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domingo, 7 de julio de 2013

"El emplazamiento de La Pirenaica era un secreto dentro del propio PCE"

  Estudios de Radio España Independiente Estación Pirenaica
 En funcionamiento desde 1941 hasta 1977
Capellín fue una de las últimas locutoras de Radio Pirenaica, una emisora nacida para radiar propaganda comunista a la España franquista

Diagonal Asturies - Diego Díaz Redacción Asturies 02/07/13
La antropóloga María José Capellín es una de las promotoras en Asturies de Miaportacion.org, “un proyecto sin ánimo de lucro que pretende comunicar y cubrir las pequeñas necesidades de personas en situación socioeconómica desfavorable a través de entidades sociales”. Directora de la Escuela de Trabajo Social de Xixón, Capellín fue una de las últimas locutoras de Radio España Independiente, la Pirenaica, la legendaria emisora nacida en 1941 en la Unión Soviética, en plena Guerra Mundial, para radiar propaganda comunista a la España franquista, entonces aliada de la Alemania nazi. Trasladada posteriormente a Rumanía, REI fue durante la larga noche del franquismo, la voz clandestina de la lucha por la democracia.
¿Cómo se produce tu fichaje por la Pirenaica? 
Inicialmente sólo me propusieron ir a la escuela de cuadros del PCE, que estaba en Rumanía. Éramos 50 personas de toda España conviviendo en un chalet durante 6 meses, con muchas medidas de seguridad y un ambiente bastante claustrofóbico.
¿Qué formación se recibía en la escuela?
Historia, filosofía, economía, pero también cuestiones prácticas, como técnicas clandestinas y militares.
¿Técnicas militares?
Acababa de producirse el golpe de Pinochet y el PCE temía la posibilidad de que el proceso de transición democrática se produjese un movimiento por parte de los elementos militares más reaccionarios. Aprendimos a protegernos de un ataque militar, cómo escondernos en caso de que los tanques saliesen a la calle o si la extrema derecha nos agredía.
¿ Es entonces cuando entras en la emisora?
Sí. El emplazamiento de la emisora era un secreto para la militancia, así que me enteré de que realmente la Pirenaica estaba en Rumanía en ese momento. La emisora había quedado un tanto anticuada y necesitaban gente joven para revitalizarla.
¿Cómo era el trabajo cotidiano en la radio?
Trabajábamos en un chalet de Bucarest de forma clandestina ya que nadie podía saber que allí estaba la emisora, porque Ceaucescu al mismo tiempo que apoyaba al PCE mantenía relaciones diplomáticas y comerciales con Franco que no quería echar a perder. En la radio recibíamos los teletipos de las agencias de noticias, la prensa y las revistas españolas, las cartas de los corresponsales y las llamadas telefónicas a través del partido en París, lo cual permitía una gran agilidad a la hora de dar las noticias. Algo que la Pirenaica no había tenido en los primeros años del franquismo, cuando las conexiones con el interior eran muy difíciles. El equipo humano era impresionante. Trabajabas con gente que había vivido la República, la Guerra Civil, la Segunda Guerra Mundial, que habían conocido personalmente a gente de la que tú sabías por los libros de historia, que contaban con un gran sentido del humor aventuras de la Revolución del 34, de la Guerra Civil, las penalidades de la cárcel o cotilleos de las figuras legendarias del movimiento comunista
¿Y la vida en Rumanía?
Agradecíamos mucho al régimen su solidaridad, pero al mismo tiempo nos dábamos cuenta de que ése no era el modelo de socialismo al que aspirábamos. Claro está, tenía cosas positivas como la sanidad, que era buena y eficiente, o la vivienda que proporcionaba a la gente una casa, pagando al Estado en función de sus ingresos, pero luego había cosas que funcionaban fatal, como por ejemplo el comercio, donde había una gran escasez. Constantemente había colas para todo. Cuando se probó a introducir incentivos para estimular el desarrollo económico la cosa funcionó bien, pero el Gobierno terminó suprimiéndolo por razones puramente ideológicas
La Pirenaica luchaba contra la dictadura franquista pero al mismo tiempo era amparada en Rumanía por Ceaucescu... 
La situación era peculiar. Aunque se trataba de una dictadura, al mismo tiempo la gente criticaba al Gobierno abiertamente en una tienda o en la calle sin conocerte de nada. No existía el miedo de España. En Rumanía había pocos comunistas, pero entre la gente de origen popular estaba bastante arraigada la idea de que pese a la corrupción era un sistema socialmente más justo que el capitalismo. Luego, en los 80, el Estado se volvería más represivo e impopular.
En junio de 1977 REI cesa sus emisiones, ¿la radio no tenía sentido en democracia? 

En mi opinión no, aunque había quienes querían seguir con ella. La gente mayor había idealizado desde el exilio a España y el retorno para ellos fue muy duro, porque ya ni encajaban en el país ni tampoco lo hacían en el partido. Estoy convencida de que a pesar de que los resultados electorales del PCE fueron frustrantes, mucho de aquello por lo que pelearon los comunistas se consiguió, desde las libertades a los derechos sociales básicos. Pero aún así, para quienes habían sufrido mucho, el esfuerzo fue tan duro que a nivel individual era muy difícil que lo conseguido pudiera compensar ese sacrificio tan enorme.

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