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lunes, 18 de julio de 2016

Moscú revela documentos inéditos de Stalin sobre la guerra civil española

Russia Beyond The Headlines 11 de julio de 2016 Elena Nóvikova 
RBTH ha tenido acceso a los inéditos documentos de las Brigadas Internacionales que se conservan en el Archivo Estatal Ruso de Historia Político-Social (RGASPI) y serán presentados al público en noviembre de este año.
Con motivo del 80º aniversario del comienzo de la guerra civil española, el Archivo Estatal Ruso de Historia Político-Social (RGASPI, por sus siglas en ruso) prepara una serie de actos para presentar la colección digitalizada de documentos históricos que fueron trasladados clandestinamente de España a Moscú en camiones y barcos. Se trata de un gran archivo de las Brigadas Internacionales que los especialistas rusos esperan presentar a historiadores e investigadores españoles.








Foto: Aleksandr Korolkov / RG

“La digitalización del archivo de las Brigadas Internacionales prácticamente ha terminado y estamos listos para presentarlo al público. Se puede decir, que es un regalo que hemos preparado a nuestros colegas de España y otros países europeos”, comenta a RBTH el director del RGASPI, Andréi Sorokin. “Considero necesario suministrar petróleo urgentemente a los españoles en condiciones preferenciales y, si hace falta, rebajar el precio. Si los españoles necesitan pan y otro tipo de alimentos hay que venderlos todo esto en condiciones preferenciales”, insistió Stalin. El proceso de digitalización ha durado varios años y para celebrar la finalización de este trabajo el director del RGASPI planea organizar una conferencia internacional dedicada a la Guerra Civil y una exposición que tendrán lugar a principios de noviembre.

En los fondos del RGASPI se han conservado documentos militares del ejército republicano que llevan el sello “secreto” y revelan las posiciones de las tropas republicanas y las del enemigo. El archivo contiene también los decretos firmados por Stalin, los telegramas secretos que se enviaban a Moscú desde el extranjero y una gran colección de cartas, periódicos, dibujos, caricaturas, álbumes y diarios personales de los voluntarios de más de 50 países que lucharon en España junto a las tropas republicanas.

“Estoy en contra de que los españoles condecoren a la gente de la URSS”
Entre los documentos firmados por el líder soviético, está el decreto de agosto de 1936 sobre el suministro de petróleo a España:

Según Andréi Sorokin, los documentos conservados por el RGASPI, confirman el hecho de que durante los primeros meses de la Guerra Civil, la URSS intentaba distanciarse de este conflicto al máximo. “La URSS dosificaba su participación en la guerra limitándose, en un principio, a enviar ayuda humanitaria a España. Pero cuando las posturas de otros estados europeos se aclararon, la URSS no solo prestaba ayuda y concedía préstamos, sino también enviaba la técnica militar y a los militares”, comenta Andréi Sorokin.

martes, 24 de noviembre de 2015

Aterrizaje forzoso en el gulag


Stalin confinó en campos de trabajo a los pilotos republicanos que se instruían en la URSS y que reclamaron su repatriación al final de la Guerra Civil

Tereixa Constenla - Madrid 14 SEP 2010
"Yo, Hermógenes Rodríguez, me dirijo a usted respecto al siguiente asunto: fui enviado por el Gobierno de la República Española a la Unión Soviética para participar en 1938 en un curso de pilotaje, que no pude terminar. Pedí inmediatamente mi repatriación, que hasta hoy me han negado. Desde 1941 me encuentro en un campo de concentración solo por ser español".

Hermógenes Rodríguez era uno de los 180 aviadores republicanos en fase de formación a quienes el final de la Guerra Civil sorprendió en la URSS. "Usted" era G. M. Malenkov, sucesor de Stalin en la presidencia del Gobierno de la URSS. El texto pertenece a una carta de mayo de 1953, dos meses después de la muerte de Stalin, que se reproduce en el libro Los últimos aviadores de la República, escrito por Carmen Calvo Jung y editado por el Ministerio de Defensa y la Fundación Aena.

Carmen Calvo es la hija de uno de esos aviadores -José Calvo- que salió de España con el objetivo de retornar pronto para ir a la guerra y que, acabada ésta en 1939, tardó 15 años en volver a su tierra. En ese tiempo le zarandearon por diferentes cárceles y campos de trabajo forzoso. Fue una víctima más del Archipiélago Gulag, la maraña de campos de castigo soviéticos donde cualquiera podía acabar por cualquier cosa. Allí fueron encerrados los españoles de la División Azul que habían ido a pelear contra el Ejército Rojo. Su confinamiento encaja dentro de la lógica de la guerra, que divide el mundo entre amigos y enemigos. Pero, ¿qué hacían allí los aviadores de la República?

Carmen Calvo congeló temporalmente su trabajo en Berlín -como arquitecta se dedica a la restauración y conservación de patrimonio- para responder a una cuestión que su padre había eludido en vida. Ni en los documentos que recibió tras su muerte ni en libros de historia se aclaraba la incógnita. Así que Calvo ha dedicado 10 años a rastrear en 24 archivos e instituciones de España, Suiza, Francia, Alemania, Holanda y Rusia la pista de aquellos pilotos atrapados en la URSS que deseaban volver a España o exiliarse en otro país.

Su vinculación familiar, además, le abrió las puertas de los archivos personales de los protagonistas. Casi nadie quería hablar, pero casi todos ordenaron sus recuerdos por escrito. Como José Romero Carreira, que describió la crudeza en el campo de Kok-Usek -la mortalidad superaba el 60%- en unas memorias inéditas: "La mínima ración que se suministraba de alimentos nos había postrado a todos en un estado de inanición. (...) Todo barniz social había desaparecido. Los títulos, los espíritus refinados, los aristócratas habían descendido al rango de hombre primitivo. Los espíritus más refinados de Viena convivían con los analfabetos y rudos carreteros y pastores de Rumania. Los niños tenían que defender sus alimentos contra la expoliación de sus padres. Situación trágica en la que puede caer el hombre cuando las circunstancias desatan las fuerzas de su subconsciente".

De los 25 pilotos internados hasta 1948, Romero fue de los pocos juzgado y condenado. La razón: sumarse a la huelga de hambre de los presos de la División Azul para exigir una mejora en las condiciones del campo en 1952. El segundo delito que cometió fue montar una escuela para enseñar a leer a los divisionarios. "Los republicanos siempre tuvieron la cabeza alta. Su gran lección fue la de que cada persona tiene que cuidar de los demás", destaca Carmen Calvo, que da vueltas a la realización de un documental sobre los hijos de aquellos pilotos secuestrados por el régimen de Stalin. ¿Por qué? "Porque no querían que el mundo supiese que había republicanos incómodos en el paraíso".

Presos rojos en el 'paraíso' rojo
- Desde enero de 1937, las autoridades republicanas enviaron a unos 800 alumnos en cuatro expediciones para instruirse como pilotos en Kirovabad (Azerbaiyán) y Járkov (Ucrania).

- El Kremlin, apoyado por dirigentes comunistas españoles exiliados en la URSS, presionó a los 180 aviadores españoles que seguían en el país al final de la Guerra Civil para que se nacionalizasen y permaneciesen allí.

- En junio de 1941, tras algunas deportaciones ejemplarizantes, solo 25 seguían reclamando su salida de la URSS. Otro medio centenar acabaría pilotando para el Ejército Rojo.

- Tras el ataque alemán a la URSS el 22 de junio de 1941, los 25 pilotos fueron enviados a campos de trabajo forzado en Siberia, donde estuvieron internados hasta 1948.

- El Gobierno soviético orquestó en 1948 una falsa operación de repatriación desde Odessa tras una campaña internacional de la Federación Española de Deportados e Internados Políticos, pero siguió presionando a los españoles para que renunciasen a salir y aceptasen la nacionalidad. Doce se resistieron.

- Estos 12 regresaron a España en el buque Semíramis, que atracó en Barcelona en abril de 1954, rodeado de una triunfal bienvenida dirigida a los 246 prisioneros de guerra de la División Azul que viajaban en el barco.

sábado, 17 de octubre de 2015

Los niños de la guerra



 EiTB - 1 abr. 2014 Los niños de la guerra.
Unos 34.000 niños entre 5 y 15 años fueron evacuados en todo el Estado. Juanita salió en barco de Santurtzi a la antigua URSS en 1937

miércoles, 14 de octubre de 2015

Actos del exilio en Galicia "Os nenos e nenas da guerra civil española" en Ferrol y Oleiros


Traducción del galego Estación Soviética 

El Ateneo Ferrolán recupera la experiencia del exilio infantil a Rusia después de la guerra

Diario de Ferrol 14 Octubre 2015
En los años 1937 y 1938, en el contexto de la guerra civil española, unos 3.000 niños y niñas fueron evacuados desde la zona republicana hacia la Unión Soviética, para evitarles los rigores de la guerra en las zonas más afectadas por los combates, aunque el oriente europeo no fue el único punto del exilio infantil de las familias republicanas. Muchos de aquellos niños y niñas exiliados no pudieron volver a sus zonas de origen debido a las vicisitudes de la Segunda Guerra Mundial, la dictadura franquista y la dinámica general de la guerra fría.

El Ateneo Ferrolán organiza un encuentro con Araceli Ruiz (Palencia, 1924) y Libertad Fernández (Sama de Langreo, 1927) dos de aquellas niñas, y Alejandra "Sura" Marcova, una moscovita que vivió siempre en el ambiente de los niños de Rusia y se casó con uno de ellos, Manolo Fernández. Estas tres mujeres hablarán de su experiencia vital en un exilio que aún es muy desconocido para mucha gente. Y la narración de su vida en primera persona irá sucesiva de un coloquio con el público asistente.


Tres niñas exiliadas por la guerra civil española contarán su historia el jueves en la Fábrica de Oleiros

Alternativa dos Veciños Oleiros 13/10/15
El auditorio del centro cultural A Fábrica acoge este jueves, a partir de las 20:00 h. un acto público sobre los niños y niñas de la guerra civil española. Araceli Ruiz, Libertad Fernández y Shura Marcova relatarán como siendo menores de edad tuvieron que huir hacia Moscú ante la persecución fascista en España. También serán proyectados varios documentales y se realizará una charla coloquio moderada por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

La historia que acercarán Araceli, Libertad y Shura a las personas asistentes estará acompañada de los comentarios del profesor de geografía e historia Jorge Calle, que pondrá en situación y contexto la huida de estas tres niñas hacia Rusia. También serán proyectados los álbums de la guerra de Castelao en Moscú, que contarán con las explicaciones del profesor e investigador Xesús Alonso Montero. Carmen Rodeja, de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica y los estudiantes Ángela Pérez y Daniel Sánchez moderarán un acto que durará una hora, aproximadamente.

sábado, 10 de octubre de 2015

La memoria de 'los niños de la guerra' en Cantabria

Una de las fotografías de la muestra. / Manuel de Cos
 
  • Tendra lugar en el mes de noviembre en el Parlamento de Cantabria
  • Cantabria acogerá una exposición documental y gráfica que narra el dolor del exilio

  • Cultura y la asociación Archivo Guerra y Exilio acuerdan también colaborar para preservar la colección de fotos y videos etnográficos de Manuel de Cos

El Diario montañés - Guillermo Balbona | Santander 5 octubre 2015
Bajo el epígrafe de ‘Los niños de la guerra cuentan su vida, cuentan tu historia’ una muestra documental, testimonial y comprometida con la memoria histórica recalará en Cantabria próximamente. El titular de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno cántabro, Ramón Ruiz, y la secretaria general de la asociación Archivo Guerra y Exilio, Dolores Cabra, acordaron ayer colaborar en la organización de esta cita. Además, el consejero, tras la entrevista mantenida con la representante de esa entidad, y con su responsable en la región, Marisol González Lanza, decidieron extender su colaboración a otro objetivo: preservar la colección de fotos y videos etnográficos de Manuel de Cos. 

La exposición, de carácter itinerante, tiene sus fondos depositados en el Archivo Nacional de Cataluña y cuenta con 56 paneles con textos, fotografías y documentos relacionados con el exilio de niños, muchos de ellos cántabros, a la antigua Unión Soviética a consecuencia de la guerra civil y la victoria de las tropas franquistas. La muestra se completa con un libro-catálogo editado por la Secretaría de Emigraciones y está avalada por cuatro organizaciones. Dolores Cabra, archivera de profesión, visitará el lunes el Parlamento de Cantabria, probable destino de la exposición, donde se entrevistará con su presidenta, Dolores Gorostiaga. El Parlamento acogerá estos fondos documentales de Archivo Guerra y Exilio, entidad de ámbito internacional que cuenta con sedes en Madrid y Barcelona.

La muestra se conforma con un exhaustivo material fotográfico y documental que traza un recorrido por la vida de aquellos niños desde su salida de España hasta el presente, su educación, la tragedia de la ocupación nazi de la URSS, su participación en la resistencia y el trabajo, sus trayectorias profesionales. Fotografías de época que muestran la vida cotidiana, la dureza del exilio, y textos extraídos de retazos de las memorias escritas por algunos de ellos, cartas, informes de sus maestros y cuidadores y diversos artículos sobre ...Los ‘recuerdos’ de casi 3.000 niños, que en su mayoría salieron de Asturias, Cantabria y el País Vasco.

Etnografía y rescate
Por otra parte, y con carácter más etnográfico el segundo foco de atención abordado por la Consejería y el organismo histórico se centra en el interés de ambas partes por la colección fotográfica y videográfica de Manuel de Cos, cántabro de 95 años que durante casi medio siglo ha recorrido los pueblos de Cantabria fotografiando y entrevistando a personas mayores, «acerca de sus vidas y profesiones ligadas a oficios en trance de desaparición: molineros, herreros, albarqueros…». Ramón Ruiz mantendrá próximamente un encuentro con De Cos con el fin de perfilar «esa colaboración y preservar esta colección, que solamente en fondos de formato vídeo supone unas 800 horas de grabación».

jueves, 24 de septiembre de 2015

Se cumplen 78 años de la partida del Musel de los "niños de la guerra" a la Unión Soviética


La Región Internacional - Almudena Iglesias 23/09/2015
Este 23 de septiembre se marca en rojo en el calendario eterno de los "niños de la guerra" que partieron del Musel  en 1937. Año tras año, la Asociación Lázaro Cárdenas rinde homenaje a aquellas criaturas víctimas de la barbarie,  y a quienes la vida y la solidaridad del pueblo ruso les brindó una segunda oportunidad.

Nuevamente en la playa del Arbeyal junto a la estatua de Vicente Moreira, el próximo sábado a las doce del mediodía, se recordará a aquellos niños, de los cuales muchos no volvieron, algunos como Araceli Ruiz, presidenta de la Asociación Asturiana de Niños de la Guerra ha podido superar los noventa años con la memoria intacta y el recuerdo nítido  de aquellos terribles momentos. Hace algunos días en una entrevista publicada en el diario Público revivía su partida: “Mi padre quedó en la cárcel. Mi madre, madre de seis hijas, se moría de pena cuando las bombas comenzaron a caer sobre Gijón. Ella quería darnos una vida mejor y, cuando se enteró de que la URSS iba a acoger a 3.000 niños españoles, no lo dudó y nos apuntó”. 

“Te puedes imaginar lo que era aquello", cuenta Araceli: "Todos los niños llorando. La mayoría eran hijos de mineros. Y así estuvimos varios días esperando porque el Cervera, el crucero de Franco anclado frente al puerto, amenazaba con hundirnos”.

Tras diez días hacinados en la bodega de un carguero de carbón, y dos escalas en Francia y el Reino Unido, Araceli, sus hermanas y los más de mil niños asturianos, llegaron a Leningrado. Así lo cuenta Araceli en la entrevista de Público: “Aquí éramos hijos bastardos de republicanos. Allá, San Petersburgo se volcó en recibirnos con pancartas que decían ‘bienvenidos los hijos del heroico pueblo español”. 

Araceli no ahorra detalles para describir como fue su vida en la Unión Soviética: “En Leningrado había nueve casas para niños. Yo dormía en la número 4. Todo estaba limpísimo. Comíamos a su debido tiempo. Estudiábamos con maestros españoles y un poco de ruso. Fíjate lo que hizo la Unión Soviética que, como nos faltaban manuales de estudio, mandó que tradujeran libros para nosotros. 

Esta es sólo parte de la historia de Araceli, de la historia común de los 1.100 niños asturianos de los que apenas viven 30 , de los "niños de la guerra" que tal día como hoy de 1937 en medio de la oscuridad de la noche, el llanto y el desgarro de sus familias partieron rumbo a una vida que a su pesar sin duda fue mejor.

domingo, 20 de septiembre de 2015

Araceli Ruíz: “Yo también fui una refugiada”

“Se me ha quedado grabada en la cabeza la imagen ese niño al que las olas llevaron a una playa. Porque los niños nunca han empezado una guerra y son los que más la sufren. Lo que pasa… no lo entiendo. Me rompe el corazón”. Porque la historia de Araceli Ruíz Toribios (Palencia, 1924) pudo ser una historia como la de Aylan. Salvo que ella sólo encontró una valla en su huida de la guerra y el terror: el buque fascista que, en 1937, a cañazos, trató de evitar que 1.100 niños zarparan rumbo a la URSS.

“Cada vez que lo recuerdo me entran escalofríos”, se estremece Araceli cuando se dispone a compartir un relato que tiene cincelado en la mente: “No se me va; ha sido una vida a veces tan difícil”. Es casi el guión de una película que arranca y finaliza en Gijón, pero que transita entre la Unión Soviética de la II Guerra Mundial y la Cuba de la Revolución o la crisis de los misiles.

 “Mi padre quedó en la cárcel. Mi madre, madre de seis hijas, se moría de pena cuando las bombas comenzaron a caer sobre Gijón. Ella quería darnos una vida mejor y, cuando se enteró de que la URSS iba a acoger a 3.000 niños españoles, no lo dudó y nos apuntó”. La primera escena de la película de Araceli es una nave cercana al puerto de El Musel donde las diputaciones de León y Asturias refugiaron a centenares de niños a la espera de que su barco pudiera partir. Entre esos críos: Águeda, Conchita, Araceli y Angelines, cuatro de las seis hermanas Ruíz. “Te puedes imaginar lo que era aquello; todos los niños llorando. La mayoría eran hijos de mineros. Y así estuvimos varios días esperando porque el Cervera, el crucero de Franco anclado frente al puerto, amenazaba con hundirnos”.

Con las luces apagadas, a las 11 de la noche del 23 de septiembre del 37, hacinada en la bodega de un carguero de carbón, partió Araceli en una travesía de diez días, con escalas en Francia y el Reino Unido, y destino feliz en Leningrado. Se sonríe Araceli cuando invoca el recibimiento: “Aquí éramos hijos bastardos de republicanos. Allá, San Petersburgo se volcó en recibirnos con pancartas que decían ‘bienvenidos los hijos del heroico pueblo español”.

“Igualito que ahora en Hungría o Macedonia” ironiza cuando recuerda el cariño, la amabilidad y las condiciones con las que fueron acogidos los 3.000 españolitos que iban a pasar unos meses a la Unión Soviética y se quedaron, como en el caso de Araceli, más de 40 años.

“En Leningrado había nueve casas para niños. Yo dormía en la número 4. Todo estaba limpísimo. Comíamos a su debido tiempo. Estudiábamos con maestros españoles y un poco de ruso. Fíjate lo que hizo la Unión Soviética que, como nos faltaban manuales de estudio, mandó que tradujeran libros para nosotros. Igualito que ahora”, repite.

Otra huida del fascismo
Entre la escuela, juegos de trineos, visitas al teatro y muchas lágrimas contagiosas de morriña, discurrieron infancia y adolescencia de la palentina, interrumpidas de nuevo por otra guerra: “¡Parecía que los conflictos nos persiguieran y el que se avecinaba era mucho peor!”, exclama.

La invasión de la Unión Soviética por parte de la Alemania nazi en 1941 supuso un nuevo adiós y otro largo éxodo para Araceli. “Yo quería seguir estudiando y me llevaron a Odesa donde me separaron de mis hermanas. Pero el mismo día que empezó la II Guerra Mundial en la URSS, Odesa fue bombardeada y nos volvieron a evacuar”.

Navegó por los mares Negro y Caspio, atravesó el desierto de Asia Central hasta Samarcanda, casi en la frontera con Afganistán. La niña tuvo que aprender otro idioma, el uzbeko. Pasó hambre. Trabajó duro en los campos de algodón y como mano de obra bélica. “A los niños de la guerra nos metieron en una fábrica de construcción de aviones. Con 17 años me dedicaba a soldar los esqueletos hasta que una compañera se quemó y nos pusieron de torneras”.

Cuatro años de penurias que finalizaron cuando, el 9 de mayo de 1945 –no olvida una fecha- las autoridades decidieron volver a reunir a los españoles evacuados. Araceli se reencontró con sus hermanas en Moscú; retomó los estudios que la convirtieron en ingeniero economista de ferrocarril y en funcionaria del Ministerio de Finanzas ruso. Y en Moscú se enamoró.

“Yo me quería casar con un español, fuera feo o guapo, porque yo aún tenía la idea de regresar a España y pensaba ‘si me caso con un ruso, me quedó aquí’. Al final me casé con el hijo de un minero de Sama de Langreo: Laureano Fernández, que además era muy guapo”, se ríe.

Revolucionaria española en Cuba
Y debería decirse aquí que la pareja comió perdices en la capital de la URSS, pero el nomadismo persiguió a Araceli hasta su jubilación. Con el estallido de la revolución cubana y el desembarco del ejército ruso en la isla, la Unión Soviética necesitaba de traductores. Y allá fue la familia Fernández; a la localidad cubana de Pinar del Rio donde Araceli se encargó de traducir las comunicaciones de los tanquistas.

Araceli, traductora en Cuba, entre dos técnicos cubano y ruso
Araceli, traductora en Cuba, entre dos técnicos cubano y ruso

“Cuando en el 62 estalló la crisis de los misiles, conocí al Che. El Comandante había bajado de la sierra. Era un hombre fuera de serie: inteligente, humano, caritativo… ¡Y además era guapísimo!” Cuenta Araceli que cuando se encontraron, Ernesto Che Guevara se interesó por la historia de los Niños de la Guerra. “Me preguntó por mis padres. Yo le conté que llevaba casi treinta años sin verlos, que no sabía nada de ellos. Y él me contestó: ‘Pero si Cuba no ha roto relaciones con España’. Al cabo de una semana mis padres estaban en La Habana”.

Araceli estaba embarazada de su segundo hijo cuando volvió a ver a sus padres en el aeropuerto José Martí. “Mi padre tenía 76 años, mi madre 71. Y yo al verlos bajar por la escalerilla del avión, sólo lloraba. Había pasado tanto tiempo”. Con ellos estuvo cuatro meses y otros cuatro años en La Habana. Después regresó a la capital rusa donde se colocó en Radio Moscú, hasta su jubilación.

“Mi marido yo volvimos en el 69 a España, de vacaciones. Pero la policía franquista no nos dejaba en paz. Nos interrogaban sobre nuestro pasado en Rusia y en Cuba. Así que hicimos cruz y ralla y decidimos que hasta que no muriese Franco no volveríamos a España”. Con la mala suerte de que el marido de Araceli falleció sólo dos meses antes de que lo hiciese el dictador. No pudo ver Laureano su deseo cumplido. Y la palentina regresó sola a su Gijón de adopción.

Hoy es toda una institución en Asturias: presidenta de la Asociación Niños de la Guerra. De los 1.100 que aquel 23 de septiembre de 1937 partieron de Gijón, hoy apenas quedan treinta. Pero en unos días volverán a reunirse en el monumento que se levantó cerca de El Musel desde el que zarpó aquel buque carguero rumbo a Leningrado. “Porque como dijo Julio Cesar –exclama Araceli- la unión hace la fuerza. Y tenemos que estar unidos, también en la solidaridad con quienes hoy necesitan a un país de emigrantes y exiliados como lo fui yo”.

domingo, 16 de agosto de 2015

Una ceutí coronel del ejercito ruso


Francisco Sánchez Montoya en Historia de Ceuta y el protectorado español 16/8/15 
Cuando la ceutí África de las Heras cursaba sus estudios primarios en el Colegio de la Inmaculada, pocos podían pensar que acabaría sus días en Rusia con el grado de coronel. Nació el 27 de abril de 1909, al final de la actual calle Real -por aquel entonces Soberanía nacional- poco antes de llegar a la actual Plaza de Maestranza. Muy joven se marchó a la península, no sabemos exactamente cuándo fue, pero según algunos testimonios como el de Santiago Carrillo ella participó en la preparación de la huelga general de octubre de 1934 en Asturias. Tras militar en el PSOE y el PSUC fue captada por el servicio de información soviético (NKVD) durante la guerra civil española.

Estuvo implicada en el asesinato de Trotsky, participó como guerrillera en la URSS durante la Segunda Guerra Mundial, y fue una decisiva agente del KGB durante la guerra fría en Latinoamérica. Alcanzó el grado de coronel del KGB y está considerada una figura legendaria de los servicios de inteligencia de la extinta Unión Soviética.

Murió en 1988 y está enterrada en Moscú. África de las Heras fue condecorada por la Unión Soviética en varias ocasiones y terminó su carrera en los servicios secretos soviéticos como instructora de espías. África murió en Moscú el 8 de marzo, Día de la Mujer, de 1988 con el grado de coronel. Fue enterrada con honores militares en el cementerio de Kuntsevskoe.

África de las Heras fue la espía española más activa al servicio de la URSS durante cerca de medio siglo. María Pávlovna, María de la Sierra, Ivonne, Znoi, Patricia y Patria son algunos de los nombres que utilizó. Esta espía ceutí obtuvo numerosas condecoraciones de la URSS.

En 1956, Moscú envía a un nuevo jefe de espionaje para la zona, al qué África va a esperar a Buenos Aires. Ese mismo año, en aras del trabajo conjunto en favor de la URSS, se casará con él. Se trataba de Valentino Marchetti, en realidad Giovanni Antonio Bertoni, un italiano que huyó a la URSS en 1925 y volvió a Italia en 1944 para organizar una red de espionaje. Aunque en Moscú sostienen que, a pesar de ser un matrimonio de conveniencia, tuvieron una feliz vida familiar. Tras fallecer su marido, regresó aparentemente a Moscú en el otoño de 1967, pero salió al extranjero al menos en tres oportunidades más –en dos ocasiones, a Uruguay–, y el fin de su carrera como espía coincidió con el comienzo de su labor como instructora de agentes, en 1971, aunque permaneció en el KGB hasta 1985.

Durante la II Guerra Mundial, terminó unos cursos de radio y sirvió en un destacamento guerrillero donde le entregaron dos granadas, una pistola y un puñal: si corría peligro de ser tomada prisionera debía utilizar las granadas para destruir el radiotransmisor y el libro de claves antes de suicidarse. Lanzada en paracaídas, actuó en la retaguardia alemana a partir de mayo de 1942. Tras sus hazañas de guerra, en 1944 regresó a Moscú e ingreso en uno de los destacamentos del Comisariado de Seguridad de la URSS.

A finales de enero de 1946 pasa en automóvil de Berlín a París, donde se establece haciéndose pasar por refugiada. Un año después cruza la frontera franco-española, pero entonces Moscú decide enviarla a Uruguay, hacia donde parte en diciembre de 1948 y donde se establece como modista para no levantar recelos. Un año más tarde de su llegada se casa con el escritor uruguayo Felisberto Hernández. El matrimonio duró tres años hasta que se divorciaron. Luego se volvió a casar con un otro agente de la KGB, italiano, llamado Valentino Marchetti.

Ambos abrieron, como pantalla para sus actividades, una casa de compra y venta de antigüedades en el casco viejo de la ciudad de Montevideo. El Jefe del espionaje Vladimir Stanchenko confirmó la gran importancia de la ceutí en el entramado de la KGB al revelar, en julio de 1993, al diario El País que “después de la guerra, y hasta mediados de los años 70 fue responsable en Europa y América Latina de todo el entramado político.

SU TÍO, ALCALDE DE CEUTA
Julián Francisco de las Heras Jiménez, tío de África fue alcalde de Ceuta, entre 1907 y 1909, de profesión abogado. Fue asesinado el 11 de abril de 1936, sobre la una de la madrugada, de tres disparos, en una de las pronunciadas curvas de la calle Canalejas, cuando regresaba del Casino Africano. Según los diarios locales de esos días una expropiación de terrenos se barajó como móvil del asesinato. Tuvo una vida política muy activa, y cuando en 1931 se convocan elecciones municipales para el 12 de abril. Se presentó bajo las siglas del partido Concentración Monárquica Conservador. No obteniendo, los votos necesarios para poder ocupar un escaño en el nuevo ayuntamiento bajo la República. A Patria, seudónimo con el que África firmó sus informes cifrados a Moscú después de la II Guerra Mundial, parecían gustarle los mitos e inexactitudes. Por ejemplo, lo explica su autor, en Rusia se decía que era hija del general Manuel de las Heras. Quizá le parecía más interesante y romántico hacerse pasar por la hija de su tío, muerto en diciembre de 1930 a consecuencia de las heridas de bala que recibió cuando se enfrentó a los sublevados republicanos de Jaca. 

¿África de las Heras, implicada en el asesinato a Trotsky?
Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, fue amigo de África, y los documentos demuestran que estuvo implicada. Se conoce mucho la implicación de Caridad y Ramón Mercader en este asesinato en México, en 1940, y nada se conocía de la implicación de África en este operativo. Aunque ella no participó en la fase final que acabó con su vida, sí formó parte de todo el dispositivo de vigilancia y observación sobre Trotsky durante varios meses.

Stalin había dado la orden de asesinar a Trotski. Ella tomó una decisión en un momento determinado, en la Guerra Civil, pasando a trabajar con la Unión Soviética. Aunque estaba convencida de lo que iba a hacer, creo que se sacrificó tanto a la causa que en los últimos años de su vida se dio cuenta de eso. Su vida estuvo ligada a imposiciones de su vida clandestina.

Para que esta ceutí, fuera una espía tan destacada debería tener unas características especiales, que le hicieran ser diferente al resto. ¿Cuáles eran? Se trataba de una mujer inteligente, tenaz, muy comprometida políticamente, fría y calculadora, discreta, prudente… Eso le ayudó mucho en su labor. Era una comunista contumaz, convencida de su causa.

África mantenía una estrecha amistad con los compañeros comunistas españoles, Caridad Mercader y Ramón Mercader (madre e hijo), para llevar a cabo el plan. Ramón se había trasladado a Nueva York y de allí a México con el pasaporte de un brigadista canadiense fallecido, Frank Jackson, en septiembre de 1939.

Aunque la casa en la que vivía Trotsky estaba fuertemente custodiada, Ramón Mercader (conocido con el alias de «Jacques Mornard» lograría infiltrarse en su círculo ganándose la confianza de una de las secretarias de Trotsky, Silvia Ageloff, con la que incluso mantuvo un noviazgo formal premeditado y planeado para perpetrar el magnicidio. La tarde del asesinato, Trotsky se encontraba trabajando en su despacho cuando Mercader apareció con mal aspecto alrededor de las 17:20.

A pesar de quejarse de sed, llevaba sombrero y portaba un abrigo. Solicitó ver a Trotski para mostrarle un artículo. Con este pretexto subió al despacho y, mientras este se hallaba sentado, se acercó a él por la espalda y le clavó salvajemente un piolet en la cabeza, que extrajo de un bolsillo del abrigo. El grito de Trotski se oyó como un estruendo en toda la casa; sus custodios acudieron rápidamente pero no se pudo hacer nada. Logró derribar a su asaltante, salir de la habitación y comunicar a su esposa la identidad del asaltante antes de caer desvanecido. Cayó en coma y falleció al día siguiente, 21 de agosto de 1940, en un hospital de la Cruz Verde. Cabe señalar que a sus exequias, celebradas en la capital mexicana, asistieron cerca de trescientas mil personas, en una ciudad que por aquel entonces contaba con unos cuatro millones de habitantes. Su asesino fue condenado a diecinueve años de prisión; liberado en 1960, la Unión Soviética le otorgó la condecoración de Héroe de la Unión Soviética.

María Pávlovna, Ivonne, Znoi, Patricia, Patria…
María Pávlovna, Ivonne, Znoi, Patricia y Patria son algunos de los nombres que utilizó África de las Heras en su faceta como espía en el KGB. Ella ha sido protagonista de varios libros, – incluso me atrevo apuntar que el libro “Tiempo entre Costuras”, en ciertos aspectos, tiene algo de nuestra paisana África. El periodista Javier Juárez, es una de las personas que mejor conoce su vida, él escribió un exitoso libro titulado “Patria. Una española en el KGB”.

Manifestó que esta ceutí, fue una espía muy importante a nivel internacional. Juárez detalla cómo llevó a cabo la compleja investigación para escribir esta obra y dejar fiel testimonio de quien fue una de las agentes con mayor relevancia internacional. A medida que iba investigando, me di cuenta de que se trataba de una vida apasionante, eso fue lo que me llevó a seguir con la investigación, a narrarla en un libro y a publicarla.

Cuando empecé a investigar no había casi nada publicado sobre ella. Había una fuente de información que desgraciadamente sigue vetada, son los archivos de Moscú del KGB. Esa fuente, que es oficial, es discutible hasta cierto punto porque no todo lo que consta en este tipo de archivos, lo digo por experiencia, es verídico. No obstante ahí teníamos una veta, un filón, que desgraciadamente no se puede consultar. A medida que fui investigando, pude entrevistar a personas que bien directa o indirectamente la habían conocido.

Trabajé en archivos españoles, el Histórico Nacional y en el de la Guerra Civil de Salamanca y después contacté en Uruguay, que fue el país donde estuvo más tiempo además de en España, con personas que la conocieron directamente. Esa mezcla de archivos, entrevistas y algunos artículos sueltos, me sirvió para reconstruir el puzzle.

La familia de las Heras era muy conocida e importante en Ceuta, pero sólo hay familiares en un grado bastante lejano. Tuvo una hermana, que se llamaba Virtudes, que murió en Tánger. El espionaje por sí mismo no es un elemento suficientemente atractivo como para escribir un libro sobre alguien. Pero en el caso de África se da una serie de circunstancias muy singulares y particulares.

En primer lugar, que fuera mujer, algo que no es frecuente en los servicios de inteligencia, menos aún en los soviéticos, que estaban bastante dominados por los hombres. Lo segundo que me llamó la atención fue que África llegó a ser nada menos que coronel en el KGB.

África de las Heras llegó a ser coronel en la KG. Fue reconocida por sus jefes en Moscú. Eso dice mucho de ella, por el hecho de cómo fue reconocida por sus jefes en Moscú porque no era en absoluto fácil ser coronel del KGB en los años de la Guerra Fría. Sólo gente de la máxima confianza o personas que prestaron grandes servicios a Inteligencia llegaba a ese grado. De hecho sólo hay dos españoles que lo fueron, uno es ella y el otro Ramón Mercader

martes, 23 de junio de 2015

Una deuda con Josefina Iturrarán

Josefina Iturrarán
 
Pilar Bonet - Las Atalayas blog de El País | 09 de junio de 2015
Josefina Iturrarán se hubiera alegrado de saber que por fin ha sido erigido un monumento en memoria de los españoles que perecieron en el lager estalinista de Karagandá (Karlag), en la estepa de Kazajistán. A Iturrarán le corresponde el mérito de haber realizado la primera sistematización de los campos (dependientes del ministerio del Interior de la URSS o NKVD y del GULAG), donde estuvieron internados presos españoles a partir de 1941 y hasta los años cincuenta. Fue a mediados de la década de los noventa, hace más de veinte años, cuando, por encargo de EL PAIS, la investigadora trabajó durante varios meses en el archivo del Centro de Conservación de Colecciones Histórico-Documentales (antiguo archivo especial secreto fundado en 1946 para usos policiales políticos y judiciales, abierto al público en 1991).
 
Iturrarán emprendió la titánica tarea de examinar centenares de miles de fichas de presos de numerosas nacionalidades y estableció que los españoles habían estado internados en un mínimo de 20 campos a lo largo y ancho de la geografía soviética, desde Odessa y Donetsk, en Ucrania, hasta Ajmólinsk y Karagandá, en Kazajistán. Josefina descubrió además la orden secreta por la que el comisario del Interior Lavrenti Beria, el 26 de junio de 1941, había mandado internar en el campo de Norilsk, en el Círculo Polar Ártico, a varios contingentes de españoles residentes en la URSS. Al día siguiente fueron detenidas las tripulaciones de los mercantes de la República Española fondeados en Odessa.
 
El resultado de su trabajo fue “Una deuda con la historia”, un artículo publicado en EL PAIS el 12 de marzo de 1995, en el que Iturrarán pasaba revista al destino de los detenidos, marineros, pilotos, “niños” y emigrantes políticos, a los que se añadieron combatientes de la División Azul, algunos de los cuales se habían alistado precisamente para pasarse a la URSS.
 
Creía Josefina que, para cerrar ese doloroso periodo histórico, era necesario construir un monolito en memoria de los españoles en alguno de los campos por donde pasaron. En Karagandá su deseo se ha cumplido, pero ella ya no está entre nosotros para verlo.
 
La “niña de la guerra” que salió de Guernika en 1937 pocos días antes del bombardeo alemán, falleció en Moscú el 27 de enero de 2014 a los 90 años de edad.
 
Nos enteramos de su muerte con imperdonable retraso. Ucrania, en plena efervescencia,nos mantenía alejados de Moscú; en los últimos años, Josefina se empeñaba en no descolgar el teléfono y, además, había dejado de visitar el Centro Español. Apasionada e imaginativa, Iturrarán fue mujer de muchos talentos. Tras su llegada en barco a Leningrado en 1937 pasó por varias casas de niños de diferentes localidades hasta llegar a Odessa, ciudad donde estudió y donde tomó lecciones de canto. En 1940 se trasladó a Moscú, donde fue admitida en el conservatorio poco antes de que los alemanes invadieron la URSS en junio de 1941. Junto con otros niños españoles, huyó a Siberia y de allí, a Uzbekistán, en Asia Central, donde participó en la cosecha del algodón y comenzó estudios de Pedagogía.
 
De vuelta a Moscú se licenció en el Instituto de Lenguas con diploma de honor en 1952-53. Trabajó en el Instituto de Ciencias Sociales adjunto al Comité Central del PCUS y, ayudó a alfabetizar a militantes comunistas internacionales que, en un ambiente de clandestinidad e inscritos con nombres falsos, se preparaban para la revolución. Después pasó a la Academia Diplomática, de donde se jubiló en 1987. Conoció a Fidel Castro y al Che Guevara, grabó discos con canciones de Federico García Lorca, cantó para la Pasionaria, que apreciaba mucho su voz, para Pablo Neruda y para Rafael Alberti.
 
A lo largo de su vida, Iturrarán realizó múltiples investigaciones. Rescató las obras inéditas del músico Vicente Martín y Soler, que vino a Rusia invitado por Catalina la Grande en el siglo XVIII, y también correspondencia y grabaciones de Pablo de Sarasate y Pau Casals, asiduos de Rusia antes de la revolución de 1917, y fotografías y manuscritos de Rafael Alberti entre muchas otras cosas.
 
Josefina estaba especialmente satisfecha de haber conseguido que una calle de la ciudad de Nizhni Nóvgorod (en el Volga) fuera bautizada con el nombre de Agustín de Betancour, el ingeniero canario que desarrolló las obras públicas en Rusia a principios del XIX. Para conseguirlo, Iturrarán mantuvo cuatro años de correspondencia con Boris Nemtsov, cuando este político, asesinado el pasado febrero, era el gobernador de la provincia de Nizhnni Nóvgorod. Nemtsov, según explicaba Josefina, entendió que era importante honrar la memoria del artífice de los planos de recinto de la feria local.

Josefín investigó también la figura de José de Ribas, el fundador de la ciudad de Odessa en el siglo XVIII, quien luchó contra los turcos al frente de una flotilla de cosacos y estuvo aparentemente implicado en el compló que acabó con la vida de Pavel I.

Por sus méritos en la recuperación de la cultura española en Rusia, fue condecorada con al orden de Isabel la Católica.

La enterraron en el cementerio de Novodévichi, sin que pudiera llegar a cumplir su anhelo de ir a España, como dijo en una ocasión, para tener “un rinconcito con una cama y una mesa donde yo pueda escribir mis memorias y recuerdos y venga una persona una vez al día a traerme unos garbanzos”.

viernes, 15 de mayo de 2015

Natalia Kharitonova, autora de "Edificar la cultura, construir la identidad. El exilio republicano español de 1939 en la Unión Soviética"


 
Cazarabet conversa con... Natalia Kharitonova, autora de "Edificar la cultura, construir la identidad. El exilio republicano español de 1939 en la Unión Soviética" (Renacimiento)
 
Natalia Kharitonova desde la colección la Biblioteca del Exilio de Editorial Renacimiento se acerca al exilio republicano español en la Unión Soviética en 1939.
 
Lo que nos dice la editorial, Renacimiento, de este libro de la colección Biblioteca del Exilio:
Edificar la cultura, construir la identidad es un estudio panorámico de las prácticas culturales del exilio español en la Unión Soviética, desde 1939 y hasta los años setenta. Basado en los materiales procedentes de los archivos rusos y españoles y en los testimonios personales, reconstruye las actividades culturales de los niños españoles en la URSS, del Club y del Centro Español de la Unión Soviética, y además arroja luz sobre la historia de las redacciones españolas de la editorial Progreso y la revista La Literatura Internacional.
 
La autora, Natalia Kharitonova:
Natalia Kharitonova (Moscú, 1972) es doctora en Filología Hispánica por la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB). Profesora del Departamento de Filología de la Escuela Superior de Económicas (HSE) de Moscú e investigadora del Departamento de Literatura Contemporánea de Europa y América del Instituto de Literatura Mundial Máximo Gorki de la Academia de Ciencias rusa. Miembro del Grupo de Estudios del Exilio Literario (GEXEL) de la UAB, ha dedicado sus investigaciones a las relaciones literarias y culturales entre Rusia y España, y Cataluña en el siglo XX, especialmente a la revista Octubre, María Teresa León, Andreu Nin y Ramón J. Sender. Ha publicado diversos estudios sobre el exilio republicano español de 1939 en la Unión Soviética, así como la primera edición de Cuentos de Madrid, de César Arconada (Renacimiento, 2007).
 
 
 
Cazarabet conversa con Natalia Kharitonova:
 
- ¿Cómo, en general, se fue asentando el exilio republicano en la Unión Soviética, entre aquellos exiliados que obedecían más a ser exiliados con una "alta carga" de "lo cultural" y que venían con el miedo a una represión fascista y el escarmiento de ver y ser los testigos de una guerra?
 
- Delante de "los españoles del éxodo y del llanto" que se marcharon a Rusia, se abrió un país muy lejano, desconocido, muy distinto culturalmente. Llegaron con la dolorosa experiencia de la derrota y con mucha incertidumbre, pero también con mucha ilusión. Hay numerosos testimonios del entusiasmo que experimentaron tras su viaje a la Unión Soviética. No olvidemos que iban a la "gran patria del socialismo", y es que era algo que formaba parte de sus ideales, algo en que sinceramente creían. Una visión más realista del entorno se consolidaría más tarde, tras años de vicisitudes inevitables de adaptación. Con todo, en 1939 la URSS no constituyó un destino que siguió un gran número de intelectuales o artistas exiliados, inicialmente fueron muy pocos, como, por ejemplo, César Arconada, Eusebio Cimorra, Alberto Sánchez o José Sancha. No obstante, varios republicanos que antes no se dedicaban a las artes ni las letras, en el exilio soviético tuvieron la oportunidad de desarrollar su potencial, también en el campo cultural e intelectual. Por eso deberíamos tener en cuenta esa permanente reconfiguración cultural y social de la comunidad exiliada en la URSS que primero enriqueció la cultura del país de acogida y, años más tarde, la de España obsequiándola con unos excelentes traductores del ruso, conocedores de la cultura y literatura de su "segunda patria", profesores universitarios, profesionales del teatro y del cine, artistas.
 
-El exilio, después de la pérdida de una guerra es de lo más doloroso, pero vamos a ver ¿una vez se huye del país con una fuerte carga cultural y se van poniendo cimientos culturales en el país de acogida se va haciendo, también, para hacer hasta como más "llevadero" el exilio?
 
- Sin duda, fue así. Los exiliados llenaron sus momentos de ocio con montajes teatrales, canciones españolas, bailes acompañados de guitarra por los que no pocos de ellos sentían afición o veladas en las que recitaban poemas improvisados. Menciones de ese tipo de actividades se encuentran en memorias de Luis Galán o Ramón Barros, en cartas de Augusto Vidal, César Arconada, o en otros documentos. Era una manera de divertirse y conectar el pasado con el presente, echar un puente entre el espacio que dejaron atrás y el que les acogió.
 
-Si en el país que acoge al exilio y, también, al exilio cultural se deja hacer…El exiliado puede reconstruir y reencontrarse, otra vez, más pronto, mejor y con más garantías con todas las fases de la identidad, ¿verdad?
 
- La construcción indentitaria es un proceso complejo y dinámico que nace a raíz de la interacción de numerosos elementos, y en este sentido tiene importancia tanto el nuevo medio cultural como la comunidad exiliada y un individuo en concreto. Por ejemplo, la sociedad soviética de los años treinta tenía su particular idea de España, cuyos orígenes remontaban a la literatura del romanticismo francés y que poco o nada tenía que ver con la España real. Naturalmente, cuando los españoles republicanos vinieron a Rusia, tuvieron que enfrentarse a los tópicos y explicar una y otra vez que la España operística de George Bizet no es nada más que una creación artística francesa y les resulta ajena. No es casual que César Arconada emprendiera la tarea de componer una "ópera española" bajo el título de La Nueva Carmen, con una marcada diferencia de la antigua Carmen bizetiana. La identidad colectiva, que la comunidad exiliada iba perfilando a lo largo de varios años de su vida en Rusia, recogía tanto elementos étnicos como políticos, pues se identificaban como españoles y republicanos. También hicieron su importante contribución al canon cultural y literario republicano del exilio de 1939.
 
-Pero ¿cómo vamos reconstruyendo esa identidad?
 
- Lo más interesante fue descubrir el mundo del exilio republicano en la URSS en toda su complejidad. Tuve la enorme suerte de manejar todo tipo de fuentes: cartas, documentos, noticias de prensa de la época, fotografías, memorias. Y, naturalmente, sin entrevistas a los propios españoles que vivieron en la Unión Soviética mi estudio sería incompleto. Así, a base de muchas informaciones poco a poco se iba revelando la autorepresentación del exilio. El punto de partida fue la idea de la "hazaña" de los españoles en la URSS. Luego, había que comprender en qué consistió, cuál fue la aportación cultural de los españoles a la sociedad soviética, sin dejar de lado las actividades culturales que desarrollaron en sus instituciones como puede ser el Club Español o el Centro Español en la Unión Soviética. Todos estos datos nos permiten comprender qué elementos forman parte de la identidad del exilio republicano de 1939 en la URSS.
 
-Es necesario poder realizar estos ensayos, estudios, investigaciones y demás para poder entender mejor cómo fue el exilio en general y, en particular, poder sumergirse a entender mejor el exilio cultural….
 
- Naturalmente, el primer paso para la comprensión es la reconstrucción histórica, a partir de ahí es posible profundizar cada vez más en el fenómeno del exilio republicano de 1939. Y es más, es posible decir que el siglo XX fue todo un siglo de exilios y emigraciones, lo que permite ahora a los investigadores plantear los estudios del exilio que apliquen una perspectiva comparativa o transnacional con tal de acercarse a lo que el exilio representa en general y también lo que es en su faceta cultural. El exilio español de 1939 tampoco fue el único exilio en la Unión Soviética, pero, por ejemplo, el exilio alemán en el mismo país y de la misma década está mucho mejor estudiado. Es de esperar que con el tiempo la situación se iguale.
 
-¿Qué tuvo éste, de particular, cuándo llegó y se desarrolló en la URSS?
 
- Fue una comunidad bastante compacta, de militancia comunista en su mayoría, pues, se sabe que para salir a la Unión Soviética un refugiado español tenía que estar respaldado por una recomendación de un compañero del Partido.
 
-Explícanos el exilio cultural que estuvo en la URSS; ¿tuvo muy a ver con el comunismo?; ¿estuvo muy vinculado desde siempre a esta corriente política o hasta se pudo ver como "amordazada" por él…?
 
- El exilio español que estuvo en la URSS tuvo mucho que ver con el comunismo, pues la sociedad en la que venían a residir estaba dirigida por un solo partido y era un partido comunista, así que otra opción simplemente no estaba contemplada. Otra cosa es la trayectoria personal de cada uno. El caso de Jesús Hernández podría representar uno de los caminos que un militante comunista pudo hacer tras su estancia en la URSS, no obstante, cabe resaltar que tampoco puede considerarse como ejemplar. Al mismo tiempo hubo muchos otros exiliados que mantuvieron su ideal comunista intacto y afirmaron incluso años después que seguían siendo comunistas, lo que impide verlos como la gente amordazada o manipulada. Confío modestamente en que mi estudio permita ampliar y matizar la visión del exilio español republicano de 1939 y la de la sociedad soviética, ofrecer un repaso de aquellas oportunidades que la URSS les brindó a los españoles exiliados, y asimismo valorar la aportación que los españoles en su exilio soviético hicieron a la cultura en Rusia.

miércoles, 13 de mayo de 2015

La bandera roja bajo el cielo de Berlín

 
Francisco Ripoll, militante del PCE participante en la
 toma del Reichstag en mayo de 1945
Francisco Ripoll: "La noche del 29 de abril recibimos la orden de asaltar el Reichstag. Fue un combate duro ya que había muchos soldados de la Gestapo y de las SS y muchos oficiales, lo mejor de lo que le quedaba al ejército nazi en Berlín".
 
Mundo Obrero - Mario Amorós 1/5/15
Es una de las imágenes que condensan la historia del siglo XX: hace sesenta años los soldados soviéticos izaron la bandera roja en el Reichstag. Aquella fotografía simbolizó la derrota nazi y la lucha y el sacrificio de los pueblos soviéticos y los militantes comunistas de toda Europea contra la barbarie fascista. Uno de los tres protagonistas de aquel hito fue Francisco Ripoll, un "niño de la guerra" que se alistó como voluntario para luchar contra el fascismo. Ripoll militó en el PCE hasta su fallecimiento hace cuatro años. Ofrecemos este reportaje inédito en Mundo Obrero como homenaje a todos los camaradas que dieron su vida durante la Segunda Guerra Mundial, ahora que los fastos oficiales por el 60º aniversario del final de la contienda en Europa les condenarán, una vez más, al olvido.
 
Francisco Ripoll nació a bordo de un barco camino de Cartagena. Su padre era militar de la armada y de pequeño vivió entre Barcelona y este puerto, donde su progenitor estuvo destinado durante parte de la guerra civil. "Éramos cinco hermanos, cuatro fuimos enviados a la URSS y al quinto lo mataron unos falangistas de una paliza", me explicó hace seis años y medio en Benidorm (Alicante), donde vivía y colaboraba con el grupo municipal de Esquerra Unida.

Junto con ellos fue enviado en el último barco que trasladó niños españoles a la Unión Soviética, eran 120 chicos con edades comprendidas entre 4 y 14 años. Aún evoca con emoción el recibimiento que les dispensaron en Leningrado. "En el muelle nos esperaban miles de personas. Había orquestas, estaban los pioneros.... Vivimos un mes en un hotel y luego nos distribuyeron por las distintas casas de niños españoles".

En 1940 llegó a la Casa de Jóvenes Españoles de Leningrado. "Allí éramos como hermanos. Influía mucho que no teníamos a los padres, a nadie, sólo el cariño que nos daban la educadora, los profesores". Aquel año se afilió al Komsommol (juventudes comunistas) y, en 1943, al PCUS.

En junio de 1941, diez días después de que Hitler lanzara la Operación Barbarroja e invadiera la Unión Soviética, Francisco Ripoll se alistó como voluntario en el ejército soviético. "Todos teníamos el mismo sentimiento: proseguir la lucha de nuestros padres contra el fascismo. De los chavales que estábamos allí, al que no le habían matado el padre, le habían matado el hermano o estaban en la cárcel o el exilio".

Resistió los 900 días del cerco de Leningrado. "Conservo muchos y muy malos recuerdos de la guerra. El invierno de 1941 a 1942 fue el más duro. Llegamos a estar a 50 grados bajo cero". En 1944, el ejército soviético logró romper el asedio y entonces la división a la que pertenecía avanzó por el Báltico y llegó a Polonia.

Allí se toparon con el horror del Holocausto: "Fuimos los primeros en entrar en Auschwitz. Apenas estuvimos algunas horas porque debíamos seguir camino y detrás vinieron otros, que cuidaron de la gente que había allí. No encontramos a ningún nazi. Había cientos de chiquillos, otro grupo de mayores... Vimos todavía cadáveres dentro de los hornos a medio quemar. Aquello fue horrible: ver montones de pelos humanos, de zapatos, de gafas, de ropa de todas clases... Lo que más me impresionó fueron las cabelleras humanas, eran de todos los colores. En los barracones de los oficiales, encontramos pantallas de las lámparas hechas de piel humana, al igual que dos o tres monederos y carteras de bolsillo".

Una foto para la historia
Francisco Ripoll, que tenía entonces veinte años, era teniente de la XV División de Voluntarios y con ella llegó a las puertas de Berlín hacia el 27 de abril. En las filas soviéticas había un "ambiente de euforia" ya que "estábamos deseando entrar". "La orden de asalto a Berlín llegó el día 29. La ciudad estaba prácticamente destruida por los bombardeos de los ingleses. Se luchaba casa por casa. Hitler concentró a la flor y la nata de lo que le quedaba, incluso a los críos de las Juventudes Hitlerianas".

"La noche del 29 de abril recibimos la orden de asaltar el Reichstag. Fue un combate duro ya que había muchos soldados de la Gestapo y de las SS y muchos oficiales, lo mejor de lo que le quedaba al ejército nazi en Berlín. En unas horas lo tomamos".

"El 30 de abril [el mismo día que Hitler se suicidó en su búnker] se colocó la bandera. Había varios fotógrafos soviéticos en el frente pero no les hacíamos caso. Se pidieron voluntarios. Primero subieron cuatro, pero, cuando ya estaban arriba, francotiradores camuflados en los edificios de alrededor los mataron. La bandera cayó y la recogimos nosotros. Nunca se ha hablado de esto pero nosotros lo sabemos. Un mando pidió voluntarios y... allí estaba yo. Subimos. Nos tuvimos que abrir paso a base de bombas de mano, de granadas y ráfagas de metralleta hasta llegar arriba porque el Reichstag es un laberinto".

"Estuvimos arriba una media hora. Seguían los disparos de los francotiradores, pero cuando cesaron, izamos la bandera durante unos minutos. La colocó el que recibió la orden. Cuando nos marchamos, subieron otros soldados para mantener la vigilancia. Todos queríamos bajar de allí por el peligro que suponían los francotiradores". Del fotógrafo, Yevgueni Jaldeï, sólo recordó que "hizo su trabajo en condiciones muy difíciles por los disparos y nada más. No nos dijo nada".

Jaldeï tomó varias instantáneas. En ellas aparece Francisco Ripoll junto a sus dos camaradas, observando cómo la bandera roja ondea sobre el Berlín liberado. Es una fotografía mítica que simboliza la derrota del nazismo. Su nulo afán de protagonismo y el hecho de que durante la guerra adoptara un nombre ruso (Vladimir Dubrosky) pueden explicar que nunca haya sido identificado.

Orgullo para toda la vida
Para Ripoll haber combatido con la Unión Soviética en la Segunda Guerra Mundial fue "el orgullo más grande de mi vida". Recibió, entre otras, la insignia del cerco de Leningrado, la del Ejército Popular de Voluntarios y la Orden de la Gran Guerra Patria, la más importante de las que se crearon en la URSS durante un conflicto que le costó la muerte de más de 25 millones de personas.

Después de la guerra estudió Náutica, se enroló en la flota del Volga y estudió en la escuela naval de Astrakán. En 1957 decidió regresar a España e ingresó en el PCE. "Cuando llegué me retiraron toda la documentación, no me dejaron salir y la Brigada Político-Social me entregó un carnet de identidad que era vergonzoso. No podía salir de Barcelona".

Durante los últimos años de su vida trabajó por rescatar del olvido la memoria de sus jóvenes compañeros. "No quiero protagonismo, sólo sacar adelante mi proyecto", me dijo. Su proyecto consistía en levantar un monumento en San Petesburgo en memoria de los 72 muchachos que vivieron con él en la Casa de Jóvenes Españoles de aquella ciudad y que murieron en los campos de batalla de la Segunda Guerra Mundial combatiendo contra el fascismo en el ejército soviético. Casi todos ellos eran militantes del PCE.

Algunos de ellos fueron capturados por los alemanes ("heridos", recalcó) y "enviados a Franco y fusilados en España". "Incluso dos de ellos estuvieron en la División Azul, se pasaron con nosotros y después estuvieron luchando contra los nazis". En aquella Casa había entre 120 y 150 niños y niñas y algunos de ellos murieron por inanición o a consecuencia de los bombardeos.

Logró incluso todos los permisos para colocar el monumento en dicha Casa, que hoy es un colegio. En él figurarían los emblemas de la II República Española (la estrella de tres puntas) y de la URSS (la estrella roja) con una rama de olivo, símbolo de la paz, y 72 estrellas. Sin embargo, su vida se extinguió sin que pudiera ver su proyecto hecho realidad y preguntándose quién se acordaba de ellos mientras mostraba la lista de sus camaradas caídos en el frente. "Nadie, eso es lo que más me indigna".
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Nota de la Redacción: Mundo Obrero agradece a Mario Amorós el haber escrito este reportaje para nuestro periódico.

domingo, 10 de mayo de 2015

Los españoles que defendieron la URSS

Soldados españoles que defendieron la URSS

Nota MJBarreiroLG: Este blog se abrió inspirado en Agustín García Clavé hijo de Agustín García Ruíz, exiliado en la URSS, luchó y murió en combate durante la Gran Guerra Patria condecorado a titulo póstumo y su hijo nacido durante el exilio de sus padres en la URSS
 
El famoso contorno de la muralla del Kremlin apenas se vislumbraba en la densa oscuridad de noviembre de 1941, que parecía absorber hasta el paso de los soldados españoles. La cuarta compañía marchaba por la Plaza Roja
 
Público - Leoncio Soriano -Agencia SPUTNIK 7/5/15
Muchos de ellos habían soñado con verla al menos desde hace tres años, también noviembre de 1936 cuando conocieron a los primeros soviéticos, vieron los chatos y los moscas, como llamaban en España los cazas I-15 e I-16, los tanques T-26 y BT-5.

Algunos ya habían estado aquí hace dos años, nada más llegar a la URSS. Entonces, inundada por multitudes, risa, color y alegría, la Plaza Roja les pareció mucho más pequeña de lo que imaginaban por las fotos y sus imágenes de cine. Ahora, cubierta por la nieve y la oscuridad, sumida en el silencio, se hacía inmensa. Parecía increíble que a contados kilómetros estuvieran las columnas acorazadas alemanas. Igual que hace cinco años en España, las avanzadas fascistas estaban a contados kilómetros del corazón de Rusia y la presencia de la unidad española en la Plaza Roja era prueba de la confianza que gozaban en la URSS los "españoles de Stalin".
 
Mientras Moscú se preparaba para los combates callejeros, las barricadas cortaban sus calles, obreros e ingenieros, profesores y estudiantes se alistaban en masa a las milicias urbanas, los españoles ocupaban posiciones casi al pie de las murallas del Kremlin. No fue fácil conseguirlo. Las leyes soviéticas prohibían el alistamiento de extranjeros en el Ejército Rojo, por lo que la mayoría de los españoles combatieron en unidades especiales destinadas a actuar en la retaguardia alemana, como la Brigada de Misiones Especiales OSMON cuya cuarta compañía estaba formada por los españoles.

Entre ellos estaba mi abuelo. Años después, yo le pedía contarme “sobre la guerra” y él empezaba: “cuando estábamos en las ‘akopas’”, españolizando la palabra rusa "okop" (trinchera). Cuesta imaginar lo que sentían aquellos españoles, que apenas chapurreaban unas cuantas palabras y a los que incluso años después era difícil entender en ruso, cuando se tiraban en paracaídas en la retaguardia enemiga.

Allí, casi igual de peligrosos como los alemanes eran para ellos los habitantes locales, que los tomaban por rumanos o italianos disfrazados de partisanos.

De casi 3.000 emigrantes españoles, en su abrumadora mayoría “niños de la guerra” evacuados durante la Guerra Civil en España, prácticamente todos los hombres adultos y o pocas mujeres, en total unas 700 personas, se alistaron voluntarios y combatieron contra los nazis en la URSS, Polonia, Checoslovaquia, Rumanía y Hungría, Austria y Alemania.
 
Más de 200 perdieron la vida. La cifra sigue siendo inexacta, oscila entre los 207 y los 283 muertos en acciones de guerra, de los cuales unos 75 eran “niños de la guerra”.

Pocos eran aquellos españoles que llevaban la estrella roja, pero sus hazañas se alzan petrificadas en los monumentos erigidos sobre sus tumbas en las estepas de Rusia, los bosques de Bielorrusia, las laderas del Cáucaso y Crimea y las orillas del Volga convertidas en leyendas. Más de 600 españoles fueron condecorados con diferentes medallas: "Por la defensa de Moscú", "Por la defensa de Leningrado", "Por la liberación de Varsovia", "Por la liberación de Praga", "Por la toma de Berlín"; más de 70 fueron condecorados con las órdenes: "Bandera Roja", "Estrella Roja" y "Gran Guerra Patria"; tres fueron destacados con las máximas condecoraciones de la URSS: dos con la Orden de Lenin y uno con la Estrella "Héroe de la Unión Soviética".

En la antigua Stalingrado, a escasos metros del Volga que los alemanes no llegaron a alcanzar, está la tumba del capitán Rubén Ruiz Ibarruri, héroe de la Unión Soviética. Dos combates le cubrieron de gloria. Cerca de Borísov, al frente de un pelotón de ametralladoras, el teniente Ruiz contuvo el avance de fuerzas alemanas muy superiores hasta perder la última ametralladora y luego sólo con granadas y pistolas lanzó un contraataque que desorientó a los nazis e hizo posible la llegada de refuerzos.

Meses después, en Stalingrado, tomó el mando de un batallón y poco antes de morir consiguió detener el avance de una división acorazada alemana. La consigna de “¡No pasarán!”, proclamada en Madrid por su madre, Dolores Ibárruri, la "Pasionaria", sonaba en las trincheras soviéticas junto a Moscú, Stalingrado, Kursk, en cada ofensiva nazi.
 
También en tierra retomaron la batalla contra el fascismo los pilotos republicanos exiliados en la URSS, pero en 1942 uno de ellos, Juan Bravo, se encontró por casualidad en Moscú con el general Alexándr Osipenko, jefe de la defensa antiaérea soviética que le conocía desde la Guerra Civil Española. Fue así como más de 70 españoles lograron combatir en los cielos de la URSS. Por el número de aviones derribados los nombres de varios quedaron grabados en la lista de los hombres destacados de la Segunda Guerra Mundial. Prueba de ello es el hecho de que en la escuadrilla de cinco cazas que escoltó el avión de Stalin a la conferencia cumbre de los aliados en Teherán, tres eran pilotados por españoles, y la encabezaba el para entonces coronel Juan Bravo.

El aporte español a la Gran Guerra Patria ha contribuido a auténticas leyendas. Una, recogida por el diario Novorossiyski Rabochi, cuenta que fue un comando español el que trajo de la retaguardia alemana un cuaderno lleno de cálculos matemáticos y fórmulas físicas, que sirvió al gran físico soviético Abraham Yoffe para convencer a Stalin de la urgencia de iniciar el desarrollo de la bomba atómica.
 
Otra sostiene la existencia de un plan para eliminar a Hitler que debía cumplir un comando de combatientes españoles, disfrazados de oficiales de la División Azul. Aunque aquel plan no llegó a cumplirse, la leyenda sigue viva y resurge cada vez que alguien se acuerda de las operaciones especiales y los planes de eliminar al Führer.

España es el único país que tiene el honor de contar con un monumento propio en el Parque de la Victoria de Moscú, prueba del respeto y gratitud que sienten en Rusia por aquel puñado de antifascistas españoles que hombro a hombro con sus camaradas soviéticos combatieron por la libertad. Muy cerca, una enorme bayoneta se alza sobre Moscú desde la histórica colina Poklónnaya, junto a ella, yace un dragón con la cruz gamada yace destrozado a los pies de San Jorge y a sus pies 1.418 fuentes de agua que la iluminación parece convertir en sangre recuerda los 1.418 días que duró aquella gran contienda.

domingo, 26 de abril de 2015

Niños de la guerra vascos, en el asedio de Leningrado



El programa 'El Mundo Según LND' de ETB2 ha recordado el terrible asedio vivido en aquella ciudad soviética en 1941, durante 882 días.
 
EITB.eus 23/4/15
El programa 'El Mundo Según LND' de ET2 ha recordado el cruento asedio que sufrió la c¡udad soviética de Leningrado a manos del ejército nazi. El cerco comenzó el 8 de septiembre de 1941 hasta el 27 de enero de 1944, y durante esos 882 días, los habitantes de aquella ciudad vivieron un auténtico infierno. Fue un fue un asedio larguísimo, porque las tropas de Hitler, en realidad, no querían conquistar la ciudad, sino matar de hambre a su población.  Al comienzo de la guerra, Leningrado contaba con unos 3 millones de habitantes y algunos cálculos hablan de 1.500.000 muertos, es decir, la mitad de los habitantes.
 
Había muchos vascos en Leningrado, cuando esta ciudad fue cercada por los nazis. Y es que, tan sólo 4 años antes de que empezara ese cerco, casi 2.000 niños vascos fueron evacuados desde Bilbao, hacia Leningrado, para ponerlos a salvo de la Guerra Civil Española. Pero por desgracia, se libraron de una Guerra Civil para caer de lleno en una Guerra Mundial. Y es que precisamente Leningrado sufrió el cerco más largo, y uno de los más sanguinarios, de toda la Segunda Guerra Mundial.
 
Los supervivientes con fuerza suficiente se ofrecían voluntarios para colaborar con el Ejército Rojo, en la defensa de la ciudad. Y entre esos defensores hubo al menos 74 vascos, todos ellos, niños de guerra que habían tomado un barco en Bilbao, para escapar de la Guerra Civil.
 
El 12 de marzo del 37, partieron rumbo a la Unión Soviética casi dos mil niños vascos, con edades comprendidas entre los 3 y los 14 años. Nada más llegar, los enviaron a 16 casas de acogida repartidas por todo el país. Pero donde había más vascos era en Leningrado, porque había 2 casas de acogida en esa misma ciudad.
 
Allí, los cuidaban entre algodones porque, para el régimen soviético, aquellos niños iban a ser “la futura élite pólitica del Estado español”, en caso de que los republicanos ganaran la Guerra Civil. Pero sus privilegios se fueron reduciendo cuando la República perdió la guerra, y las casas de acogida fueron desmanteladas, cuando los nazis abrieron el Frente Ruso. Aunque en el caso de Leningrado, por lo menos, casi 300 niños vascos fueron evacuados al exterior de la ciudad, aprovechando los breves y fugaces momentos en los que pudo romperse el cerco nazi que la rodeaba.
  
En este segundo exilio, los trescientos niños vascos evacuados de Leningrado fueron llevados a zonas aparentemente seguras del interior de la Unión Soviética, cerca de los montes Urales y del Asia Central. Pero el frio invierno y la mala alimentación les trajeron la tuberculosis y el tifus, y algunos cayeron en la delincuencia y la prostitución. Además, otros acabaron apresados por el enemigo, porque en agosto del 42, una incursión del ejército alemán en el interior de Rusia se saldó con la captura de 14 niños de la guerra, que enseguida fueron entregados a representantes de Falange Española, y repatriados.
 
Para mediados del 43, se calcula que había muerto el 40% de los niños de la guerra. Y mientras tanto, los niños vascos que se habían quedado en Leningrado se fueron alistando en el Ejército Rojo, casi siempre mintiendo sobre su edad, para que no los rechazaran por ser demasiado jóvenes. Pero también entre ellos hubo poquísimos supervivientes: sólo 7 sobrevivieron de los 74 niños vascos que se alistaron en Leningrado.

domingo, 22 de marzo de 2015

Presentación del libro biogràfico "El Soldat de Pandora. Biografia d'un comunista del segle xx "


Presentación del libro biogràfico sobre Sebastià Piera "El Soldat de Pandora", a cargo de Miguel Díaz. Piera se exilió al acabar la Guerra Civil y fue retenido a los campos de concentración franceses. Marchó como refugiado en Rusia, donde se alistó al Ejército Rojo, combatiendo en el Frente Soviético en la defensa de Moscú, y posteriormente al Cáucaso. Volvió en 1947 a Catalunya, donde fue detenido y torturado. Huyó a París, donde fue deportado a Córcega. Sebastià Piera murió el 8 de marzo de 2014, y un año después JEV y AJ quieren rendirle un pequeño homenaje en el marco de las jornadas de recuperación de la memoria histórica.

Las jornadas tienen como objetivo recuperar el patrimonio y la memoria, así como la preservación del simbolismo que suponen estas construcciones de resistencia contra el franquismo. Esta segunda jornada es un compromiso adquirido entre las voluntarias y la organización en la edición anterior para continuar los trabajos y acabar poniendo en marcha un itinerario de la memoria histórica que recorra los vestigios y hechos más destacados de la guerra civil a Blanes

Para inscribirse a las jornadas, podéis dirigiros aqui!
 
 
Teaser Camaradas from Basque Films on Vimeo.