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domingo, 1 de diciembre de 2013

Las cenizas de Olga Nin

El largo viaje de una revolucionaria 
Pepe Gutiérrez-Álvarez
Publicado en VIENTO SUR, 11 de julio de 2013 y La Fundación Andreu Nin

El homenaje a Andreu Nin en el Parlament (17/06/2013), nos ha hecho olvidar que, justamente el día antes, tuvo lugar en El Vendrell otro acto simbólico: el entierro de las cenizas de Olga Tereeva Pavlova (1900-1980), segunda esposa de Nin, que había expresado este deseo en sus últimas voluntades. Fue un acto organizado por la Fundació Andreu Nin (FAN) en colaboración con el colectivo La Trinchera, afiliado a la CUP. Hablaron diversos componentes de la Fundació Andreu Nin, en particular Andy Durgan, que efectuó un trazo biográfico de Olga, así como Martí Carnicer, alcalde de El Vendrell, que había facilitado unos trámites legales que el gobierno convergente anterior tenía paralizados. Al final, se cantó la Internacional y el Cant dels Ocells, de Pau Casals, nacido igualmente en el Vendrell (en 1876), y que llamaba a Nin, “l’Andreuet”.

No se sabe mucho de Olga Tereeva Pavlova (Moscú, 1900-Nueva york, 1980), aparte de que fue bailarina, que era militante bolchevique en el soviet de Moscú y oficinista de la Internacional Sindical Roja, los dos ámbitos en los que coincidió con Nin. Ambos contrajeron matrimonio el año 1922 en Moscú. En 1923, Olga tuvo un triple parto, del cual sobrevivieron dos hijas, Ira y Nora. Al año siguiente tuvo otra hija, igualmente fallecida, mientras Nin permanecía encarcelado en París por sus actividades.

Según parece, cuando la maquinaria estaliniana no la quería dejar marchar con Nin, Olga amenazó a matar a las niñas y a ella misma, forzando de esta manera su marcha y el encuentro en la frontera con su compañero. Entonces tuvieron que volver a casarse en Lituania, ya que este país no reconoció su boda en la URSS. Al llegar a Barcelona en 1930, Nin comentó en una entrevista de la revista Imatges que quería tanto a su mujer que se había casado con ella dos veces

Se sabe que Olga hablaba varias idiomas –acabó hablando el catalán correctamente, aunque con un “acento horrible”, según testimonio de María Nin– y que dominaba la lengua rusa, una capacidad en absoluto ajena a las admiradas traducciones de Andreu Nin. Ésta fue .una indicación de Ricardo San Vicente, niño español nacido en Rusia y actualmente reconocido traductor de obras tan importantes como los Relatos de Kolimá, de Varlam Shalamov, sobre la que trató a fondo en una conferencia en la Biblioteca Andreu Nin-Gótico; Ricardo vino a decir que Nin jugó con ventaja en este aspecto. Aunque se daba por supuesto que dicha colaboración existió, nunca había sido señalada.

De alguna manera, esta contribución fue también reconocida por la propia editorial Proa que, al cabo de los años, ya en pleno franquismo, aceptó .la petición de Olga de una remuneración simbólica añadida a la que ya había pagado en su momento, porque reconocían que las traducciones de Nin del ruso al catalán eran obras maestras. /1

Olga había sido militante y era una mujer combativa. Durante la guerra civil formó parte del Secretariado Femenino del POUM. Por eso resulta bastante verosímil la descripción del novelista Juan Carlos Arce, en su obra La noche desnuda (Ed. B, Barcelona, 2008), que evoca una airada intromisión de Olga en el despacho de Andrei Lozovski, principal responsable de la ISR y finalmente sometido a la camarilla estalinista, para exigirle que intercediera a favor del regreso de Nin a España. Después de permanecer durante años en un discreto segundo plano, Olga lideró de alguna manera la movilización de las mujeres poumistas contra la desaparición de Nin y todo lo que le siguió. Olga mantuvo dos tensas entrevistas con el ministro de justicia, Manuel Irujo, y firmó dos atestados de denuncia en los que decía: “en calidad de compañera de Andrés Nin he de denunciar al Juzgado algunos hechos de los que ha sido víctima mi esposo y que presentan la figura de delitos, de los más gravemente sancionados por el Código Penal. Andrés Nin fue detenido el 16 del pasado mes de junio, cuando se hallaba en sudespacho del Comité Ejecutivo del Partido Obrero de Unificación Marxista, instalado en la Rambla de los Estudios. Fue trasladado seguidamente a la Comisaría general de Orden Público, de donde, al cabo de unas horas, fue sacado en automóvil, con destino y dirección desconocidos...”

En otro párrafo dice: “En esta denuncia queremos hacer abstracción del aspecto político de la cuestión, que en su día juzgará y sancionará el proletariado, este aspecto político nos llevaría sin duda a poner de relieve la monstruosidad de que un partido, amparándose en los instrumentos de poder que están en sus manos, detenga yhaga desaparecer a un dirigente obrero, tal como se hizo con Karl Liebknecht, Rosa Luxemburgo y Giacomo Matteotti…”

Esta fue una lucha desesperada, ya que Olga era consciente del proceder de los agentes de Stalin: se trataba de convertir a Nin en un rehén, para que denunciara a su partido a la manera de los procesos de Moscú; en el momento en que esto no pudo ser, la suerte de Nin estaba echada.

Al final de la guerra, Olga y sus dos hijas, siguieron el destino de tantos otros exiliados. Vivieron durante un tiempo en México, un pasaje del que queda una fotografía para la historia: la que reúne a sus hijos con los hijos de Ignace Reiss y Elizabeth Porestki, la autora de Nuestra propia gente (que aquí editó ZYX en 1972 con prólogo de León Trotsky). Todavía al principio de los años cuarenta, Olga mantuvo correspondencia con su suegra, Antonia Pérez, campesina a la que María Nin describe como una mujer entrañable, bromista y bastante ingenua, como evidencia el hecho de que después de acabar la guerra, se hacía eco de comentarios sobre que su hijo igual estaba encarcelado en la Modelo. En Barcelona, la vida del grupo familiar había transcurrió en un tramo barcelonés relativamente reducido: Olga y Andreu vivían en la calle Rosellón 168; la madre de Nin en el Guinardó; otra parte de la familia, en la avenida Gaudí.

Entre los diversos detalles que ofreció Andy Durgan en el acto de El Vendrell, hay uno especialmente curioso: en el certificado de su fallecimiento (22/12/80, fecha de su cremación) consta el nombre de “Olga Nim” (con m) y no Tereeva Pavlova. Si añadimos a esto su clara voluntad de ser enterrada en este lugar, es evidente su rotunda identificación con su compañero mucho más allá de la muerte.

10 de julio de 2013


Notas

/1 Estos detalles y otros referidos a la vida cotidiana de la familia Nin, fueron expuestos por María Nin en el curso del acto de homenaje a Francesc Tosquillas, celebrado en el Museo Santa Mónica, del que existe una grabación distribuida por la Fundació Andreu Nin.

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