rusa, de otra que no olvidasen la lengua y la literatura española. Se perseguía así que los niños españoles no se desvinculasen de su país de origen. Con esa finalidad, se les facilitaba abundante información sobre el desarrollo de los acontecimientos en España, al mismo tiempo que se realizaban lecturas comentadas de literatura española y representaciones teatrales basadas en la literatura y el folklore español. En ese sentido recuerdo una transmisión que realizó la emisión en español de Radio Moscú de la representación del drama Fuenteovejuna de Lope de Vega. En esta emisión, destacó mucho una de las niñas mayores evacuadas que se llamaba Araceli Sánchez. En el texto que hemos utilizado como fuente más relevante, se precisa uno de los aspectos políticos de la evacuación de los niños españoles: "Muchos padres de niños de la guerra formaban parte del PCE y/o de otras organizaciones como la UGT, la Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza, las Juventudes Socialistas Unificadas, Socorro Rojo Internacional, &c. En este contexto, se refuerza la idea de la Unión Soviética como Segunda Patria, con la que se da una identificación de clase, pero mantiene con los niños una relación expresada en términos afectivos materno-filial".

Resumiendo la acogida que comentamos, en el libro Los niños españoles en la URSS (1937-1977): narración y memoria se sostiene: "Según los testimonios actuales, la acogida por el pueblo ruso de los niños en Leningrado fue cordial y apoteósica, llena de alegrías y música. Se les recibió con bandas de música, banderas, pancartas y vítores, no como víctimas de una guerra sin más, sino en cuanto a que hijos de la República Española o niños del heroico pueblo español. Este recibimiento, magnificado probablemente por la propia mentalidad infantil, hizo que algunos niños se sintieran realmente héroes y que cuando hablan de ello así lo recuerdan. Hay que tener en cuenta, para contextualizar esta autopercepción, la coyuntura bélica de que los niños se sienten partícipes. A este respecto, las cartas escritas por ellos desde la URSS son muy expresivas, se muestran interesados por los avatares de la guerra, aconsejan, opinan, se implican en los acontecimientos".