Resumen: Después de la
Segunda Guerra Mundial en los estados de Europa del Este gobernados por
los partidos comunistas que seguían el modelo soviético, se iniciaron
procedimientos de depuración estalinista. Muchas víctimas procedían de
las esferas más altas de la élite comunista. 155 personas fueron
acusadas en Hungría en el proceso contra “László Rajk y su grupo” o
“László Rajk y Compañía”. Muchos de ellos eran ex-brigadistas condenados
por su “desviación trotskista” durante la Guerra Civil española. Con el
análisis de las fuentes de fondos secretos de la policía política
húngara y los documentos de la KGB, del Komintern y de las memorias de
los supervivientes, el presente artículo examina “el hilo español”,
destacando el papel negativo de Ernő Gerő en estos acontecimientos.
Abstract: After
World War II, following the Soviet example, there was a political purge
in the Eastern European countries that were under Communist
governments. Many of the victims were from the highest ranks of the
Communist parties. In Hungary 155 people were convicted in the show
trial of “László Rajk and his associates”. One of the charges against
Rajk and his group –who were all former brigadists – was the “Trockyist
deviation” during the Spanish Civil War. This study, based on the
formerly secret fonds of the Hungarian Political Police and the relevant
documents of the Comintern and the KGB, analyses this “Spanish yarn”,
and puts a special emphasis on Ernő Gerő’s negative role in the events.
Cuando la ceutí África de las Heras cursaba sus estudios primarios
en el Colegio de la Inmaculada, pocos podían pensar que acabaría sus
días en Rusia con el grado de coronel. Nació el 27 de abril de 1909, al
final de la actual calle Real -por aquel entonces Soberanía nacional-
poco antes de llegar a la actual Plaza de Maestranza. Muy joven se
marchó a la península, no sabemos exactamente cuándo fue, pero según
algunos testimonios como el de Santiago Carrillo ella participó en la
preparación de la huelga general de octubre de 1934 en Asturias. Tras
militar en el PSOE y el PSUC fue captada por el servicio de información
soviético (NKVD) durante la guerra civil española.
Estuvo implicada en el asesinato de Trotsky, participó como
guerrillera en la URSS durante la Segunda Guerra Mundial, y fue una
decisiva agente del KGB durante la guerra fría en Latinoamérica. Alcanzó
el grado de coronel del KGB y está considerada una figura legendaria de
los servicios de inteligencia de la extinta Unión Soviética.
Murió en 1988 y está enterrada en Moscú. África de las Heras fue
condecorada por la Unión Soviética en varias ocasiones y terminó su
carrera en los servicios secretos soviéticos como instructora de espías.
África murió en Moscú el 8 de marzo, Día de la Mujer, de 1988 con el
grado de coronel. Fue enterrada con honores militares en el cementerio
de Kuntsevskoe.
África de las Heras fue la espía española más activa al servicio
de la URSS durante cerca de medio siglo. María Pávlovna, María de la
Sierra, Ivonne, Znoi, Patricia y Patria son algunos de los nombres que
utilizó. Esta espía ceutí obtuvo numerosas condecoraciones de la URSS.
En 1956, Moscú envía a un nuevo jefe de espionaje para la zona, al
qué África va a esperar a Buenos Aires. Ese mismo año, en aras del
trabajo conjunto en favor de la URSS, se casará con él. Se trataba de
Valentino Marchetti, en realidad Giovanni Antonio Bertoni, un italiano
que huyó a la URSS en 1925 y volvió a Italia en 1944 para organizar una
red de espionaje. Aunque en Moscú sostienen que, a pesar de ser un
matrimonio de conveniencia, tuvieron una feliz vida familiar. Tras
fallecer su marido, regresó aparentemente a Moscú en el otoño de 1967,
pero salió al extranjero al menos en tres oportunidades más –en dos
ocasiones, a Uruguay–, y el fin de su carrera como espía coincidió con
el comienzo de su labor como instructora de agentes, en 1971, aunque
permaneció en el KGB hasta 1985.
Durante la II Guerra Mundial, terminó unos cursos de radio y
sirvió en un destacamento guerrillero donde le entregaron dos granadas,
una pistola y un puñal: si corría peligro de ser tomada prisionera debía
utilizar las granadas para destruir el radiotransmisor y el libro de
claves antes de suicidarse. Lanzada en paracaídas, actuó en la
retaguardia alemana a partir de mayo de 1942. Tras sus hazañas de
guerra, en 1944 regresó a Moscú e ingreso en uno de los destacamentos
del Comisariado de Seguridad de la URSS.
A finales de enero de 1946 pasa en automóvil de Berlín a París,
donde se establece haciéndose pasar por refugiada. Un año después cruza
la frontera franco-española, pero entonces Moscú decide enviarla a
Uruguay, hacia donde parte en diciembre de 1948 y donde se establece
como modista para no levantar recelos. Un año más tarde de su llegada se
casa con el escritor uruguayo Felisberto Hernández. El matrimonio duró
tres años hasta que se divorciaron. Luego se volvió a casar con un otro
agente de la KGB, italiano, llamado Valentino Marchetti.
Ambos abrieron, como pantalla para sus actividades, una casa de
compra y venta de antigüedades en el casco viejo de la ciudad de
Montevideo. El Jefe del espionaje Vladimir Stanchenko confirmó la gran
importancia de la ceutí en el entramado de la KGB al revelar, en julio
de 1993, al diario El País que “después de la guerra, y hasta mediados
de los años 70 fue responsable en Europa y América Latina de todo el
entramado político.
SU TÍO, ALCALDE DE CEUTA
Julián Francisco de las Heras Jiménez, tío de África fue alcalde
de Ceuta, entre 1907 y 1909, de profesión abogado. Fue asesinado el 11
de abril de 1936, sobre la una de la madrugada, de tres disparos, en una
de las pronunciadas curvas de la calle Canalejas, cuando regresaba del
Casino Africano. Según los diarios locales de esos días una expropiación
de terrenos se barajó como móvil del asesinato. Tuvo una vida política
muy activa, y cuando en 1931 se convocan elecciones municipales para el
12 de abril. Se presentó bajo las siglas del partido Concentración
Monárquica Conservador. No obteniendo, los votos necesarios para poder
ocupar un escaño en el nuevo ayuntamiento bajo la República. A Patria,
seudónimo con el que África firmó sus informes cifrados a Moscú después
de la II Guerra Mundial, parecían gustarle los mitos e inexactitudes.
Por ejemplo, lo explica su autor, en Rusia se decía que era hija del
general Manuel de las Heras. Quizá le parecía más interesante y
romántico hacerse pasar por la hija de su tío, muerto en diciembre de
1930 a consecuencia de las heridas de bala que recibió cuando se
enfrentó a los sublevados republicanos de Jaca.
¿África de las Heras, implicada en el asesinato a Trotsky?
Ramón Mercader, el asesino de Trotsky, fue amigo de África, y los
documentos demuestran que estuvo implicada. Se conoce mucho la
implicación de Caridad y Ramón Mercader en este asesinato en México, en
1940, y nada se conocía de la implicación de África en este operativo.
Aunque ella no participó en la fase final que acabó con su vida, sí
formó parte de todo el dispositivo de vigilancia y observación sobre
Trotsky durante varios meses.
Stalin había dado la orden de asesinar a Trotski. Ella tomó una
decisión en un momento determinado, en la Guerra Civil, pasando a
trabajar con la Unión Soviética. Aunque estaba convencida de lo que iba a
hacer, creo que se sacrificó tanto a la causa que en los últimos años
de su vida se dio cuenta de eso. Su vida estuvo ligada a imposiciones
de su vida clandestina.
Para que esta ceutí, fuera una espía tan destacada debería tener
unas características especiales, que le hicieran ser diferente al resto.
¿Cuáles eran? Se trataba de una mujer inteligente, tenaz, muy
comprometida políticamente, fría y calculadora, discreta, prudente… Eso
le ayudó mucho en su labor. Era una comunista contumaz, convencida de su
causa.
África mantenía una estrecha amistad con los compañeros comunistas
españoles, Caridad Mercader y Ramón Mercader (madre e hijo), para
llevar a cabo el plan. Ramón se había trasladado a Nueva York y de allí a
México con el pasaporte de un brigadista canadiense fallecido, Frank
Jackson, en septiembre de 1939.
Aunque la casa en la que vivía Trotsky estaba fuertemente
custodiada, Ramón Mercader (conocido con el alias de «Jacques Mornard»
lograría infiltrarse en su círculo ganándose la confianza de una de las
secretarias de Trotsky, Silvia Ageloff, con la que incluso mantuvo un
noviazgo formal premeditado y planeado para perpetrar el magnicidio. La
tarde del asesinato, Trotsky se encontraba trabajando en su despacho
cuando Mercader apareció con mal aspecto alrededor de las 17:20.
A pesar de quejarse de sed, llevaba sombrero y portaba un abrigo.
Solicitó ver a Trotski para mostrarle un artículo. Con este pretexto
subió al despacho y, mientras este se hallaba sentado, se acercó a él
por la espalda y le clavó salvajemente un piolet en la cabeza, que
extrajo de un bolsillo del abrigo. El grito de Trotski se oyó como un
estruendo en toda la casa; sus custodios acudieron rápidamente pero no
se pudo hacer nada. Logró derribar a su asaltante, salir de la
habitación y comunicar a su esposa la identidad del asaltante antes de
caer desvanecido. Cayó en coma y falleció al día siguiente, 21 de
agosto de 1940, en un hospital de la Cruz Verde. Cabe señalar que a sus
exequias, celebradas en la capital mexicana, asistieron cerca de
trescientas mil personas, en una ciudad que por aquel entonces contaba
con unos cuatro millones de habitantes. Su asesino fue condenado a
diecinueve años de prisión; liberado en 1960, la Unión Soviética le
otorgó la condecoración de Héroe de la Unión Soviética.
María Pávlovna, Ivonne, Znoi, Patricia, Patria…
María Pávlovna, Ivonne, Znoi, Patricia y Patria son algunos de los
nombres que utilizó África de las Heras en su faceta como espía en el
KGB. Ella ha sido protagonista de varios libros, – incluso me atrevo
apuntar que el libro “Tiempo entre Costuras”, en ciertos aspectos, tiene
algo de nuestra paisana África. El periodista Javier Juárez, es una de
las personas que mejor conoce su vida, él escribió un exitoso libro
titulado “Patria. Una española en el KGB”.
Manifestó que esta ceutí, fue una espía muy importante a nivel
internacional. Juárez detalla cómo llevó a cabo la compleja
investigación para escribir esta obra y dejar fiel testimonio de quien
fue una de las agentes con mayor relevancia internacional. A medida que
iba investigando, me di cuenta de que se trataba de una vida
apasionante, eso fue lo que me llevó a seguir con la investigación, a
narrarla en un libro y a publicarla.
Cuando empecé a investigar no había casi nada publicado sobre
ella. Había una fuente de información que desgraciadamente sigue vetada,
son los archivos de Moscú del KGB. Esa fuente, que es oficial, es
discutible hasta cierto punto porque no todo lo que consta en este tipo
de archivos, lo digo por experiencia, es verídico. No obstante ahí
teníamos una veta, un filón, que desgraciadamente no se puede consultar.
A medida que fui investigando, pude entrevistar a personas que bien
directa o indirectamente la habían conocido.
Trabajé en archivos españoles, el Histórico Nacional y en el de la
Guerra Civil de Salamanca y después contacté en Uruguay, que fue el
país donde estuvo más tiempo además de en España, con personas que la
conocieron directamente. Esa mezcla de archivos, entrevistas y algunos
artículos sueltos, me sirvió para reconstruir el puzzle.
La familia de las Heras era muy conocida e importante en Ceuta,
pero sólo hay familiares en un grado bastante lejano. Tuvo una hermana,
que se llamaba Virtudes, que murió en Tánger. El espionaje por sí mismo
no es un elemento suficientemente atractivo como para escribir un libro
sobre alguien. Pero en el caso de África se da una serie de
circunstancias muy singulares y particulares.
En primer lugar, que fuera mujer, algo que no es frecuente en los
servicios de inteligencia, menos aún en los soviéticos, que estaban
bastante dominados por los hombres. Lo segundo que me llamó la atención
fue que África llegó a ser nada menos que coronel en el KGB.
África de las Heras llegó a ser coronel en la KG. Fue reconocida
por sus jefes en Moscú. Eso dice mucho de ella, por el hecho de cómo fue
reconocida por sus jefes en Moscú porque no era en absoluto fácil ser
coronel del KGB en los años de la Guerra Fría. Sólo gente de la máxima
confianza o personas que prestaron grandes servicios a Inteligencia
llegaba a ese grado. De hecho sólo hay dos españoles que lo fueron, uno
es ella y el otro Ramón Mercader
Foto de la web de la Embajada de España en Astaná (Kazajistán)
Un monumento recientemente inaugurado en esta región de Kazajistán recuerda a los españoles presos en el Gulag, que agrupó a republicanos y miembros de la División Azul
La Voz de Galicia - Luiza Iordache - Javier Armesto
El de 2 de mayo de 2015, en el primer aniversario de la tragedia de Odessa en Madrid en la plaza frente al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (Calle de Santa Isabel, 52) se realizará un acto memorial y una intervención artistica en vivo, pintor Cinabrio Qijano realizará un mural en un lienzo de gran tamaño. En el acto participarán pintores, musicos, poetas, actores de teatro y artistas de otros generos de España y otros paises europeos con la denuncia de la rehabilitación y resurgimiento del fascismo y nazismo en Europa en el siglo XXI.
El acto memorial se organiza por iniciativa de la organización de resistencia de la ciudad de Odessa, el movimiento antifascista internacional "Esencia del Tiempo" y el grupo de arte contemopraneo D. O. / T.E.G.C.I.
En menoria de las victimas de la tragedia de Odessa del 2 de mayo de 2014, del genocidio que se está realizando en estos momentos en Donbass, victimas de las represiones politicas que se llevan a cabo en Kiev y en el resto del territorio de Ucrania. Puede leer mas en el manifiesto.
Estas obras pondrían un inicio a la colección de obras gráficas, pinturas, poesia y materiales audiovisuales, que posteriormente se expondrán en varias ciudades de Europa y la clausura se realizará el 2 de mayo de 2016 en un museo de la ciudad de Donetsk.
Para esto pedimos participación en este acto memorial de toda la gente solidaria con la lucha antifascista, que será la primera de una serie de actos que se celebrarán en diferentes ciudades de Europa el día 2 de cada mes, empezndo con este acto el dia del primer aniversario de la tragedia.
Lugar y horario:
Frente a la escultura de Alberto Sanchez
"El pueblo español tiene un camino que conduce a una estrella"
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Calle de Santa Isabel, 52 Madrid (Pla. Doctor Drumen con calle Sánchez Bustillo)
По обращению одесской общественной организации сопротивления “Голос Одессы”, международное гражданское антифашистское движение «Суть Времени» и группа D. O. / T.E.G.C.I. проведут мемориальную акцию с участием художников, артистов, интеллектуалов и людей искусства всего мира, поддерживающих антифашистскую борьбу на Украине, и положат основу коллекции произведений исскуства в знак солидарности с антифашистской борьбой на Украине.
Просим всех не равнодушных людей принять участие в этой мемориальной акции в день первой годовщины Одесской Трагедии, которая будет первой из серии акций, проводимых 2 числа каждого месяца в разных городах Европы.
2 мая 2015 в Мадриде, на площади у Национального Музея Цетр Современного Искусства Королева София (Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía) художником Синабрио Кихано будет написана картина на холсте большого формата, посвященная Одесским событиям и сопротивлению Донбасса, под аккомпанемент музыкальных произведений, прозвучат стихи в прочтении их авторов, специально посвященных событиям на Украине, в знак протеста и осуждения реабилитации фашизма и нацизма в Европе в XXI веке. Подробнее вы можете прочитать в манифесте.
Эти произведения лягут в основу коллекции графических и аудио-визуальных произведений, которые втечение года будут выставлены в различных европейских городах, заканчивая свою траекторию как постоянная коллекция в одном из Донецких музеев 2 мая 2016 года.
Место и время акции:
Национальный Музей Цетр Современного Искусства Королева София
Рядом со скульптурой Альберто Санчеса "Путь испанского народа ведет к звезде"
Calle de Santa Isabel, 52 Мадрид (Pla. Doctor Drumen con calle Sánchez Bustillo)
Este viernes 17 de abril , a13-00hen Moscú enLeontiefLane, 18,frente a laEmbajada de Ucraniaserá el acto en memoria del líder AntimaydanOlegKalashnikovy el famoso escritory periodistaucraniano Oles Buzyna .
Oleg Kalashnikov fue encontrado muerto en su casa el pasado miércoles 15 de abril y Oles Buzyna perdió la vida el jueves 16 cuando varios individuos no identificados lo atacaron frente a su domicilio
Yamuchos hanaceptado participaren la manifestaciónen memoria deestos héroes. Estas personascon mayúsculas...
Sin banderas ni simbolismo político. Ven convelas,flores y la Cinta de San Jorge ...
No vamoshablar sobrefascismo enUcrania.Gritamosal respecto! Te estamos esperando. Y la tierra abajo nuestros muertos a manos de la barbarie ucraniana ...
17 апреля, в пятницу, в 13-00 в Москве в Леонтьевском переулке, 18 у здания посольства Украины пройдет акция памяти руководителя «Общевоинского Союза Украины», лидера Антимайдана Олега Калашникова и известного украинского писателя и журналиста Олеся Бузины.
Олег Калашников застрелен украинскими нацистами в Киеве в подъезде собственного дома вечером 15 апреля. Олесь Бузина застрелен украинскими нацистами в Киеве во дворе своего дома днем 16 апреля.
Уже многие дали согласие принять участие в акции, посвященной памяти этим Героям. Этим Людям с большой буквы...
Не нужно флагов и политической символики. Приходите со свечами, цветами и Георгиевскими ленточками...
Мы не говорим о фашизме на Украине. Мы КРИЧИМ ОБ ЭТОМ!
Ждем вас. И земля пухом погибшим от рук украинских нелюдей...
Presentación del libro biogràfico sobre Sebastià Piera "El Soldat de Pandora", a cargo de Miguel Díaz. Piera se exilió al acabar la Guerra Civil y fue retenido a los campos de concentración franceses. Marchó como refugiado en Rusia, donde se alistó al Ejército Rojo, combatiendo en el Frente Soviético en la defensa de Moscú, y posteriormente al Cáucaso. Volvió en 1947 a Catalunya, donde fue detenido y torturado. Huyó a París, donde fue deportado a Córcega. Sebastià Piera murió el 8 de marzo de 2014, y un año después JEV y AJ quieren rendirle un pequeño homenaje en el marco de las jornadas de recuperación de la memoria histórica.
Las jornadas tienen como objetivo recuperar el patrimonio y la memoria, así como la preservación del simbolismo que suponen estas construcciones de resistencia contra el franquismo. Esta segunda jornada es un compromiso adquirido entre las voluntarias y la organización en la edición anterior para continuar los trabajos y acabar poniendo en marcha un itinerario de la memoria histórica que recorra los vestigios y hechos más destacados de la guerra civil a Blanes
Un dia como hoy, en 1942, en el marco de la Batalla de Stalingrado, moría el español Rubén Ruiz Ibárruri, único hijo varón de la dirigente comunista Dolores Ibárruri "Pasionaria".
Resultó muerto de un impacto en el pecho mientras dirigía el avance de una compañía de ametralladoras de la 35º división de guardias fusileros, al atardecer, en la zona de los andenes de la Estación Central.
Allí se libraba una de las batallas más encarnizadas de la guerra por el control del centro urbano de la ciudad y la colina de Mamáy (Mamáev Kurgán). Estaba bajo las órdenes del General Aleksandr Rodímtsev en el lugar más peligroso del combate. Por estos y otros hechos le fue concedida la máxima condecoración, la de Héroe de la Unión Soviética a título póstumo.
Está enterrado en Stalingrado en el monumento a los caídos ubicado en Mamáev Kurgán, y tiene un monumento dedicado en su honor en la sección llamada "los héroes caídos". Recibió también las condecoraciones Orden de Lenin y la Orden de la Bandera Roja.
En los estudios sobre la difusión editorial de la literatura rusa en lengua española suelen señalarse como primeras traducciones las de Pushkin que datan de la década de 1840 (aparecidas en publicaciones como Revista Hispanoamericana, El Fénix, Revista Europea, etc., y siempre a partir de versiones previas del francés). Del mismo modo, es común subrayar el auge que vive en España la literatura rusa sobre todo a partir de la década de 1870. En este sentido, desempeñó un papel destacado Emilia Pardo Bazán (1851-1921), quien, además de espléndidas novelas, nos legó algunos textos teóricos o divulgativos muy valiosos, entre los que, para el caso, ocupa un lugar principal La novela y la revolución en Rusia (1887), que a su vez es en buena medida una paráfrasis de Le roman russe (1886), de Eugène-Melchior de Vogüé.
También en la misma época Benito Pérez Galdós (1843-1920), cuyas lecturas de los autores rusos dejaron huella en sus novelas, o el gran crítico literario Leopoldo Alas (1852-1901) contribuyeron de modo importante a subrayar la importancia de la narrativa de los autores rusos que hoy consideramos clásicos (Dostoyevski, Gógol, Turgueniev, Tolstoi, Pushkin….).
En este contexto, resulta curioso que la primera muestra de literatura realista rusa en la Península, antes incluso del famoso ensayo de Pardo Bazán, sea una traducción de 1884 (también indirecta) al catalán, Memòries d´un nihilista, de Isaak Pavlovski, llevada a cabo por el magnífico novelista Narcís Oller (1846-1930), quien mantuvo además una sólida amistad con el autor. Ya en el siglo XX, la cultura rusa en general vivió en España un creciente interés que se manifestó de modo muy notable a lo largo de los años treinta sobre todo por medio de la publicación de un conjunto muy amplio de literatura soviética, pero también de los principales clásicos decimonónicos.
Sin embargo, si Pardo Bazán, Galdós o Clarín, así como el grueso de los lectores españoles de su tiempo, leían a los autores rusos a través de las traducciones al francés, parciales y “occidentalizadas” llevadas a cabo por escritores como Turgueniev (quien abreviaba y adaptaba todo aquello que consideraba que no sería del agrado del lector europeo), mediados los años veinte, sin duda a rebufo de la Revolución de 1917 y de la divulgación de la literatura soviética, se empezó poco a poco a formar en España una pequeña cantera de traductores del ruso (Tatiana Enco de Valero, José Carbó, Piedad de Salas Lifchuz, Vicente San Medina, Braulio Reyno…), que todavía convivieron durante bastantes años con la costumbre muy arraigada de traducir indirectamente (por evidentes dificultades para los editores de contar con buenos traductores, pues ni siquiera se disponía por entonces de diccionarios bilingües), sobre todo a partir del francés y en menor medida del alemán.
Daniel Kowalsky puso de manifestó el importante papel que tuvo en el intencionado fomento del interés por la cultura rusa la VOSK (Sociedad para las Relaciones Culturales con el Exterior) creada en 1923 y adscrita al Comisariado del Pueblo para Asuntos Exteriores (Narkomindel) de la URSS, que fue muy activa en España en particular desde 1931 y se esmeró aún más a partir del triunfo del Frente Popular, cuando se empieza a privilegiar a la editorial Cenit como introductora de la literatura soviética. Sin embargo, no eran precisamente los clásicos de la literatura rusa lo que pretendía divulgar la VOSK, al margen de lo que interesara a los editores.
A comienzos de los años treinta –escribe Kowalsky– se había traducido al español muy poca literatura o propaganda soviética. La escasez de ciudadanos soviéticos con capacidad para hacer traducciones al español obligaba a la VOKS a pedir ayuda a sus correspondientes. Pero al mismo tiempo que necesitaba que los españoles filosoviéticos la ayudaran a traducir y difundir su propaganda, la agencia no estaba dispuesta a soltar el control que ejercía sobre sus servicios de información. A comienzos de 1931, la VOKS intentó supervisar las labores de traducción encargadas por el director de la Editorial Iberomaericana. […] La VOKS evitó eficazmente el envío de cualquier manifestación de la literatura no revolucionaria anterior a 1917 a sus correspondientes y traductores españoles. […] Al mismo tiempo que rechazaba la solicitud de ejemplares de las obras de Chéjov o Tolstoi que pudieran hacerle sus correspondientes, la agencia bombardeaba con la propaganda de la época a los niños españoles.
Del auge del interés por los grandes clásicos de la literatura rusa en general (no específicamente la soviética), ceñidos al ámbito de la edición en Cataluña valga como ejemplo el del editor Josep Janés, quien en sus ediciones Quaderns Literaris (1934-1938) se sirvió de las traducciones al catalán de Pushkin que R. J. Slaby había publicado en la Biblioteca Literaria de la Editorial Catalana (La filla del capità, La dama de pique, Dbrovski el bandoler), junto a las de varios otros destacados traductores cuya calidad como prosistas estaba fuera de duda: Sebastià Juan Arbó (el Borís Gudónov, de Pushkin), Carles Riba (L´Inspector, de Gógol), Àngel Estivill (El primer amor, de Turgueniev), P. Montserrat Falsaveu (Les nits blanques de Dostoyevski), Josep Miracle (El somni de Makar, de Korolenko) e incluso el mismo Janés firmó la de El sagrament de l´amor (L¨amor de Mitia), de Iván Bunin. Y, destacando sobre todos ellos, Andreu Nin, de quien publicó la traducción de Prou compassió! de Zoichenko.
Sin duda entre todos los traductores del ruso al catalán, los casos más atractivos son los del longevo Francesc Payarols (1896-1998), que se inició en la editorial Proa y participó en 1935 en la creación de la efímera editorial Atena, y Andreu Nin (1892-1937), este último, y aunque la importancia de su labor es indiscutible, quizá por razones extraliterarias. Salvando las distancias, el caso de Andreu Nin tiene concomitancias con el de Federico García Lorca, a quien el modo y las circunstancias en que murió contribuyeron a mitificar. Si como traductor al español vertió algunos de los textos más divulgados de pensadores como Marx, Lenin, Trotski o Rosa Luxemburgo, además de algunos textos científicos, se trató sobre todo de trabajos alimenticios: El mayor reconocimiento lo tuvo en cambio como introductor de la gran literatura rusa en la cultura catalana, probablemente porque su prosa en catalán era más segura y dúctil. Según ha escrito Natàlia Kharitònova:
Los contemporáneos del traductor valoraron enormemente su labor. Las traducciones literarias de Nin se esperaban con impaciencia y, en cuanto se publicaban, tenían muy buena acogida por parte de los críticos del momento. No sólo se destacaba el hecho de que las traducciones de Nin eran directas e íntegras, sino que además solía considerarse que esos textos cumplían la misión de enriquecer la cultura catalana mediante la incorporación a ella de algunas de las obras más importantes de la literatura moderna.
La afición de Nin por la escritura tiene una primera manifestación muy temprana, pues en el número del 23 de mayo de 1905 (cuando tenía trece años) aparece en La Comarca del Vendrell su primer artículo periodístico, al que siguen otros en El Baix Penedès (entre ellos un alegato contra la tauromaquia) y poco después aparece ya como redactor de El Poble Català. La Justicia Social, La Patria, Los Miserables o Quaderns d´Estudi son algunas de las cabeceras que albergarán textos suyos antes de convertirse en 1917 en redactor de La Publicidad, sin por ello abandonar su incipiente carrera como maestro ni su creciente actividad política.
Durante su estancia en la URSS (1921-1930), colabora en Correspondance Internationale y La Batalla, al tiempo que traduce, entre otras obras, Mis peripecias en España (Madrid, Editorial España, 1929), de Trotski, quien escribió un prólogo específico para esta edición, así como el grueso de traducciones que hizo para las Ediciones Europa-América que el epistolario entre Maurín y Nin permitió a Pelai Pagès identificar como obra del traductor catalán. A este mismo corresponsal (Maurín) le escribe Nin el 29 de marzo de 1929: “Las editoriales me bombardean con proposiciones hasta tal punto que me veo obligado a rechazar buena parte de ellas”, y asegura dedicar un mínimo de doce horas diarias. Para entonces, Nin había empezado también a publicar obra propia escrita en ruso (Faschims y Profsoynzi es de 1923), inglés (Struggle of the Trade Unions againts fascism se publica en Chicago ese mismo año 1923) y catalán (Les dictadures dels nostres dies, Llibreria Catalònia, 1930). Así como el proyecto nunca llevado a cabo de escribir un libro sobre Salvador Seguí, el Noi del Sucre (1887-1923).
Al igual que Payarols, de quien llegó a ser buen amigo, Nin forja su reputación como traductor literario en la editorial Proa, que dirigía Joan Puig i Ferrater (1882-1956) y que sobre todo mediante su colección A Tot Vent tuvo un papel muy destacado en la introducción de literatura rusa (en versiones íntegras y directas). En el seno de Proa, además, Nin se puso al frente de la colección El Camí, que respondía bien a sus intereses ideológicos, pues su objetivo era proporcionar documentación sólida acerca de temas económicos, políticos y sociales, mediante las obras fundamentales y las de actualidad. Pero ya antes de su regreso había aparecido en esa misma editorial su celebérrima y elogiadísima versión de Prestuplenie i nakaznie (Crim i càstig), que fue la primera versión íntegra de una obra de Dostoyevski que se publicaba en Occidente. Al profundo conocimiento de la lengua y la literatura rusa añadía Nin una preocupación por su prosa, trabajada a lo largo de los años que, dentro de las limitaciones de las traducciones de la época, le convertían en un traductor realmente excepcional.
En su faceta como crítico literario, siempre se ha señalado la influencia de la obra de Trotski Literatura y revolución, que es evidente tanto en el ensayo “Grandesa i decadencia de la novel·la soviética” (Revista de Catalunya, núm. 78, mayo de 1934), donde se muestra como el mayor conocedor de la literatura rusa de su tiempo, como en su estudio introductorio a L´Insurgent, de Jules Vallès, que el mismo tradujo para Proa (1935).
En cualquier caso, parece incontestable que en el siglo XX nadie como Andreu Nin hizo tanto por la introducción y el conocimiento de la literatura rusa, ni en la cultura catalana ni en la española.
Nota final: En el momento de escribir este texto, no me consta que haya culminado la investigación de Judit Figuerola i Peiró registrada como tesis doctoral con el título Andreu, Nin, intel·lectual traductor d´acció, dirigida por Montserrat Bacardí en la Universitat Autónoma de Barcelona, de la que se puede consultar en la Biblioteca d´Humanitats de esa universidad el trabajo previo “Andreu Nin, traductor“.
APÉNDICE: TRADUCCIONES DEL RUSO DE ANDREU NIN
En español:
Rosa Luxemburgo, La Huelga en masa, el partido socialista y los sindicatos. La experiencia de la revolución rusa de 1905, Barcelona, Publicaciones de la Escuela Moderna, 1920.
Riazanov, ed., Karl Marx como hombre, pensador y revolucionario, Buenos Aires-París, Ediciones Europa-América, s.a.*
Pokrovski, Historia de la cultura rusa, Madrid, Editorial España, 1929.
Leon Trotski, Mis peripecias en España (con prólogo del autor, nota introductoria de Julio Álvarez del Vayo e ilustraciones de K. Rotova), Madrid, Editorial España, 1929.
Karl Marx, La revolución española (1808-1814, 1820-1823 y 1840-1843) (con notas de Jenaro Artiles), Madrid, Cénit, 1929.
Lenin, El Estado y la revolución, París, Ediciones Europa-América, 1929.*
Plejánov, Anarquismo y socialismo, París, Ediciones Europa-América, 1929.*
Yaroslavski, Historia del Partido Bolchevique, París, Ediciones Europa-América, 1930.*
Krupskaia, Lenin (Recuerdos), París, Ediciones Europa-América, 1930.*
Lenin, El imperialismo como etapa superior del capitalismo, París, Ediciones Europa-América, 1930.*
Pokrovski, La revolución rusa (con nota introductoria de Andreu Nin), Madrid, Editorial España, 1931.
Trotski, La revolución permanente, Madrid, Cénit, 1931.
Trotski, Historia de la revolución rusa (La revolución de febrero), Madrid, Cénit, 1931.
Trotski, Historia de la revolución rusa (La revolución de octubre), Madrid, Cénit, 1932.
Lenin, Cartas íntimas, Madrid, Cénit, 1931.
Alexander Lozovski, Programa de acción de la Internacional Sindical Roja (prólogo de Andreu Nin), Barcelona, 1932.
Hellman, La vida sexual de la juventud contemporánea, Madrid, Aguilar, 1932.
Polonski, La literatura rusa de la época revolucionaria (con nota introductoria de Andreu Nin), Madrid, Editorial España, 1932.
Lazurski, Clasificación de las individualidades, Madrid, Aguilar, 1933.
Polonski, Bakunin, Barcelona, Atena, 1935.
Kornilov, Los problemas de la psicología moderna, Madrid, Aguilar, 1935.
* No aparece como traductor por cuestiones políticas, pero Pelai Pagès lo identifica como tal gracias a la correspondencia que en esos años Andreu Nin mantuvo con Joaquín Maurín.
En catalán:
Fiodor Dostoyevski, Crim i càstig, Badalona, Proa (A Tot Vent 20 y 20ª), 1929.
Boris Pilniak, El Volga desemboca al mar Caspi, Badalona, Proa (A Tot Vent), 1931.
Fiodor Dostoyevski, Stepàntxikovo i els seus habitants, Badalona, Proa (A Tot Vent 55), 1933.
Tolstói, Anna Karènina, Badalona, Proa (A Tot Vent 64 a, 64 b, 64 c y 64 d), 1933.
Trotski, Què ha passat, Badalona, Proa, 1935.
Nikolai Bogdánov, La primera noia: historia romántica, Badalona, Proa (A Tot Vent 74), 1935.
Chejov, Una cacera dramática, Badalona, Proa (A Tot Vent 77), 1936.
Daniel Kowalsky, “La política cultural soviética y la República española”, tercera parte de La Union Soviética y la Guerra Civil española. Una revisión crítica (traducción de Teófilo de Lozoya y Juan Rabasseda-Gascón), Barcelona, Crítica (Constrastes), 2004, pp. 133-190.
Yvan Lissorgues, “La novela rusa en España (1886-1910)“, en Enrique Rubio Cremades, Marisa Sotelo Vázquez, Virginia Trueba Mira y Blanca Ripoll Sintes, La literatura española del siglo XIX y las literaturas europeas, Quinto coloquio de la Sociedad de Literatura Española del Siglo XIX, 2011, pp. 287-310.
El 21 de Agosto de 1940, Ramón Mercader, un agente de Stalin, asesinó a León Trotsky. Lo hizo mientras el viejo revolucionario ruso estaba exiliado en México. Trotsky dirigió, junto a Lenin, la primera revolución socialista triunfante de la humanidad, en Rusia, en Octubre de 1917. Fue un inclaudicable luchador contra el capitalismo imperialista y el régimen represivo de partido único stalinista.
Su lucha y perseverancia por fundar la Cuarta Internacional, es lo que explica por qué Stalin no dio descanso hasta consumar su asesinato.
La excepcional confianza de Trotsky en la clase obrera y su abnegación en la construcción del partido revolucionario, tuvo sus continuadores. Nahuel Moreno, nuestro maestro y fundador, mantuvo bien alto sus banderas. Las mismasque rescatamos hoy.
La lucha de Trotsky y su intachable moral y honor revolucionarios, merecen que se difundan. ese es el objetivo de esta película.
Izquierda Socialista - Buenos Aires, Argentina - 2010
El historiador Luis Antonio Palacio autor del libro “Tal Vez el día Aragoneses en la URSS (1937-1977)” nos presenta la tremenda historia del anarcosindicalista aragonés Vicente Monclús que pasó quince años presos en los gulags de Stalin.
Vicente Monclús Guallar, nacido en Abiego (Huesca) en 1913, llegó a la Unión Soviética a mediados de enero de 1939 en el marco de la Operación X, en función de la cual la URSS proveería de armamento y asesores técnicos a la acosada República española. Era uno de los 186 jóvenes españoles que conformaban la cuarta expedición de alumnos que debían recibir clases de pilotaje de caza en los aeródromos de Kirovabad, en el Caúcaso. Al igual que la adquisición de armas, el coste de los cursillos se sufragaría con las 507 toneladas de oro de las reservas del Banco de España -el famoso “oro de Moscú”- trasladado a aquel país en los primeros meses de la conflagración.
Los futuros pilotos no llegaron en buen momento: el ambiente amistoso y relajado en que se habían desarrollado los cursos anteriores se había ido enrareciendo paulatinamente conforme crecía la intensidad de las purgas internas desatadas en la URSS desde mediados de 1937. Los roces entre el comisario político Mirov y algunos de los alumnos, procedentes de organizaciones antifascistas nada afines al comunismo soviético, se habían convertido en una enojosa rutina. Esa soterrada tensión alcanzaría su máximo exponente el día en que Mirov anunció a los jóvenes pilotos que los combates en España habían finalizado, con la derrota definitiva de la República. Las acusaciones del comisario soviético contra organizaciones como la CNT-FAI, a las que responsabilizaba del desastre, soliviantaron el ánimo de algunos españoles. Especialmente los de quienes, como Vicente, militaban activamente en la organización anarcosindicalista. Al estallar la guerra el joven se había alistado voluntario en las fuerzas republicanas, con las que había combatido en Aragón y Levante formando parte de la 127ª Brigada de la 28ª División, para pasar después al campo de aviación de La Ribera (Murcia), donde debía cursar estudios de piloto. Aunque su rifirrafe dialéctico con Mirov no fue más allá, bastaría para marcarle ante sus anfitriones soviéticos y, peor aún, ante los delegados e informadores del Partido Comunista de España.
El final de la conflagración marcó también el de los cursos. Tocaba ahora adoptar una resolución en torno al destino de los frustrados alumnos. La oferta rusa para que permanecieran en la URSS no acababa de ser del agrado de muchos de ellos y el regreso a España no era una opción que pudiera tenerse en cuenta, así que buen número de ellos solicitaron viajar a Francia o México, y una treintena larga se mostraron dispuestos a sumarse a las fuerzas chinas que luchaban contra los japoneses.
Su decisión no agradó ni las autoridades soviéticas ni a la cúpula del PCE, que estaba llegando al país tras abandonar España. En las semanas siguientes la oferta de permanencia fue periódicamente renovada y en un lento goteo bastantes de los alumnos se resignaron a quedarse e integrarse en sus estructuras productivas. Entre quienes cedieron no se contaría el de Abiego, quien enseguida se reveló como uno de los líderes de aquel grupo de “refractarios” que preferían irse. A la espera de futuros acontecimientos, éstos fueron trasladados a la lujosa Casa de los Sindicatos de Zanki (Jarkov), donde perdieron todo contacto con quienes habían sido sus compañeros. Si bien lo ignoraban, el final de la guerra también había atrapado en la URSS a tres millares de niños españoles refugiados de guerra y a decenas de tripulantes de los nueve buques republicanos inmovilizados por los soviéticos en los puertos de Murmansk y Odessa, en algún caso desde finales de 1937.
El 2 de mayo de 1939 todo el grupo emprendió viaje hacia la región de Moscú. Su destino era la Escuela Política de la Internacional Comunista de Planiersnaya, donde se les impartirían clases de formación política, a las que algunos se negarían a asistir. Durante su estancia menudearon las visitas de líderes comunistas españoles, que intentarían disuadirles, con mayor o menor éxito, de su idea de salir del país. En cuestión de semanas la situación se deterioraría tanto que cundiría el rumor de que tres miembros del PCE -José Fusimaña, Pelegrín Pérez Galarza y José Sevil- habían tramado un plan para asesinar a varios de los alumnos más reacios a asistir a clase.
Los meses pasaban sin avance perceptible alguno y los jóvenes se decidieron a solicitar la asistencia de algunas embajadas extranjeras capaces de influir en las autoridades soviéticas, unas gestiones que pronto se mostraron infructuosas. A finales de agosto el Pacto Germano-Soviético acabó de enconar los ánimos y Vicente protagonizó un duro enfrentamiento verbal con el presidente de los Sindicatos. Ante el cariz que tomaban las cosas, asustados, algunos optaron por claudicar; no así Vicente ni varias decenas de sus compañeros, que se encastillaron en su rotunda negativa a colaborar o integrarse. El 17 de diciembre de 1939, Vicente y Agustín Puig eran recibidos por el jefe del Negociado del Ministerio de Asuntos Exteriores de la URSS, a quien transmitieron los deseos de más de una treintena de alumnos de que se les entregasen pasaportes para trasladarse a México. Durante algún tiempo su osadía pareció capaz de obtener resultados, ya que el 23 de enero de 1940 el ministro de Exteriores Molotov recibió a una segunda delegación y se mostró receptivo a sus demandas, pero en última instancia lo único que iban a conseguir sería una violenta reacción por parte del PCE. Dos días después, Vicente y siete de sus compañeros eran detenidos y trasladados a la prisión moscovita de Butiskaya, donde fueron sometidos a un grotesco simulacro de juicio ante un “tribunal” formado exclusivamente por varios delegados del PCE, que no vacilaron en solicitar la pena de muerte para todos ellos. Por fortuna los soviéticos impidieron que tan odiosa farsa tuviese un trágico desenlace, aunque no por ello el destino de los ocho acusados iba a ser menos dramático: en los días posteriores los esbirros del régimen intentaron arrancarles una confesión de espionaje a base de someterles a brutales palizas. Incidirían particularmente en el banal incidente ocurrido en Londres durante su viaje a la URSS, cuando varios de ellos abandonaron el buque que les transportaba para visitar la capital británica durante unas horas.
Contra viento y marea, se mantuvieron firmes: en la prisión se multiplicaban las ejecuciones y sabían que en ello les iba la vida. Conseguirían salvarla, pero en un segundo proceso todos fueron condenados a ocho años de internamiento. Vicente y cuatro de sus compañeros fueron embarcados en un tren que les conduciría al ártico junto a otros dos mil prisioneros. A lo largo de ocho días de hambre y miseria -450 hombres murieron durante el traslado- el convoy se internó en la taiga hasta llegar a la confluencia de los ríos Bucherdat y Siberne Dvina, donde los supervivientes abordaron el barco que debía llevarles hasta el remotísimo enclave de Ouquina. A partir de allí, durante más de dos semanas siguieron a pie el trazado de la nueva vía férrea que uniría Cutlas con Vorkuta, en la que trabajaban decenas de miles de presos. En torno suyo, sumidos en un fantasmal mundo de hielo y muerte, famélicos grupos de presos trabajaban penosamente entre montañas de nieve.
Allá en Moscú habían quedado sus compañeros, aterrorizados por la súbita desaparición de sus ocho colegas. La más pura desesperación les llevaría al extremo de solicitar la intervención de las embajadas de Italia y Alemania, las odiadas potencias fascistas contra las que habían combatido en suelo español. Sin embargo la implicación de esos bizarros aliados de la URSS no serviría de mucho y apenas unas decenas de alumnos, niños y marineros lograrían abandonar el país antes de que el 22 de junio de 1941 el ataque germano contra la Unión Soviética pusiera un abrupto fin a las gestiones. Quienes no hubieran logrado salir para aquel entonces comenzarían un largo calvario por los campos de concentración soviéticos y sólo algunos conseguirían regresar a España a bordo del Semíramis en abril de 1954, junto a los últimos prisioneros de la División Azul.
A su llegada al campo, los cinco españoles se hallaban en pésimo estado: Juan Navarro sucumbiría a las pocas semanas y Luis Milla, trasladado por estar gravemente enfermo, nunca volvería a ser visto con vida. Con ellos penaban hombres de todas las nacionalidades -17 en el grupo de 25 trabajadores en el que formaba Vicente-, entre los que se contaban abundantes militantes comunistas que en su día habían buscado refugio en la URSS. Las condiciones de vida eran penosas y embrutecedoras: los internos se encargaban de crear un pasillo a ambos lados de la línea férrea, a base de talar el bosque y desbrozar el terreno. Trabajaban como bestias y recibían por todo alimento un poco de pan negro, col, harina hervida y algo de pescado. Aquel invierno el termómetro descendería hasta los 55º bajo cero y los prisioneros morirían en masa. Algunas fuentes cuantifican en alrededor de un millón el número de reclusos muertos en esa región entre agosto de 1940 y noviembre de 1941.
La única esperanza estribaba en la huida, pero ¿adónde ir? En cientos de kilómetros a la redonda no había otra cosa que un bosque congelado. La frontera finlandesa -la más cercana- estaba a más de mil kilómetros de distancia, sin caminos ni pueblos en los que poder implorar alguna ayuda. Con todo, dedujeron, no había nada que perder, así que el 6 de noviembre de 1940, pertrechados con un par de hachas, cerillas, un cubo, un frasco de tintura de yodo, hilo y agujas y una brújula que un preso les entregó a cambio de uno de sus trajes, Vicente y sus compañeros Juan Salas y José Gironés se lanzaron a la aventura. En un descuido de sus guardianes se apoderaron de los caballos utilizados en el transporte de madera y huyeron a los bosques. Su desesperación era tal que lograron avanzar casi 120 kilómetros a lo largo de dos noches de marcha a través de espesuras cubiertas de nieve, al término de las cuales los animales estaban tan agotados que decidieron sacrificarlos para aprovechar su carne.
Sabían que se les buscaría intensamente, así que decidieron ocultarse en el bosque durante el invierno para reanudar la marcha una vez llegado el buen tiempo. Construyeron una cabaña de ramas y durante varias semanas se limitaron a encender fuego por la noche, alimentándose con la carne de los caballos y algunas bayas que encontraron por ahí. Todo fue bien hasta que un día especialmente gélido decidieron encender fuego durante el día, con la mala fortuna de que el humo de su hoguera fue divisado por el piloto de uno de los pequeños aviones que cubrían la ruta Cutlas-Ijta. El 12 de febrero de 1941 los perros de una patrulla dieron con su paradero. Mordidos y apaleados, tuvieron que caminar durante dos días y medio sin comer ni un bocado hasta un punto desde el que un tren y un camión les devolverían al campamento. Los siguientes diez días los pasaron en un calabozo de castigo, estrecho y desprovisto de techo. Medio muertos por congelación, Salas y Gironés fueron trasladados con rumbo desconocido y Vicente jamás volvería a verlos.
Llegado el mes de julio, sólo y más muerto que vivo, Vicente recibiría en aquel desolado rincón del mundo la noticia de que los alemanes habían invadido la URSS. A partir de entonces el régimen de internamiento se endureció hasta extremos intolerables y los hombres no aptos para el trabajo comenzaron a ser fusilados de forma sistemática. Para el mes de septiembre la salud del aragonés estaba tan resentida que tuvo que ser trasladado al hospital del campo de Petkora, del que se decía que solamente se salía muerto. El “hospital” consistía en unas miserables barracas equipadas con camastros construidos con cuatro tablas. Los cadáveres helados -70.000 sólo en ese primer invierno de guerra- se amontonaban a la espera de que la primavera permitiera enterrarlos. Se salvaría gracias al auxilio de la doctora Rita Marcovicha, una prisionera política de 74 años de edad que había perdido a su marido, dos hijos y dos hermanos a manos de la represión estalinista y que le adoptó como a un hijo.
En julio de 1942 el campo fue disuelto y el traslado del de Abiego a una mina de carbón le libraría de verse involucrado en la rebelión de los campos del área de Vorkuta que al mes siguiente se saldaría con miles de presos masacrados. En su nuevo destino los presos debían talar árboles destinados al servicio de la mina, pero a causa de su estado morían como moscas, incapaces ya de realizar ese esfuerzo. El hambre era tan atroz que se comían hasta la hierba de los campos. Aún peores resultarían ser las faenas de reparación de una tubería, que tendrían que realizar en pleno mes de febrero, con agua a la cintura y completamente desnudos para mantener secos los andrajos que les cubrían. Una pelagra generalizada le enviaría de nuevo al hospital prácticamente desahuciado. Esta vez le debería la vida al doctor Pechanikov, al que conocía de su paso por la cárcel moscovita de Butiskaya, y al jefe del campo, un déspota que le tomó aprecio y le destinó a un taller de vulcanización donde las condiciones de vida eran infinitamente mejores.
Cinco años después, el 29 de enero de 1948, se le comunicó que el Soviet Supremo le había indultado, una magnífica noticia si se obviaba el hecho de que nunca había cometido ninguna clase de delito. La notificación iba acompañada de una orden de destierro forzoso a la ciudad de Samarcanda (Uzbekistán), en el Asia Central. Aunque tenía que pagarse de su propio bolsillo el larguísimo viaje en tren de 7.500 kilómetros y no disponía del más mínimo recurso económico, descubrió que comunicando a la policía en cada escala de su trayecto su condición de desterrado eran los mismos agentes quienes se encargaban de meterle en el primer tren que continuaba viaje.
En Uzbekistán nadie se atrevió a darle trabajo por su condición de deportado y se vio forzado a dormir en una alcantarilla bajo las vías férreas, sobreviviendo de pedir limosna junto a un joven iraní al que conoció en las calles. De vez en cuando los campesinos les proporcionaban algunos alimentos. Juntos comenzaron a planear su fuga a Irán, pese a que sospechaban -como así era- que los servicios de información no le perdían de vista. La idea consistía en hacerse con un avión en el aeródromo del río Sarasans para volar hasta aquel país. Se pusieron en marcha la noche del 10 al 11 enero de 1950, para encontrarse con la sorpresa de que los aparatos carecían de combustible. Pocos días después, Vicente recibió la noticia de que la Cruz Roja le citaba en Moscú porque sus familiares le reclamaban desde Francia. Por desgracia, al poco de llegar a la capital rusa una joven con la que había intimado y que trabajaba para los servicios secretos -pero que le había tomado sincero cariño- le advirtió muy seriamente de que debía andarse con cuidado.
Tal y como se temía, el 20 de abril de 1950 fue detenido a la salida de un teatro y acusado de espionaje por haber conversado con un ciudadano norteamericano en el patio de butacas. En la cárcel de Sujanovska las palizas fueron terribles y sus interrogadores le incomunicaron durante días en un “calabozo de saco” de 60 centímetros de lado con el fin de obligarle a firmar una declaración autoinculpatoria. Por fin, quebrada su resistencia física y moral, acabó por firmar, sin siquiera leerla, una falsa confesión de 246 páginas. El 28 de diciembre fue condenado a otros 10 años de prisión sin que mediase juicio alguno. Por suerte, entrado el mes de enero fue enviado a una fábrica secreta de los alrededores de Moscú donde las condiciones eran bastante buenas y donde se encontró con otros dos españoles, Francisco Ramón Molina y Juan Blasco Cobo, en su misma situación.
Dos años después la noticia de la muerte de Josip Vassiliovitch “Stalin” llenaría de gozo a la plantilla mixta de esclavos y hombres libres y sería abiertamente celebrada. Sin embargo sus penalidades no habían terminado junto con la vida del dictador: Vicente Monclús, uno de los primeros españoles que habían ido a parar a los campos de concentración soviéticos, iba a ser también el último en abandonarlos.
En abril de 1955 fue trasladado al complejo de Mordova, más exactamente al campo nº 11 de los 43 que lo componían, y que aglutinaban a unos 150.000 presos procedentes de multitud de naciones. El 6 de enero de 1956 fue trasladado a la prisión de la Lubianka, en Moscú, donde un juez le confirmó que tras su detención en 1940 los comunistas españoles habían solicitado varias veces que los ocho jóvenes pilotos fueran ejecutados. Allí permanecería hasta que el 23 de marzo de 1956 el Tribunal Militar del Consejo Supremo de la URSS reconociera lo injusto de su persecución legal. Una vez en libertad aún sería enviado durante siete meses a Dniepropetrovsk, donde trabajaría en una fábrica en la que prestaban servicios tres exiliados españoles. Pero ni siquiera entonces le dejarían en paz, pues los comunistas hispanos residentes en la ciudad le hostigarían hasta que finalmente, recuperado el contacto con sus hermanos, en noviembre de 1956 abandonase para siempre la Unión Soviética camino de París, dieciséis años después de haber sido encarcelado por el simple delito de pretender abandonar la URSS para vivir su vida en otro lugar y de un modo diferente. Tres años después, ya establecido en la Argentina de forma definitiva, daría a la imprenta un relato autobiográfico-18 años en la URSS- que constituye, amén de un vibrante testimonio de sus sufrimientos en los campos, un demoledor alegato contra la despiadada sinrazón del estalinismo, capaz de destruir la vida de los más firmes militantes antifascistas por el único crimen de discrepar con sus métodos autoritarios.