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jueves, 24 de septiembre de 2015

Se cumplen 78 años de la partida del Musel de los "niños de la guerra" a la Unión Soviética


La Región Internacional - Almudena Iglesias 23/09/2015
Este 23 de septiembre se marca en rojo en el calendario eterno de los "niños de la guerra" que partieron del Musel  en 1937. Año tras año, la Asociación Lázaro Cárdenas rinde homenaje a aquellas criaturas víctimas de la barbarie,  y a quienes la vida y la solidaridad del pueblo ruso les brindó una segunda oportunidad.

Nuevamente en la playa del Arbeyal junto a la estatua de Vicente Moreira, el próximo sábado a las doce del mediodía, se recordará a aquellos niños, de los cuales muchos no volvieron, algunos como Araceli Ruiz, presidenta de la Asociación Asturiana de Niños de la Guerra ha podido superar los noventa años con la memoria intacta y el recuerdo nítido  de aquellos terribles momentos. Hace algunos días en una entrevista publicada en el diario Público revivía su partida: “Mi padre quedó en la cárcel. Mi madre, madre de seis hijas, se moría de pena cuando las bombas comenzaron a caer sobre Gijón. Ella quería darnos una vida mejor y, cuando se enteró de que la URSS iba a acoger a 3.000 niños españoles, no lo dudó y nos apuntó”. 

“Te puedes imaginar lo que era aquello", cuenta Araceli: "Todos los niños llorando. La mayoría eran hijos de mineros. Y así estuvimos varios días esperando porque el Cervera, el crucero de Franco anclado frente al puerto, amenazaba con hundirnos”.

Tras diez días hacinados en la bodega de un carguero de carbón, y dos escalas en Francia y el Reino Unido, Araceli, sus hermanas y los más de mil niños asturianos, llegaron a Leningrado. Así lo cuenta Araceli en la entrevista de Público: “Aquí éramos hijos bastardos de republicanos. Allá, San Petersburgo se volcó en recibirnos con pancartas que decían ‘bienvenidos los hijos del heroico pueblo español”. 

Araceli no ahorra detalles para describir como fue su vida en la Unión Soviética: “En Leningrado había nueve casas para niños. Yo dormía en la número 4. Todo estaba limpísimo. Comíamos a su debido tiempo. Estudiábamos con maestros españoles y un poco de ruso. Fíjate lo que hizo la Unión Soviética que, como nos faltaban manuales de estudio, mandó que tradujeran libros para nosotros. 

Esta es sólo parte de la historia de Araceli, de la historia común de los 1.100 niños asturianos de los que apenas viven 30 , de los "niños de la guerra" que tal día como hoy de 1937 en medio de la oscuridad de la noche, el llanto y el desgarro de sus familias partieron rumbo a una vida que a su pesar sin duda fue mejor.

domingo, 15 de febrero de 2015

Desde Rusia con memoria histórica

Foto: Alberto Aragón
 
La historia de los niños de la guerra contada a través de sus testimonios llega a la fundación hernandiana. El Ateneo Sociocultural Viento del Pueblo busca recuperar la historia de los pequeños obligados a emigrar y que nunca volvieron a España
 
«Los hoy viejos niños de la guerra de ayer hemos vivido una vida que no escogimos libremente, pero ha sido nuestra vida y nos sentimos solidarios con ella». Son palabras de uno de los testimonios que recoge la exposición 'Los niños de la guerra cuentan su vida. Cuentan tu historia' que el pasado viernes se inauguró en la sede de la Fundación Cultural Miguel Hernández. Distintos paneles reivindican la memoria de aquellos pequeños que fueron obligados a emigrar, embarcados o subidos a trenes por sus padres para salvarles la vida durante la Guerra Civil, y que aunque se fueron con la promesa de que volverían a sus casas en su mayoría nunca lo hicieron.
 
El Ateneo Sociocultural Viento del Pueblo, en su labor por la recuperación de la memoria histórica, pretendía que Orihuela conociera esta exposición que ha recorrido diversas localidades de España y que ha llegado a la ciudad desde Alcoy, sobre todo porque son sus propios protagonistas los que la cuentan. Ginés Saura recuerda que fueron aproximadamente tres mil los niños que se enviaron a Rusia durante la contienda española y aunque muchos de ellos murieron durante la ocupación nazi de la URSS en la Segunda Guerra Mundial otros lograron sobrevivir e hicieron su familia allí. «Todo eso se había olvidado, por lo que se trata de recopilar archivo, testimonios de personas en el exilio y supervivientes» que hoy se siguen dando cita en el Centro Español de Moscú, un lugar que según Saura está al borde del cierre porque apenas reciben ayudas pese a que todos los responsables políticos españoles que lo han visitado durante décadas las prometieron, como también se deja patente en la exposición. La muestra cuenta con fotografías de esos niños, de su vida posterior en Rusia y numerosos dibujos que se han recuperado además de los testimonios.
 
«También se deja claro cómo fue la gran acogida que se les dio en Rusia, con colonias hechas específicamente para ellos y donde se posibilitó que la mayoría de ellos acabara con carreras de grado superior», indica el integrante del Ateneo. La exposición ha sido posible con la colaboración entre AGE (Asociación Archivo Guerra y Exilio) y el Centro Español de Moscú, La Fundación Nostalgia y el Archivo Nacional de Cataluña. Reúne material recuperado por estas organizaciones así como documentos de los mismos niños y cuenta con textos extraídos de libros de memorias publicados por ellos así como cartas enviadas durante su estancia en la URSS e informes internos de los responsables españoles de los pequeños.
 
Estará en Orihuela hasta el 27 de febrero y el horario de visitas es de lunes a viernes de 10.00 a 14.00 y de 16.00 a 19.00 horas.

martes, 9 de diciembre de 2014

Los últimos 'niños de la guerra'

Una clase de gimnasia en la casa de acogida de la calle Pirogvskaya, en Moscú, en 1938
 
En Rusia y Ucrania quedan 171 supervivientes de los niños españoles que llegaron en 1937 para salvarse de la Guerra Civil. De los adultos que combatieron a Hitler ya no queda nadie con vida
 
El País / Pilar Bonet 9 MAY 2010
Rusia celebra hoy el 65º aniversario de la victoria en la "Gran Guerra Patria", como se denomina aquí la II Guerra Mundial. En la Plaza Roja estarán veteranos extranjeros que lucharon contra Hitler, pero habrá un vacío, el de los españoles que combatieron bajo la bandera de la URSS como aviadores, soldados, partisanos y guerrilleros. El último residente en Rusia de ese grupo curtido y condecorado, Ángel Grandal-Corral, de 83 años, falleció el 25 de marzo en Podolsk, cerca de Moscú. Aquel recio marino de Baracaldo, que patrullaba Gibraltar en el destructor Churruca, estuvo en los servicios de seguridad soviéticos y operó en un destacamento especial en la retaguardia alemana. "Ángel siempre fue un razvedchik (agente) y no relataba sus gestas", afirman conocidos del lacónico vasco al que atribuyen legendarios sabotajes y voladuras.
 
En diciembre murió en Madrid José María Bravo, que se formó como piloto en la URSS y fue uno de los aviadores que acompañó a Stalin a la conferencia de Teherán. Nacido en 1917, poseía la medalla del Valor, la orden de la Guerra Patria y de la Estrella Roja. Lideró la asociación "Veterani", que fomentó los vínculos económicos entre España y los países postsoviéticos.
 
Varios "niños de la guerra" (en Rusia y en Ucrania) compartieron sus recuerdos con EL PAÍS en vísperas del aniversario. Llegaron en barco a Leningrado en 1937, los alojaron en "casas de niños" y en su memoria se amalgaman dos guerras: un paisaje de bombas incendiarias, hambre insaciable, huidas eternas en barco y en tren y hermanos o compañeros que fueron víctimas del tifus, la tuberculosis y el hambre o que simplemente desaparecieron al soltarse de la mano.
 
Mercedes Coto, de 85 años, es una blokadniza (veterana del bloqueo) de Leningrado (septiembre, 1941-enero, 1944). Ella y Joaquina, de 81, recuerdan a Manolo, el hermano recién fallecido. Procedían de un pueblo de Asturias. En la URSS las separaron. Mercedes vivió en una casa de niños de Leningrado y ayudaba a operar a los heridos del frente en un hospital. Recuerda los cadáveres amontonados sobre el río Neva helado y el hambre que mató al compañero Salvador Puente. En 1943, aprovechando la ruptura del cerco, la mandaron al Cáucaso, donde el ejército alemán capturó a un grupo de niños (repatriados con posterioridad a España desde Alemania). Por las montañas llegó hasta Sujumi, en el mar Negro, y allí los soviéticos la encarcelaron por indocumentada. La liberaron después de que los niños capturados por las tropas hitlerianas en el Cáucaso contaran su odisea en una emisora alemana. Desde Tbilisi, en barco por el Caspio y como polizón de trenes por la estepa asiática, llegó a Samarcanda. En Miass, en los Urales, bailó jotas para el Fondo de Defensa de la URSS.
 
"Tras de ti marcharemos, Stalin, por la línea que Lenin trazó...". Las hermanas Coto entonan la estrofa inicial de la canción compuesta por los niños Julio García y Ángel Madera. Stalin premió su creatividad con un reloj. "La cantaban en todas las casas de niños españoles de la URSS", afirma Joaquina. Madera pereció en el frente de Leningrado.
 
En su huida, Mercedes encontró generosidad: la tía Masha, que la salvó de morir de diarrea en Samarcanda. Y frío cálculo: la aldeana del Cáucaso que le pidió la bata por un plato de sopa. Tras la guerra, Mercedes trabajó en una fábrica de Moscú. Por su condición de blokadniza, reconocida recientemente, recibe una pensión rusa de 25.000 rublos (equivalente a 650 euros), complementada con otra española. Joaquina enseñó francés en un pueblo montañoso de Daguestán, donde se desplazaba en burro, y después trabajó en Radio Moscú.
 
El destino dispersó a los niños. Les enviaron a lugares de donde Stalin había expulsado a otras comunidades por temor a que apoyaran al enemigo. Así, llegaron a la antigua República de los Alemanes del Volga, de donde fueron deportadas 367.000 personas, y a Crimea, de donde en 1944 fueron expulsados los tártaros. Francisco Mansilla, el director del Centro Español de Moscú, recuerda su estancia en Bassel, donde se alimentaban de los comestibles dejados por los alemanes, incluido el "sabroso aceite de hígado de bacalao" que el director de la casa de niños le requisó.
 
En Izium-2, en las cercanías de Járkov (Ucrania), vive Tomasa Rodríguez, 81 años, que de niña pasó "frío, hambre y miseria" en la aldea alemana de Kukkus. Tomasa es la última española de Izium-2, donde vivieron unos 40 niños de la guerra empleados en la fábrica de óptica local. Tiene tres hijos, uno de ellos trabajando en Barcelona. "Si no fuera por España, estaría en la ruina", afirma esta mujer que cobra una pensión española de 1.700 euros cada tres meses y otra pensión de Kiev de 950 grivnias (unos 120 euros).
 
La vasca Josefina Iturrarán, de 87 años, cuenta que, al estallar la guerra, desaparecieron los educadores de su casa de niños de Odessa. Josefina reprocha a los dirigentes del Partido Comunista de España el "habernos dejado solos y haberse olvidado de nosotros". Fue evacuada por Siberia y Asia Central en un vagón sin cristales. El trayecto, de 38 días, concluyó en Samarcanda, donde "se acababa la vía".
 
A Antonio Herranz, de 83 años, de Baracaldo, lo enviaron a Eupatoria, en Crimea, y de allí hacia Stalingrado bajo las bombas alemanas, y por el Volga, hasta Engels y Orlovskoye, donde aprendió a ordeñar vacas y sembrar la tierra. Recuerda Herranz el tocadiscos de Afanasi Kisiliov que, de profesor en la embajada soviética en París, se convirtió en director de una casa de niños y organizador del trabajo agrícola en las haciendas abandonadas por los alemanes en Orlovskoye. Los adolescentes fueron enviados a las fábricas y Herranz fue tornero en Marx-Stadt, cerca de Sarátov. A los 14 años fabricaba armas y comía una vez al día. En el Centro Español de Moscú se guarda la memoria de vidas -breves y largas- golpeadas por dos guerras. También la de los miembros de la División Azul que se pasaron al Ejército Rojo y tras internamientos a veces muy largos se integraron en la URSS, en gran parte en Tbilisi.
 
De la contienda española a la URSS
Unos ochocientos españoles lucharon por la URSS en la Segunda Guerra Mundial. Según datos del Centro Español en Moscú, 151 cayeron en combate y 15 desaparecieron en el frente. Si se suman las víctimas de las secuelas bélicas, hubo 420 muertos.
 
A raíz de la Guerra Civil (1936-1939) llegaron a la URSS 4.299 españoles: 891 emigrantes políticos, 157 alumnos pilotos, 67 marineros, 122 acompañantes, 2.895 niños en expediciones y otros 87 con sus padres, además de 27 capturados por el Ejército Rojo en Europa, y 51 procedentes de la División Azul. El historiador Andréi Elpátevski estima que 6.402 españoles (más de 3.000 niños) emigraron a la URSS desde los años veinte a los cuarenta. De ellos, 278 civiles fueron considerados sospechosos, incluidos los apresados en Europa. Además hubo entre 452 y 484 prisioneros de guerra, en su mayoría de la División Azul. Por delitos varios fueron condenados 250 españoles, entre ellos, 69 prisioneros de guerra e internados y 155 educadores castigados sobre todo por hurtos, subraya Elpátevski. Detrás de los robos, el hambre.
 
Un centenar de ex combatientes españoles vivían en 1985 en la URSS; un cuarto de siglo después, todos han muerto. A principios de mayo, en Rusia y en Ucrania quedan 152 y 19 "niños de la guerra", respectivamente. Felipe Álvarez, el último ex combatiente español residente en Ucrania, falleció en 2008.
 

lunes, 22 de septiembre de 2014

Diana Bermúdez Reyna. De Ceuta al exilio ruso

 
Francisco Sánchez Montoya El Faro de Ceuta 20/9/14
Cuando la pequeña Diana recorría las calles de Ceuta en aquel verano de 1936, de la mano de sus padres, nada le hacia presagiar que en pocos días cambiaría su vida y la de su familia. Su padre José Luis Bermúdez-Reyna de Madariaga era un reputado capitán aviador, destinado en el aeródromo de Sania Ramel en la capital del Protectorado, Tetuán.  Durante 1933 fue delegado del Gobierno de la República en Ceuta.

En la tarde del 17 de julio, todo cambió, su padre defendió junto a otros militares leales al Gobierno el aeródromo, haciéndose fuerte e intercambiando fuego, pero nada pudieron hacer y a las pocas horas fueron detenidos por los militares sublevados, el 15 de agosto de 1936 fue sacado de la fortaleza del monte Hacho y ejecutado. Siendo enterrado en el cementerio de Santa Catalina en Ceuta.

La madre de Diana se encuentra sola con cuatro hijos, intentó por todos los medios salir de Ceuta hacia Valencia donde estaba su familia.  Pero no es nada fácil, el sur está tomado por los sublevados, y llegar hasta el levante es tarea imposible. Al proceder de una familia de la alta sociedad madrileña, el abuelo paterno de Diana era teniente general y su abuela familiar del escritor Salvador de Madariaga, consiguen que se realice un intercambio en Tánger, organizado por la Cruz Roja Internacional. Tras llegar a la ciudad internacional embarcarían en el barco que hacia la travesía una vez por semana hacia el sur de Francia y desde allí al pueblo valenciano de Russafa.

Cuando todo parecía tener una cierta normalidad, una mañana quedó marcada en la memoria de la pequeña Diana, apenas tenia cuatro años: “Han pasado muchos años, pero parece como si lo estuviera viviendo ahora, nos encontrábamos en el piso de Russafa, mi abuela a un lado y mi abuelo llorando, con las manos en la cara. Dos señores uniformados me cogieron en brazos y nos llevaron a mi hermana y a mí, mientras yo lloraba y preguntaba por mi madre, recuerdo que me abracé a una muñeca y no la solté, hasta muchos años después".

Sus dos hermanos, José Luis y Flavio, fueron enviados a la URSS en la madrugada del 13 de junio de 1937, seis días antes de la caída de Bilbao a manos franquistas, partió en el buque Habana desde el puerto de Santurce, esta vez con un número de jóvenes muy superior, 1.530 junto a 75 personas acompañantes, entre los que había médicos y profesores.  

Aquellas partidas de niños fueron organizadas por el Ministerio de Instrucción Pública del Gobierno de la Segunda República. Su ministra, Federica Montseny, autorizó la primera expedición. Todos ellos procedían de Madrid, Málaga, Almería y Valencia, ciudades que se encontraban asediadas aún por el ejército de Franco. El traslado se realizaba en barcos mercantes y los niños viajaron hacinados en bodegas.

Al llegar a Leningrado, la actual San Petersburgo, la separaron de su hermana y la llevaron a una casa para niñas pequeñas. Pocos meses después de acabar la Guerra Civil, en agosto de 1939, la abuela paterna, Presentación de Madariaga, un nombre frecuente en los "Ecos de Sociedad" de la prensa madrileña -viuda de un teniente general, había sido Dama de Honor de la reina Victoria Eugenia- logró que el Gobierno franquista, a través de sus embajadas en Roma y Londres, consiguiera que los ejecutivos de Mussolini y Chamberlain mediaran para facilitar el retorno de sus cuatro nietos. El intento fue en vano.

Con la invasión de Rusia por parte de Hitler, en junio de 1941, Diana y el resto de los niños fueron evacuados de Leningrado a una aldea en las llanuras del Volga. Nuestra pequeña tuvo que luchar por salir adelante, aprendió el ruso, era muy inteligente y nada se le resistía. Gran modista pronto comenzó a realizar trabajos, después entró a trabajar en una fábrica de misiles. Los años fueron pasando y la promesa del retorno a España no comenzó a ser una realidad hasta 1956, para entonces ya había formado su propia familia al casarse con un ruso de origen ucraniano. Y por fin, el 17 de diciembre de 1990, consiguió permisos para toda su familia, incluidos sus tres hijos con sus respectivas parejas y los cuatro nietos que ya tenía.

A muchos niños, como Diana, no les quedó más remedio que marcharse. Convencidos de que sólo así podrían sobrevivir, sus familiares decidieron que formaran parte de alguna de las numerosas campañas de evacuación organizadas por el Gobierno de la República. Las evacuaciones de niños al extranjero constituyeron así el primer exilio del pueblo español derivado de la Guerra Civil. De entre todos los países que acogieron a los menores españoles, la Unión Soviética fue, sin duda, el que generó las mayores alabanzas y críticas del momento, el que más encendió las conciencias y sacudió los corazones. Los 2.895 niños que desembarcaron en los puertos de Yalta y de Leningrado entre el 21 de marzo de 1937 y finales del mes de octubre de 1938 despertaron tanto interés entonces como lo despiertan ahora.
 
Recibió en Ceuta al presidente de la República
El padre de Diana, durante 1933 fue delegado del Gobierno, teniendo el honor de recibir al Presidente de la República Alcalá-Zamora. Tras la sublevación, estuvo detenido en la prisión del monte Hacho, el 2 de agosto se celebró el consejo de guerra, fallando cadena perpetua. Pero en la madrugada del 15 de agosto de 1936, fue sacado de la celda y su cuerpo apareció en la carretera que accedía al Hacho, junto a siete personas más, todos presentan impactos de baja. Fue uno de los aviadores más destacados en la década de los años treinta. Forjó su leyenda en la Guerra del Rif, donde ganó seis cruces al mérito militar. También lideró, en 1928, el primer vuelo España-Jerusalén. Entró en la Academia de Infantería de Toledo en 1914. Durante 1924 realiza una intensa actividad en la aviación, asciende a capitán y recibe la séptima Cruz Militar con Distintivo Rojo, para añadir a las seis que había ganado en los años anteriores en Marruecos. Después de los movimientos republicanos de finales de 1930 fue dado de baja, pasando a la situación B. El 18 de abril vuelve a la situación de actividad en Aviación y pasa al Estado Mayor de Fuerzas Aéreas de África en Tetuán. En 1934 estuvo adscrito a la Presidencia para el Servicio de Aviación y desde 1935 estaba destinado en el aeródromo de Sania Ramel, junto al primo de Franco, Ricardo de la Puente Bahamonde, que también sería fusilado en Ceuta en 1936.
 
“Sueño con volver a Ceuta y visitar la tumba de mi padre”
Una de las cosas que Diana Bermúdez-Reyna me reitera en la conversación que mantuve en su casa de Valencia, era su interés por visitar la tumba de su padre en Ceuta. Ella apenas lo conoció, cuando lo fusilaron escasamente tenia cuatro años. “Siempre estoy pensando en ir a Ceuta y llevar unas flores a la tumba de mi padre, pero el tiempo pasa y no se cuando podré realizar este viaje, para mi es muy costoso con la pequeña pensión que me quedó, en Ceuta tengo una parte muy importante de mi vida, siempre sueño con cruzar el Estrecho y pisar aquella tierra que tanto cariño le tengo, donde pasé parte de mi infancia, aunque tan bien fueron unos momentos muy trágicos los que viví , junto a mis hermanas y mi madre”.

Como Diana la gran masa de niños evacuados a la URSS tenían entre dos y catorce años de edad. A su llegada los distribuyeron por Leningrado, Moscú, Kiev y Odessa, estos fueron los principales destinos. El gobierno de la República tenía la necesidad de alejar a los más jóvenes de los bombardeos provocados por la aviación sublevada. A su llegada, fueron recogidos en Casas de Niños, acondicionadas para que estos niños pudieran desarrollar su educación y formación, atendiendo plenamente sus necesidades de alimentación, reposo y estudio…  “Nos daban de comer, nos quitaron la ropa vieja y nos vistieron con uniformes de marineritos. Fue al principio una etapa muy triste al separarme de mi madre, no encontraba consuelo entre el cariño de todos los educadores, hubo mucho llanto por el recuerdo de mi familia”.

La invasión alemana a la URSS en junio de 1941 dio una vuelta de tuerca a la vida de Diana que poco a poco se hacían adolescentes. Delincuencia, hambre y muchas penurias marcaron el siguiente lustro hasta que el país fue tomado por los aliados en 1945... “Hacia mucho frio y en algunos duros inviernos llegamos a menos 30 grados, muchos de mis compañeros de exilio murieron por enfermedades, allí fue una vida muy dura”.

 La historiadora María José Devillard en su libro “Los niños españoles en la URSS (1937-1977)”, nos cuenta que prácticamente todos los estudiosos del exilio de los niños españoles en la URSS, coinciden en resaltar que su acogida por las autoridades y pueblos soviéticos fue extraordinariamente solidaria. Tal acogida era natural debido a la gran simpatía que se había desarrollado hacia la causa del pueblo español, que luchaba con gran heroísmo no sólo contra la reacción interior sino también contra el nazi-fascismo internacional.

Dolores Cabra, presidenta de la Asociación Guerra y Exilio (AGE), comentó recientemente en la prensa que de los más de 30.000 niños españoles evacuados durante la Guerra Civil poco más de 3.000 fueron a parar a la Unión Soviética. Tuvieron que esperar a la muerte de Stalin para poder regresar. Aún así muchos se quedaron en los campos del Gulag, murieron en la guerra o por el hambre, o quedaron desaparecidos. Perder la patria es horrible, tenían que haber regresado en 1939. 
 
Compañeros en el exilio
Diana tenía tres hermanos, Conchita que nació en Madrid en 1926. Estuvo en las escuelas de Moscú, Sarátov, y Tiflis. Maestra de español en el Instituto de Lenguas Extranjeras de Bakú. Viuda de Vicente Munárriz se repatrió definitivamente en 1970. José Luis nació en Madrid en 1927. Estuvo en escuelas para los niños en Moscú, Sarátov y Tiflis. Se repatrió con su mujer en 1956. Trabajó inicialmente en Gijón y algo más tarde como ingeniero en Barreiros de donde fue expulsado por problemas laborales relacionados con la situación política de la dictadura. Trabajó en Pegaso también como ingeniero y luego muchos años en la empresa de electricidad FEMSA. El matrimonio tuvo ocho hijos de los cuales viven siete, entre ellos Diana, Svetlana y José Luis. José Luis falleció el 20 de octubre de 1975 en Madrid. Flavio, nació en Melilla en 1929. Estuvo en las escuelas de Pirogovskaya, Obninskoye, RU de Krasnogorsk, y más tarde fue obrero en la fábrica Boriets. Se repatrió en 1956 en cuyo momento trabajó en Gijón al igual que su hermano José Luis. Pero tuvo un problema grave en la fábrica donde estaba y se volvió a Rusia en 1957. No volvió nunca a España y se cree que ha fallecido hace algún tiempo en Moscú donde vivía. Sobre la vida de los hermanos de Diana, he extraído los datos de la revista Aeroplano Nº 28, escrito por el historiador Rafael de Madariaga. 

domingo, 22 de junio de 2014

Acto institucional de commemoración del exilio republicano


 
Testimonio de Teresa Alonso (minuto 26:10 a 26:30) niña evacuada a Rusia desde el País Vasco en el Acto institucional de commemoración del exilio republicano de 1939 en el
Parlament de Catalunya el 19/06/2014

domingo, 26 de enero de 2014

De Valencia a la URSS

A la izq. con su hermana antes del exilio.
A la Dch. en su casa alquilada de Paterna (Valencia
Nani odia los autobuses azules
 
Diana Bermúdez-Reina, "Nani", tiene 75 años. Apenas tenía cuatro y medio el día en que se la llevaron de casa de sus abuelos en Russafa a la Unión Soviética junto a otros 300 niños huyendo de las bombas de la Guerra Civil. Hasta más de medio siglo después, tras toda una vida en Rusia, no pudo volver a Valencia
 
Levante-EMV.com -Rafel Montaner - Valencia - 10 de enero de 2010 
"¿Y mi mamá?" Diana Bermúdez-Reina cumplirá en abril 76 años, pero cuando pronunció este lamento tenía poco más de cuatro y todos le llamaban Nani. "Han pasado muchos años, pero parece como si me estuviera viendo ahora en el piso de Russafa. Mi abuela a un lado y mi abuelo llorando.
 
Dos señores uniformados me cogieron en brazos y nos llevaron a mi hermana y a mí, mientras yo lloraba y preguntaba por mi madre". Así fue como Diana y su hermana, Conchita, que entonces tenía 13 años, se convirtieron en dos de los casi 3.000 niños que fueron enviados a la URSS durante la Guerra Civil. De la casa de sus abuelos maternos en Valencia fueron llevadas a Barcelona, y desde allí, en octubre de 1938, embarcadas junto a otros 300 niños rumbo a Rusia, de donde no volvería hasta 52 años después.

Nani era la pequeña de los cuatro hijos del capitán de aviación José Bermúdez-Reina, fusilado por los sublevados en Ceuta el 15 de agosto de 1936, y de la valenciana Vicenta Rocafull Botella. Sus dos hermanos varones, José Luis y Flavio, fueron enviados a la URSS en alguno de los dos barcos que salieron del norte de España en el verano de 1937. Un año después, les llegaría el turno a las dos chiquillas.

Un exilio amargo
Mientras muchos de aquellos "niños de la guerra" evocan su estancia en las 16 "Casas Infantiles para españoles" en Rusia como los "días felices", Nani no comparte este recuerdo. "A mí me pegaban mucho, tal vez porque no era una niña fácil, siempre he sido una persona bastante rebelde", relata.

Al llegar a Leningrado, la actual San Petersburgo, la separaron de su hermana y la llevaron a una casa para niñas pequeñas. "Yo siempre estaba llorando, y no paraba de decir que mi madre vendría a por mí". Mientras el resto de compañeras jugaban en el jardín en verano, Nani, la más pequeña de este último grupo de evacuados a Rusia, se pasaba todo el tiempo agarrada a la verja de la casa mirando a la calle, sin dejar de preguntar entre lágrimas "¿Y cuándo viene mamá?"

Alguien del personal que las cuidaba le dijo para que dejara de llorar que no se moviera de aquella valla "hasta que viera un autobús azul, porque en él vendría mi madre". Aquello nunca sucedió. "Desde entonces no puedo ni ver los autobuses azules, cada vez que pasa alguno giro la cabeza", dice con la mano el pecho mientras trata de coger aire.

Pocos meses después de acabar la Guerra Civil, en agosto de 1939, la abuela paterna, Presentación de Madariaga, un nombre frecuente en los "Ecos de Sociedad" de la prensa madrileña -viuda de un teniente general, había sido Dama de Honor de la reina Victoria Eugenia- logró que el Gobierno franquista, a través de sus embajadas en Roma y Londres, consiguiera que los ejecutivos de Mussolini y Chamberlain mediaran para facilitar el retorno de sus cuatro nietos.

El intento fue en vano. El Kremlin se negó a repatriarlos "porque eran huérfanos de padre y madre y se trata de niños consignados a las autoridades rusas en condiciones extraordinarias bajo las bombas", se lee en una nota verbal de la embajada de Italia en Moscú del 14 de enero de 1940.

Con la invasión de Rusia por parte de Hitler, en junio de 1941, Nina y el resto de los niños fueron evacuados de Leningrado a una aldea perdida en medio de las llanuras del Volga donde el hambre y enfermedades como la disentería o la tuberculosis borraron cualquier atisbo de alegría.

Los golpes continuaron. "Yo era lo que ahora dicen una "niña pija", me llamaban despectivamente "la señorita". Había nacido en una 'cuna de oro' y no estaba acostumbrada a trabajar", cuenta. "Nos hacían acarrear agua del Volga por un camino que a mí me parecía que tenía dos kilómetros en sendos baldes que llevábamos en equilibrio. Como yo no era capaz de llegar con ni siquiera medio cubo de agua una educadora rusa me pegaba cuanto quería".

Robar la comida de los cerdos
A la comida escasa se sumaron los castigos ya que muchas veces se quedaba sin desayunar "las gachas que nos daban, que parecían de alpiste y olían a queroseno, porque no sabía quitar las malas hierbas de los campos de patatas". "El hambre nos empujaba a robar las patatas cocidas que les echaban a los cerdos para comer", añade horrorizada.

Los años fueron pasando y la promesa del retorno a España no comenzó a ser una realidad hasta 1956, para entonces Nina ya había formado su propia familia al casarse con un ruso de origen ucraniano que trabajaba en una fábrica de misiles. Esta circunstancia alargó aún más el exilio, pues su marido no podía dejar el país hasta dos años después de su jubilación. Eso sucedió el 17 de diciembre de 1990, cuando por fin consiguió permisos para toda su familia, incluidos sus tres hijos con sus respectivas parejas y los cuatro nietos que ya tenía.

La vida en Valencia, donde vive en un piso de alquiler social que le facilitó el Gobierno en La Coma de Paterna, no le ha sido fácil. Su marido, que llegó enfermo de cáncer a consecuencia de las radiaciones que había sufrido en la fábrica, murió13 años después y luego a ella le detectaron un tumor en el pecho que consiguió vencer. Sin embargo, todas las penas se le borran de la cara cuando habla de sus seis nietos y anuncia que este mes nacerá su séptimo bisnieto. "Mira era yo solita y ahora la familia en total vamos a 25", dice con aquella sonrisa que le robó la guerra.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Tal vez el día. Aragoneses en la URSS (1937-1977). El exilio y la División Azul


Tal vez el día. Aragoneses en la URSS (1937-1977). El exilio y la División Azul de Luis Antonio Palacio Pilacés (dos tomos)

Si en su anterior trabajo La Nación del Olvido el autor recuperaba la desconocida historia de los aragoneses que se exiliaron en el norte de África, en esta obra sigue el rastro a unos hombres y mujeres que desde las trincheras del cerco de Leningrado a las cumbres de las cordilleras del Cáucaso, desde las estepas de Uzbekistan a las calles de un Berlín hundido en los estertores de la derrota, configurarían con sus innumerables experiencias individuales una formidable aventura colectiva, tan emotiva y estremecedora como desconocida para el público español.

Luis Antonio Palacio Pilacés
Es licenciado en Historia Contemporánea y diplomado en Trabajo Social por la Universidad de Zaragoza. En la última década ha trabajado en el ámbito de la recuperación de la memoria histórica de las comarcas aragonesas de La Violada y el Bajo Gállego como coautor de los volúmenes Entre las raíces (2003), De hombres y sueños (2006), Rueda, rueda palomera (2008). Dentro del programa Amarga Memoria publicó el volumen La Nación del Olvido (2011) sobre los aragoneses exiliados en el norte de África al término de la Guerra Civil y, en un extenso recorrido que le llevaría a más de un millar de localidades, desarrolló las labores de investigación para la elaboración de un Mapa de Fosas de la Comunidad Aragonesa. Ese mismo año publica Carbón rojo. Crónica del crimen de los carboneros, en torno a un trágico suceso ocurrido en Cetina en 1905 y en 2012 Caballos de hielo. El doble crimen del Alforjero, sobre la increíble historia de Román Lacambra, ejecutado en Huesca en 1949 y última persona a la que se aplicaría la pena capital en la provincia altoaragonesa.

Contenido:
Introducción
La escuela de pilotos de Kirovabad (1937-1939)
Los prolegómenos de un drama
La primera expedición
La segunda expedición
La tercera expedición
La cuarta expedición
Los niños de la guerra (1937-1941)
Las distintas expediciones
La organización de las casas de niños
De Fuendetodos a Puhskin; la aventura de la familia Salueña
En el laberinto
El exilio español en la Unión Soviética (1939-1941)
En la patria del proletariado
Los alumnos aragoneses de la Academia Frunze
El resto del exilio
La Gran Guerra Patria. La pleamar  (1941-1942)
La movilización del exilio español en la Unión Soviética
La tragedia de los niños españoles
La División Azul en marcha hacia el frente ruso
Hombres distintos, motivos diferentes
La Expedición nº 8 en marcha hacia el Reich
El largo viaje hacia el corazón de Rusia
En el campamento de Grafenwöhr
Antisemitismo, crímenes de guerra y divisionarios
El largo viaje hacia el corazón de Rusia
El Batallón de los maños en el frente del Volchov
La guerra del Este en Aragón
Crisol de hombres: el Ilmen y la Bolsa del Volchov
Otros hombres, otro mando, otro frente…
El retorno de los veteranos
¿Amigos o enemigos? Población civil, prisioneros y guerrilleros
Productores aragoneses en el Reich
En cielos extraños: aviadores aragoneses en el Frente del Este
La Escuadrilla Azul
Pilotos aragoneses en el Ejército Rojo
La Gran Guerra Patria. El reflujo (1942-1945)
Españoles en la guerrilla soviética
Sombras en la lucha guerrillera: informantes y desertores
La División Azul y los guerrilleros españoles
La Batalla de Stalingrado
El 4º Destacamento de guerrilleros españoles
La División Azul frente a la ciudad de los zares
La Hoja de Campaña
Matanza en el Ladoga
Aragoneses en la carnicería de Krasny Bor
Ecos de desastre
Sombras en la División Azul: Indeseables, procesados y desertores
Los últimos meses de la División Azul
El regreso de los refugiados españoles a la Rusia europea
La Legión Azul
El canfranés Miguel Ezquerra y el Batallón Fantasma
Tras el regreso
La estabilización del exilio
Aragoneses en el Gulag
Prisioneros de Krasny Bor
La larga espera
Rumbo a casa
El viaje del Semíramis
La repatriación de los niños y los exiliados
El exilio después de las expediciones de repatriación
Fuentes orales  bibliográficas
Anexo: Los dos mil aragoneses de Rusia

LA LIBRERÍA DE CAZARABET

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sábado, 12 de noviembre de 2011

Inauguración de un monumento a los niños españoles en Óbninsk

Francisco Mansilla, Manuel Arce, María Sánchez Puig y el alcalde de Obnins
AGE 12/11/11
ИНФОРМАЦИОННЫЙ ПОРТАЛ АДМИНИСТРАЦИИ ГОРОДА ОБНИНСКА
03 ноября 2011

Символ дружбы # Un símbolo de la amistad

Según comunica el servicio municipal de prensa, el 2 de noviembre, en  la parte vieja de la ciudad de Óbninsk, tuvo lugar la ceremonia de inauguración de un monumento dedicado a la memoria de los niños de la guerra españoles, que vivieron en la casa de niños en esta ciudad, antes de estallar la II Guerra Mundial.


En la ceremonia participaron representantes de la Alcaldía y diputados del Consejo municipal, habitantes de la ciudad, así como antiguos alumnos de la casa de niños y miembros del Centro español de Moscú.

El alcalde de la ciudad, sr. Alexánder Avdéyev, saludó a los presentes y subrayó la importancia del acto, como un lazo de unión entre ambos países. El sr. Avdéyev agradeció al sr. Manuel Arce, antiguo alumno de la casa de niños de Óbnisk y presidente de la Fundación Nostalgia, la publicación del libro “Memorias de Rusia”, que narra, entre otras cosas, la vida de los niños españoles en el internado de Óbninsk.

La presentación de este libro, publicado en ruso y en español, tuvo lugar el mismo día, en el Museo Histórico municipal. El autor, Manuel Arce, evocó los recuerdos de los años vividos en Rusia y respondió a las preguntas de los presentes.

En la ceremonia de inauguración del monumento a los niños de la guerra españoles  tomaron la palabra los diputados del Consejo Municipal Tatiana Batálova  y Dmitri Sambúrov, quienes apoyaron  activamente la propuesta de colocación del monumento.


El representante de la Unión de Jóvenes de Rusia Andréi Platónov subrayó en su discurso que la inauguración de este monumento representa no sólo un hito importante en la historia de la ciudad, sino que simboliza la amistad entre los pueblos ruso y español, especialmente importante para la generaciones jóvenes.

Al concluir el acto solemne de la inauguración, se depositaron al pie del monumento docenas de claveles rojos, símbolo de España.

martes, 10 de mayo de 2011

6- Los niños españoles en la Unión Soviética comienzan a trabajar

Instituto Técnico de Peritaje de Moscú. Foto UGT

Hay que tener en cuenta que, en estos años de la evacuación muchos niños españoles, al igual que otros jóvenes soviéticos, se vieron obligados a trabajar debido a las condiciones en que se encontraba el país. En algunos casos, estos trabajos se presentan sólo como actividades adicionales y extraescolares. A veces, incluso como trabajos casi domésticos, mientras se seguía de forma paralela la formación en la escuela. En otros, los discursos reflejan la dureza de las tareas realizadas y las dificultades para seguir el programa escolar, y presentan estas actividades como trabajo propiamente dicho en vez de considerarlas como actividades extraescolares. En estos casos, la remuneración se entiende más bien como recompensa o propina, no como el producto de una relación laboral contractual. O, finalmente, aquellos que tenían mayor edad en el momento de la guerra, relatan cómo se integraron plenamente en el mundo laboral, dejando por completo la escuela.

Pero independientemente de cómo fuera el paso de la vida estudiantil a la del trabajo, en cada relato particular, es que en la mayoría de los discursos, aparece como una ruptura radical la salida de las Casas de niños. Este cambio es ilustrado como un corte en las trayectorias, ya que supone la inserción en la vida de adultos y con ello la integración en la sociedad soviética. Es el momento en que se sale a la vida, se comienza a vivir solos, «cuando terminamos la escuela y ya íbamos a ingresar en la escuela superior, entonces nos tenían que dar ropa, y nos tenían que dar cosas para vivir, porque salíamos a la vida con diecisiete años, a vivir ya independientes», dice uno de los testigos entrevistados. Y, el texto que citamos, prosigue: "En este momento de cambio se construye en los discursos, con gran frecuencia recurriendo a imágenes de desorden, descontrol y sobre todo desatención, como consecuencia de la invasión alemana y se refuerza discursivamente, describiendo la precariedad material que denunciaba haber padecido y que, en muchos casos, le sirve al agente para justificar el haber robado o vendido cartillas de racionamiento, haberse dedicado a la práctica del estraperlo; anécdotas que se utilizan estratégicamente para presentar una imagen desastrosa de aquellos momentos. La construcción de esta imagen se refuerza al contrastarla con la vida durante la estancia en las Casas de niños que, como hemos visto, se contempla fundamentalmente como un periodo en el que contaron con gran protección y donde el bienestar material estaba mínimamente garantizado. De esta manera, la salida de las Casas supone el momento de enfrentarse a las dificultades económicas y de tener que resolver por sí mismos la manutención, la vivienda, que, hasta ese momento, tenían aseguradas."(1). A esta objetiva descripción de las consecuencias, que para los niños españoles evacuados a la URSS tuvo la agresión alemana, es necesario añadir que las penurias y sufrimientos que ello originó, afectaron a toda su población. Hay que tener en cuenta los casi 30 millones de muertos que tuvo esa población, los miles de pueblos y ciudades destruidos, la destrucción casi total de la infraestructura de las regiones ocupadas por los nazis, y la devastación que en ella realizaron, mientras que el Ejército y el pueblo soviético salvaba in extremis Leningrado, Moscú y Stalingrado. (2)

Gran parte de los jóvenes españoles se incorporaron al Ejército Rojo como muestra de agradecimiento a la URSS por su acogida, otros permanecían en retaguardia y algunos de ellos fallecieron.

1- Los niños españoles en la URSS (1937-1977
2- El exilio de los niños españoles en la Unión Soviética

miércoles, 2 de marzo de 2011

3- La acogida de los niños españoles en la URSS



José María Laso Prieto
Revista Crítica del Presente, nº 14, abril 2003

Prácticamente todos los estudiosos del exilio de los niños españoles en la URSS, coinciden en resaltar que su acogida por las autoridades y pueblos soviéticos fue extraordinariamente solidaria. Tal acogida era natural debido a la gran simpatía que entre el pueblo soviético se había desarrollado hacia la causa del pueblo español, que luchaba con gran heroísmo no sólo contra la reacción interior sino también contra el nazi-fascismo internacional. A ello había contribuido la famosa frase de Stalin: «La causa del pueblo español es la causa de toda la Humanidad avanzada y progresiva». Por otra parte, en la prensa y radio soviética eran muy frecuentes las alusiones a «la lucha heroica del pueblo español». Por ello, no puede sorprender que en Leningrado, Moscú y diversas ciudades de Ucrania, se desarrollasen amplias manifestaciones de acogida, en las que se homenajeaba a los niños españoles con pancartas, flores, abrazos y canciones. Seguidamente, los niños españoles evacuados fueron instalados en las denominadas Casas de niños, dotadas de una gran confortabilidad, en que se atendieron plenamente sus necesidades de alimentación, reposo y estudio.

De todo ello se proporcionó amplia información en la prensa republicana española. De la abundante información publicada, seleccionamos dos pequeñas muestras. Así la que se publicó en el diario Ahora, del 13-8-1937, tenía por titular "Los niños españoles evacuados a la URSS", premiados por su aplicación y decía: "Moscú 14: Los niños españoles han aumentado de peso, algunos hasta ocho kilos, durante su estancia en Crimea. Algunos han sido premiados por su aplicación con aparatos de fotografía, instrumentos de música, &c."

En otra información, titulada "Los niños evacuados a Rusia han sido acogidos con extraordinario entusiasmo" se decía: "Valencia, 4: Regresó a esta capital el responsable de la expedición de niños a Rusia organizada por el Ministerio de Trabajo y Beneficencia. Ha dado cuenta de la cariñosa y fraternal acogida que el pueblo hermano dispensó a los pequeños expedicionarios. Han quedado instalados en Crimea, donde estarán dos o tres meses en plan de reposo para alejar totalmente de su espíritu la sensación de inquietud ante la barbarie fascista. Pasado este tiempo, serán llevados a Moscú, al internado del Soviet local, el cual prepara a los pequeños un magnífico edificio dotado de toda clase de comodidades. En todas partes, los niños encontrarán el cariño fraternal que es norma en el ambiente democrático de la URSS («El Socialista», 4-7-1937).

Por otra parte, durante mi exilio en Francia, recuerdo haber contemplado, con cierta envidia, diversas fotografías en las que aparecían distintas instalaciones de tales Casas de niños y de sus bellos jardines. Esas fotografías fueron remitidas, por su hermana, a una mujer residente en nuestro refugio. Una particularidad de la educación que recibieron los niños españoles evacuados a la URSS fue su carácter bilingüe. De una parte, se trataba de que los niños españoles aprendiesen la lengua y la literatura rusa, de otra que no olvidasen la lengua y la literatura española. Se perseguía así que los niños españoles no se desvinculasen de su país de origen. Con esa finalidad, se les facilitaba abundante información sobre el desarrollo de los acontecimientos en España, al mismo tiempo que se realizaban lecturas comentadas de literatura española y representaciones teatrales basadas en la literatura y el folklore español. En ese sentido recuerdo una transmisión que realizó la emisión en español de Radio Moscú de la representación del drama Fuenteovejuna de Lope de Vega. En esta emisión, destacó mucho una de las niñas mayores evacuadas que se llamaba Araceli Sánchez. En el texto que hemos utilizado como fuente más relevante, se precisa uno de los aspectos políticos de la evacuación de los niños españoles: "Muchos padres de niños de la guerra formaban parte del PCE y/o de otras organizaciones como la UGT, la Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza, las Juventudes Socialistas Unificadas, Socorro Rojo Internacional, &c. En este contexto, se refuerza la idea de la Unión Soviética como Segunda Patria, con la que se da una identificación de clase, pero mantiene con los niños una relación expresada en términos afectivos materno-filial".

Resumiendo la acogida que comentamos, en el libro Los niños españoles en la URSS (1937-1977): narración y memoria se sostiene: "Según los testimonios actuales, la acogida por el pueblo ruso de los niños en Leningrado fue cordial y apoteósica, llena de alegrías y música. Se les recibió con bandas de música, banderas, pancartas y vítores, no como víctimas de una guerra sin más, sino en cuanto a que hijos de la República Española o niños del heroico pueblo español. Este recibimiento, magnificado probablemente por la propia mentalidad infantil, hizo que algunos niños se sintieran realmente héroes y que cuando hablan de ello así lo recuerdan. Hay que tener en cuenta, para contextualizar esta autopercepción, la coyuntura bélica de que los niños se sienten partícipes. A este respecto, las cartas escritas por ellos desde la URSS son muy expresivas, se muestran interesados por los avatares de la guerra, aconsejan, opinan, se implican en los acontecimientos".