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domingo, 19 de mayo de 2013

La complicidad con los nazis no se premia

Llanos de Luna, entrega un diploma de reconocimiento a la Hermandad Nacional de Combatientes de la División Azul.

Público - 19/05/2013 - Marià de Delàs Periodista
El titular de Interior, Jorge Fernández Díaz, quizás responda en el Congreso a quienes piden explicaciones por la participación de la delegada del gobierno en Catalunya, María de los Llanos de Luna, en la entrega de un diploma de reconocimiento a la Hermandad Nacional de Combatientes de la División Azul. El ministro, por el momento, ignora a quienes denunciaron que la delegada atentó de esta manera contra la dignidad de las víctimas de la barbarie nazi y que por ello debe ser destituida. Fuentes del Gobierno han equiparado esta asociación, subvencionada con algún dinero público, con cualquier otra legalmente registrada, como la de Aviadores de la República, y recuerdan que no es la primera vez que, durante los últimos años, un veterano de la División Azul participa en un acto oficial. 

No es la primera vez que un veterano de la División Azul participa en un acto oficial
No parece pues que el ejecutivo esté dispuesto a enmendar la conducta de su delegada. Por eso conviene recordar que la colaboración de tropas españolas con el ejército alemán durante la segunda Guerra Mundial no fue un gesto más de complicidad criminal de la dictadura franquista con el régimen de Adolf Hitler. Fue mucho más que una operación bélica de agradecimiento, en la que se invitó a participar como voluntarios a jóvenes fascistas románticos y aventureros, deslumbrados por el poderío de los nazis. Con demasiada frecuencia se ha silenciado la verdadera naturaleza de aquella movilización militar y, sobre todo, el contexto en el que se produjo.

La División Azul se organizó en 1941, bajo el mando del general Agustín Muñoz Grandes, y quedó integrada como división 250 del ejército alemán. Fue trasladada a la Unión Soviética y allí colaboró en el cerco de Leningrado, en el que murieron de hambre y de frío más de un millón de civiles rusos. Fue cómplice de algunos de los episodios más sangrientos, inhumanos y vergonzosos de la historia contemporánea.

En ese frente combatieron durante dos años más de 47.000 soldados españoles, en condiciones durísimas. Más de 4.000 perdieron la vida. 

A menudo, sin embargo, se relegan al olvido a los millones de rusos asesinados por las tropas alemanas durante esa invasión, a pesar de tratarse de hechos bien documentados, ocurridos entre 1941 y 1942. Cometieron un auténtico genocidio con masas de ciudadanos soviéticos capturados, a los que llamaron prisioneros de guerra, antes y después de ser trasladados a campos de concentración y exterminio. Los nazis, en las zonas ocupadas, designaban con el nombre de prisioneros de guerra a cualquier hombre de entre 15 y 65 años.

En su libro Los verdugos voluntarios de Hitler, Daniel Jonah Goldhagen, da una cifra de 2'8 millones de prisioneros muertos, principalmente por inanición, pero también en ejecuciones sumarias, en menos de ocho meses.

Las descripciones sobre las matanzas cometidas durante la operación Bararossa son aterradoras
Las descripciones sobre las monstruosas matanzas cometidas durante la operación Barbarossa (nombre con el que los nazis designaron la invasión de la URSS) son aterradoras. Una orden jurídica con el mismo nombre eximía de responsabilidad en cualquier juicio por los delitos cometidos por soldados alemanes en ese frente. Masas de población civil y militar capturadas por la Wehrmacht fueron víctimas de ejecuciones masivas y deportaciones. Millones de personas cercadas en áreas enormes, durmiendo al raso durante semanas en condiciones extremas y sin comida. Las epidemias diezmaban los campos. Muchos prisioneros fueron obligados a caminar cientos de kilómetros hasta otros lugares de cautiverio. Los que no resistían la marcha y no podían permanecer en pie eran ejecutados.

El propio Hermann Goering se permitió bromear, en conversación con un diplomático, sobre las consecuencias brutales del hambre en esas situaciones límite: "En los campos de los prisioneros de guerra soviéticos, después de haberse comido todo lo posible, incluyendo las suelas de las botas, ellos han empezado a comerse los unos a los otros, y lo que es aun más serio, se han comido también a un guardia alemán". 

No faltan historiadores que eximen de responsabilidad a las tropas españolas en esa operación genocida contra la población rusa. Intentan situarse en la equidistancia y recurren al testimonio de quienes recuerdan las tremendas penalidades de quienes combatieron en la División Azul y las "gestas heroicas" en su "lucha contra el comunismo". También a quienes citan con orgullo la alusión de Hitler al valor de los soldados españoles.

La División Azul, inspirada por falangistas y reclutada básicamente entre los vencedores de la guerra civil española, también integró en sus filas a gentes que buscaban sencillamente medios de subsistencia para sus familias, tan difíciles de obtener en plena postguerra, o personas que deseaban hacerse perdonar su permanencia en el bando de la legalidad republicana.

Nada de eso puede hacer olvidar que, con mayor o menor conciencia, esas tropas colaboraron en una operación infame, una empresa criminal, al servicio de una causa terrorífica e inhumana, encuadradas en un ejército genocida.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Rusia en 1931 (reflexiones al pie del Kremlin) de César Vallejo


«A fines de los años veinte César Vallejo realizó dos viajes a la Unión Soviética, cuyas impresiones plasmó en diversas crónicas que publicó en Lima y Madrid, para reunirlas más tarde bajo el título de Rusia en 1931 (Ediciones Ulises, 1931). El valor de aquellos testimonios es doble, pues además de haber sido escritos por uno de los más grandes poetas del siglo XX, fueron crónicas contemporáneas de los textos “rusos” de Manuel Chaves Nogales, Josep Pla, Miguel Hernández y Julián Zugazagoitia, entre otros autores españoles.

RUSIA EN 1931 es un relato entusiasta y pro-soviético, pero al mismo tiempo libre e independiente, ya que el poeta peruano no viajó a Rusia invitado por el Kremlin ni fue compensado económicamente por la simpatía de su reportaje. Todo lo contrario: César Vallejo regresó a la pobreza y la zozobra parisinas, donde murió en el desamparo más absoluto. La presente edición viene a ser la segunda española y tercera en nuestra lengua, enriquecida por lo tanto con los aportes y enmiendas de la edición peruana de 1965.» Fernando Iwasaki

CÉSAR VALLEJO (Santiago de Chuco, 16 de marzo de 1892-París, 15 de abril de 1938) poeta y escritor peruano considerado entre los más grandes innovadores de la poesía del siglo XX. Al término de sus estudios trabajó como maestro, hasta que a los 25 años un desengaño amoroso lo llevó a abandonar Trujillo y a establecerse en Lima. Después de varios meses en la cárcel de Trujillo, acusado de robo e incendio en una revuelta popular (1920-1921), se fue a París en 1923; expulsado por la policía, después de dos viajes a la Unión Soviética (1928 y 1929), vivió en Madrid de 1930 a 1932, pudiendo después regresar a París, donde malvivió hasta acabar, como han hecho observar algunos, «muriendo de miseria».


La Librería de Cazarabet
libreria@cazarabet.com

jueves, 2 de mayo de 2013

Des de l'avinguda de la Unió Soviètica, als magatzems "La isla de Cuba"


Cristina Escrivà Moscardó 
Editorial: L'Eixam Edicions
Col·lecció: Producció pròpia
Pàgines: 80
Preu: 8.00€
ISBN: 9788415180173 

Las calles que hoy podemos recorrer por el centro de nuestra ciudad, son los mismos que transitaron la buena gente republicana. 

Proponemos un paseo desde la avenida de la Unión Soviética a la plaza de la Región valenciana, donde se encontraban los antiguos almacenes de "La Isla de Cuba". 

Testimonios orales nos recuerdan que la calle de la Paz era la más larga del mundo... porque acababa a la Isla de Cuba.

miércoles, 10 de abril de 2013

Contra el canon Solzhenitsin. Un ciclo de conferencias y una recopilación



Fundación Andreu Nin
Contra el canon Solzhenitsin. Un ciclo de conferencias y una recopilación. Pepe Gutiérrez-Álvarez

Entre abril y junio de este 2013, la Fundació Andreu Nin catalana en colaboración inestimable de Biblioteca del mismo nombre, abordará diversos ejemplos de la resistencia literaria contra los años sin perdón del estalinismo. Lo hará a través de una serie de conferencias quincenales con el inequívoco título de Contra el canon Solzhenitsin, el proyecto comprende igualmente esta edición de textos asequible al personal interesado  a través de Internet.  

Su sentido básico es el siguiente: denunciar de manera documentada una imposición de lo que se ha venido a llamar “pensamiento único”. Los portavoces de dicho “pensamiento” atribuyen al singular y muy reaccionario célebre Nobel, pero sobre todo a su obra Archipiélago Gulag (asequible en diversas ediciones, así como en pdf en diversas páginas de la Red), la categoría de “definitiva” en lo que respecta a lo que el Vatican llamaría el carácter “intrínsecamente perverso del comunismo”, reduciendo este a su más grotesca deformació estaliniana.

Tal pretensión nos parece radicalmente discutible, y por numerosas razones. 
La primera es porque concede al escritor una naturaleza “superadora” de un debate que sigue enfrentado diversas escuelas, y sobre el que caben perspectivas muy diferentes, y lo hace porque sí, porque le conviene, obviando razones tan elementales como la siguiente: desde 1917 hasta 1989, las distancias socioeconómicas que existían entre el país del dólar y el que fue país de los zares, no había más que disminuir, hasta el punto que la URSS se erigió desde los años cincuenta en la segunda potencia mundial. De ahí que su modelo de desarrollo fuese tan atractivo para los países colonizados o semicoloniazados. Por ejemplo, como se desprende de las memorias del general Giap,  el ejemplo soviético subyacía como dinamizador utópico en la resistencia vietnamita.

No tiene en cuenta la vertiente reaccionaria del autor cuya ideología comprende el repudio de toda modernidad posterior al…Renacimiento (de lo que se desprende que habría mandado Grecia y roma a los infiernos para dejarla todo el legado cultural occidental a…Jerusalén). De esta posición tuvimos noticia los más antiguos que  recordarán sus declaraciones directas a “Bigote” José Mª Iñigo  en TVE, y en las que proclamó que los españoles teníamos suerte de gozar de un régimen nacional-católico como el del general Franco.

Semejante consagración del el canon Solzhenitsin más que subvertir la investigación historiográfica, lo que hacía era refrendar  el discurso de los líderes del llamado “mundo libre”  del momento,  Ronald Reagan, Margaret Thatcher, Wotyla, o del general Pinochet por no hablar de los voceros del “apartheid” sudafricano todavía vigente en el momento. 


Desde los monopolios informativos  la victoria del “profeta” de filiación zarista,  venía a tirar por tierra la labor testimonial e investigadora efectuada desde la izquierda desde siempre, y pretendía ofrecer una suerte de borrón y cuenta nueva que dejaba en la basura a autores de la talla de E.H. Carr, Isaac Deutscher,  John Reed, Moshe Lewin, Stephen Cohen, Pierre Broué, Edmund Wilson, etcétera, etcétera. 

Finalmente, el canon Solzhenitsin confirmaba todo lo que había ido proclamando la sovietología conservadora en el  curso de la “guerra fría”, y por lo mismo, consagraba la victoria del Imperio sobre un “experimento socialista” destinado a desaparecer del mapa. Desde la oscura noche de los zares se condenaba a los infiernos cualquier alternativa al capitalismo, y se condenaba como la quintaesencia del “totalitarismo” todo proyecto de superación de este, justo en un momento en que el egoísmo propietario no solamente condenaba a la miseria a los humillados y ofendidos del Semejante maniobra cultural tenía además la perversa virtud  de meter en el mismo  saco los nombres de la noche estaliniana con el de los que habían sido sus más enérgicos opositores, con sus víctimas, y de paso, se trataba de liquidar toda la tradición socialista en su conjunto. Nadie podrá negar que fuera una jugada maestra, ya que la consecuencia era que los poderosos se convertían en los buenos –en los “combatientes de la libertad” para decirlo con palabras de Reagan-, y sus adversarios pasaban a ser los malos.

Obviamente, la crítica todo este entramado no obliga a cuestionar los valores literarios y los posibles aportes testimoniales del escritor ruso. Desde Knut Hamsun a Mario Vargas Llosa, la historia de la literatura está repleta de grandes escritores que como personas han puesto su pluma al servicio de las peores causas, incluyendo por supuesto la estalinista con todas sus contradicciones. Esto no es por supuesto, ninguna novedad, y se trata de saber diferenciar, y de tomar partido contra el mal social en todas sus formas.

Estas jornadas abundaran desde diversos ángulos y desde distintos escritores y sensibilidades sobre toda esta cuestión. Como suele suceder en este tipo de actos, la idea es ofrecer introducciones serias y documentadas para facilitar el mayor debate posible. No se trata de una tarea divulgativa sencilla, y  la  muestra es que este tipo actividades raramente salen de las universidades o de los círculos especializados. El interés de la Fundació Andreu Nin es bajar el fuego  de los dioses a los mortales, y para ello estarán las     ponencias y también esta recopilación de textos.

Se trata de una recopilación realizada personalmente, y de lo que soy el único responsable. Me disculpo por incluir un cierto número de trabajos propios,  pero pienso que cualquier otro recopilador los habría tenido que tener en cuenta. Creo que lo fundamental es que en su conjunto representa un material complementaria a las jornadas

Programa
Las jornadas comprende los siguientes actos:

11/04/13
1. Contra el canon Solzhenisin 
Presenta: Mª Teresa Carbonell
Ponentes Pelai Pagés, Pepe Gutiérrez-Álvarez, i Jordi Torrent Bestit

25/04/13
2. Victor Serge. Los años sin perdón
Presenta: Mª Teresa Carbonell
Ponente. Mike Eaude

9-05-13
3. Panait Istrati. Regresos de la URSS
Presenta: Alfons Bech
Ponente: Ferran Aïsa, Pepe Gutiérrez-Álvarez

23-05-13
4. Vasili Grossman. Vida y destino
Presenta: Pepe Gutiérrez-Álvarez
Ponente. José Enrique Martínez

6-06-13:
5. Evgenia Ginzburg y otras historias 
Presenta: Pepe Gutiérrez-Álvarez
Ponente:  Javier García Sánchez

6. Varlam Shalamov. Relatos de Kolimá
Presenta: Pepe Gutiérrez-Álvarez
Ponentes: Ricardo San Vicente

miércoles, 27 de marzo de 2013

Tal vez el día. Aragoneses en la URSS (1937-1977). El exilio y la División Azul


Tal vez el día. Aragoneses en la URSS (1937-1977). El exilio y la División Azul de Luis Antonio Palacio Pilacés (dos tomos)

Si en su anterior trabajo La Nación del Olvido el autor recuperaba la desconocida historia de los aragoneses que se exiliaron en el norte de África, en esta obra sigue el rastro a unos hombres y mujeres que desde las trincheras del cerco de Leningrado a las cumbres de las cordilleras del Cáucaso, desde las estepas de Uzbekistan a las calles de un Berlín hundido en los estertores de la derrota, configurarían con sus innumerables experiencias individuales una formidable aventura colectiva, tan emotiva y estremecedora como desconocida para el público español.

Luis Antonio Palacio Pilacés
Es licenciado en Historia Contemporánea y diplomado en Trabajo Social por la Universidad de Zaragoza. En la última década ha trabajado en el ámbito de la recuperación de la memoria histórica de las comarcas aragonesas de La Violada y el Bajo Gállego como coautor de los volúmenes Entre las raíces (2003), De hombres y sueños (2006), Rueda, rueda palomera (2008). Dentro del programa Amarga Memoria publicó el volumen La Nación del Olvido (2011) sobre los aragoneses exiliados en el norte de África al término de la Guerra Civil y, en un extenso recorrido que le llevaría a más de un millar de localidades, desarrolló las labores de investigación para la elaboración de un Mapa de Fosas de la Comunidad Aragonesa. Ese mismo año publica Carbón rojo. Crónica del crimen de los carboneros, en torno a un trágico suceso ocurrido en Cetina en 1905 y en 2012 Caballos de hielo. El doble crimen del Alforjero, sobre la increíble historia de Román Lacambra, ejecutado en Huesca en 1949 y última persona a la que se aplicaría la pena capital en la provincia altoaragonesa.

Contenido:
Introducción
La escuela de pilotos de Kirovabad (1937-1939)
Los prolegómenos de un drama
La primera expedición
La segunda expedición
La tercera expedición
La cuarta expedición
Los niños de la guerra (1937-1941)
Las distintas expediciones
La organización de las casas de niños
De Fuendetodos a Puhskin; la aventura de la familia Salueña
En el laberinto
El exilio español en la Unión Soviética (1939-1941)
En la patria del proletariado
Los alumnos aragoneses de la Academia Frunze
El resto del exilio
La Gran Guerra Patria. La pleamar  (1941-1942)
La movilización del exilio español en la Unión Soviética
La tragedia de los niños españoles
La División Azul en marcha hacia el frente ruso
Hombres distintos, motivos diferentes
La Expedición nº 8 en marcha hacia el Reich
El largo viaje hacia el corazón de Rusia
En el campamento de Grafenwöhr
Antisemitismo, crímenes de guerra y divisionarios
El largo viaje hacia el corazón de Rusia
El Batallón de los maños en el frente del Volchov
La guerra del Este en Aragón
Crisol de hombres: el Ilmen y la Bolsa del Volchov
Otros hombres, otro mando, otro frente…
El retorno de los veteranos
¿Amigos o enemigos? Población civil, prisioneros y guerrilleros
Productores aragoneses en el Reich
En cielos extraños: aviadores aragoneses en el Frente del Este
La Escuadrilla Azul
Pilotos aragoneses en el Ejército Rojo
La Gran Guerra Patria. El reflujo (1942-1945)
Españoles en la guerrilla soviética
Sombras en la lucha guerrillera: informantes y desertores
La División Azul y los guerrilleros españoles
La Batalla de Stalingrado
El 4º Destacamento de guerrilleros españoles
La División Azul frente a la ciudad de los zares
La Hoja de Campaña
Matanza en el Ladoga
Aragoneses en la carnicería de Krasny Bor
Ecos de desastre
Sombras en la División Azul: Indeseables, procesados y desertores
Los últimos meses de la División Azul
El regreso de los refugiados españoles a la Rusia europea
La Legión Azul
El canfranés Miguel Ezquerra y el Batallón Fantasma
Tras el regreso
La estabilización del exilio
Aragoneses en el Gulag
Prisioneros de Krasny Bor
La larga espera
Rumbo a casa
El viaje del Semíramis
La repatriación de los niños y los exiliados
El exilio después de las expediciones de repatriación
Fuentes orales  bibliográficas
Anexo: Los dos mil aragoneses de Rusia

LA LIBRERÍA DE CAZARABET

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miércoles, 20 de marzo de 2013

Cuando Franco se metió un gol en propia meta


El periodista Ramón Ramos presenta '¡Que vienen los rusos!', donde explica con documentos inéditos por qué España renunció a jugar contra la URSS en 1960

malagahoy.es - G. Cappa 03.03.2013
Hubo una época en la que los visados españoles llevaban un gran sello que ponía: "Este pasaporte es válido para todos los países del mundo excepto Rusia y los países satélites". En este contexto, en 1960, el destino quiso que la Selección Española de fútbol quedase emparejada con la Unión Soviética en los cuartos de final de la primera Copa de Europa de Naciones. De aquí parte Ramón Ramos (Granada, 1953), periodista andaluz de raza y testigo en primera fila del proceso autonómico andaluz, en ¡Que vienen los rusos! España renuncia a la Eurocopa de 1960 por decisión de Franco, un nuevo volumen que acaba de llegar a las librerías.

En las 230 páginas de la investigación el periodista muestra con documentos inéditos cómo la dictadura usó la censura para silenciar en todos los medios del país que habían prohibido a Di Stéfano y compañía jugar contra el equipo soviético. "Qué es lo que teme Franco? ¿Acaso tiene miedo de que los futbolistas españoles, en un contacto de 90 minutos con los jugadores soviéticos, se convirtieran al credo comunista? ¿O es que el dictador de España está temblando porque la llegada a Madrid del equipo nacional soviético podría socavar los cimientos del llamado mundo libre?", se pregunta con sorna el autor en uno de los capítulos.

El libro es la crónica de los días que van desde un viernes en el que el Consejo de Ministros reunido en Barcelona decide que España renuncia a jugar la eliminatoria, hasta el miércoles siguiente en el que los jugadores están citados para viajar a Moscú. "El Gobierno decide que España no va a jugar los partidos pero la Federación intenta por todos los medios revocar esa orden y convencer a Franco de que revoque la orden, permita a la selección jugar en Moscú y que a la semana siguiente la selección soviética venga a España", explica Ramos. A la vez que el Consejo de Ministros decide la autoeliminación da orden a la censura, "que era un organismo gubernamental", para que no se hable del asunto en radio, periódicos ni televisión. Pero no sólo de que España renuncia, "si no que tal jugador está lesionado o la táctica que van a emplear". El libro aporta el documento en el que la censura ordena a los medios que no informen de nada, documentos que debe a la "generosidad" de Bernardo de Salazar, que es además el prologuista del libro. Los medios, amordazados, sólo pudieron publicar pasados los días un escueto "se suspenden los partidos contra la URSS" sin entrar en más detalles.

¿Fue una decisión personal de Franco no jugar el partido? "Todo el mundo sabe que España renunció a jugar, pero la novedad es que España se inscribió en la primera Copa de Europa de Naciones a pesar de que ya en el año 58 había consultado al Ministerio de Asuntos Exteriores y este le había respondido que era criterio del Gobierno que ninguna selección española se inscriba en competiciones en las que pudiera darse la posibilidad de enfrentarse a Rusia", responde Ramos adelantando otro de los titulares de su investigación. Pero la Federación inscribió al equipo pensando que las posibilidades de tropezar con los rusos eran muy remotas. Y el azar juguetón los emparejó a las primeras de cambio para disgusto de las autoridades. Según Ramón Ramos, la gran preocupación del régimen, más que España viajase a Moscú, "era que una delegación soviética viajase a Madrid y se produjeran algún tipo de altercados". También estaba el hecho simbólico de que enfrente de Franco, en el mismísimo Bernabéu, ondeara una bandera roja con la hoz y el martillo.

El periodista sitúa esta decisión en el contexto histórico de aquellos años. España ya era aliada de EEUU y por aquellos días se había producido el incidente del U-2, un avión espía norteamericano derribado, lo que produjo una escalada de la tensión. "En la prensa extranjera se justificó la renuncia española en el marco de este incidente y por el fracaso de la Conferencia de París", comenta.

Pero, además de la alta política, en la decisión final también pudo jugar un factor tan pedestre como el miedo a perder. Según Ramos, en el Consejo de Ministros en el que se decide que España no juega hubo un debate entre los duros del régimen -militares sobre todo- y los más aperturistas que intentaban demostrar que los éxitos deportivos contribuyen a mejorar la imagen externa de cualquier régimen político, "ya sea dictadura de derechas, comunista, democracia, república...". Al final, "los más conservadores dentro de un régimen muy conservador" impusieron sus tesis.

Y Francisco Franco, que era consciente de que era una medida muy impopular, casi no tuvo más remedio que acatar la decisión tomada a mano alzada en su Consejo de Ministros, quizás siguiendo la máxima que ponen en su boca en Espérame en el cielo: "El secreto para gobernar este país es no meterse en política". Para el autor, "hasta los dictadores tienen que hacer sus equilibrios de poder, lo que demuestra que en un régimen monolítico había diferentes posturas". En resumen, incluso para Franco era difícil revocar una orden tomada por sus más allegados.

Según el periodista, parece que Franco, en su juventud, había sido aficionado al fútbol. "Él quería éxitos deportivos y no es descabellado pensar que una de las cosas que influyeron fue que no se podía garantizar que España fuera a ganar. De hecho, la prensa extranjera también lo puso así", explica.

¿Y la calle? "Yo tenía cinco años y no puedo hablar de esto, pero mi padre me comentó que fue una decisión muy impopular, algo que reconoció el mismo Franco", responde. A partir de se momento hay una protesta oficial soviética pidiendo sanciones hasta que el día 30 se reúne la UEFA y se intenta retomar el partido, aunque es ahora cuando la URSS de Nikita Kruschev se niega.

A tal punto llegó el esperpento que los jugadores llegaron al hotel de concentración sin saber nada de esto. Entre ellos estaban Di Stefano y Luis Suárez y aprovecharon para confesarse hasta que a las doce el mediodía le dieron la noticia. Una gran selección a la que la política le cortó las alas del águila que por entonces lucían en sus escudos.

De este episodio se pasa a 1964, cuando llegan los soviéticos a Madrid y pierden la final de la Copa de Europa en el Bernabéu con la bandera roja ondeando en el campo. Y no pasó nada. Según Ramos, el mismo Franco reconoció en conversaciones privadas que fue un partido muy deportivo. El autor destaca que, sin duda, hubo medidas excepcionales de seguridad. Incluso recoge un hipotético intento de atentado que se desveló en un libro de los muchos que salieron en la Transición, donde se hablaba de un intento de hacer estallar una bomba en el Bernabéu. "Yo lo recojo, pero lo desmiento", asegura.

La gran pregunta es, ¿por qué en el 60 se oponen a jugar contra Rusia y se cercenan las posibilidades de un gran equipo y en el 64 se permite que vengan? "La razón no existe", responde, "hay que ir a la propia esencia de un régimen arbitrario. Desde la propia lógica del régimen de Franco había más razones en el 64 que en el 60 para prohibir los partidos".

Así que cuatro años después llegó el gol de Marcelino que ha pasado a la posteridad acompañado de la voz del locutor Matías Prats. Ramos destaca que esta victoria coincide con el 25 aniversario del final de la Guerra Civil, por lo tanto, 25 años de Franco gobernando el país. Esto se conmemora con una gran campaña, 25 años de paz, y resulta que en plena campaña se juega la final España-URSS. Para mayor gloria del Generalísimo, en el sorteo de las equipaciones le toca a España jugar con su segunda equipación azul. Y en el césped se enfrentan a las camisetas rojas de los rusos. "Todo esto 25 años después de la victoria de Franco contra el comunismo y todos los medios hablan de una nueva victoria de los azules contra los rojos", señala el autor.

En el 60 la URSS tenía un gran equipo y acabó ganando la Copa de Europa con Yashin en la portería. Cuatro años después, Suárez, Rivilla y Pereda, los únicos que quedaban de la selección que no pudo jugar, ganaron la Copa de Europa que Di Stéfano no pudo conseguir por los miedos del régimen franquista.

El desahucio acecha a 'los niños de la guerra' en Moscú

'Niños de la guerra' practicando gimnasia en una de las 'casa de niños españoles'
en la URSS. Cedido por Centro de España en Moscú

El Centro Español de Moscú, sede cultural y punto de encuentro de los más de 3.000 menores que partieron hacia Rusia entre 1937 y 1939, debe pagar 9.000 euros antes de abril para evitar el cierre tras perder las ayudas económicas del Estado español. “El Centro es como nuestra madre”, señala Mansilla, presidente de la institución

Memoria Pública - Alejandro Torrús - Madrid 15/03/2013 
La mayoría llegaron en barco a Leningrado en el verano 1937. Eran alrededor de 3.000 niños entre 2 y 16 años. El viaje a la Unión Soviética no debía ser para ellos más que unas breves vacaciones para escapar de la Guerra Civil española, tal y como les contaron sus padres. Salieron, principalmente, de Euskadi, Asturias y Valencia. Las 'vacaciones', sin embargo, se prolongaron un mínimo de dos décadas más de lo esperado. Algunos nunca regresaron y crearon una nueva vida en la URSS. Ahora, los cerca de 120 'niños de la guerra' que permanecen en Rusia deben afrontar un pago de 9.000 euros para evitar el cierre del Centro Español de Moscú, punto de encuentro desde 1965 de estas ya octogenarias víctimas de la Guerra. El Estado español que retiró las ayudas en 2010, de momento, no responde.

“Si nos quitan el centro desaparecemos de la faz de Rusia. Es como nuestra madre”, explica Francisco Mansilla, presidente del centro, a Público

La comunidad española de 'niños de la guerra' fue la única familia para la mayoría de ellos y el Centro Español de Moscú, antigua sede del PCE reconvertida en centro cultural en 1965, su último suelo patrio. El único rincón de toda la Unión Soviética donde el español era la lengua oficial, el flamenco la música por excelencia y el dominó el juego de la sobremesa. Desde su apertura, miles de personas han acudido allí para aprender castellano, conocer a la comunidad española o cursar clases de bailes folclóricos. El Centro Español es una casa para ellos, pero también es una porción de España para todo visitante.